OYON: Agustín Novello, Beato...

Agustín Novello, Beato

Agustino, Mayo 19

Mateo de Termini nació en la primera mitad del Siglo XIII en Termini,
una villa de Sicilia, situación de la cual se deriva su nombre. Debido
a que esa villa perteneció a la Arquidiócesis de Palermo, algunas
veces este personaje es llamado también como Panormitano. El Breviario
se expresa de él en términos de quem Thermenses at Panormitani civem
suum esse dicunt. Al entrar a la religión cambió su nombre por el de
Agostino, y más tarde agregó el de Novello, un título sugerido por su
gran erudición y virtud.

Sus padres pertenecían a una familia noble que originalmente había
venido de Cataluña, España, lo educaron de manera cuidadosa y le
instruyeron en las ciencias conocidas. Primero la educación la recibió
en casa, y luego en la ciudad de Boloña, donde en sus estudios
consiguió altos honores especialmente en las ramas de ley civil y
canónica. Al regreso a su tierra nativa, tuvo muchas posiciones de
honor en la magistratura, realizando las tareas que imponían los
diferentes cargos con prudencia y exactitud, a tal grado, que el rey
de Sicilia, Manfredo, lo nombró como uno de sus asesores.

Fue de esta manera como acompañó al rey en su guerra contra Carlos de
Anjou, quien le disputaba a Manfredo su derecho a la corona de
Sicilia. En la batalla en la cual Manfredo fue muerto, el propio
Agostino quedó en el campo de batalla en medio de los cuerpos de otros
soldados. Permaneció inconsciente, pero después fue capaz de llegar a
casa, y desilusionado con el mundo y con lo efímero de la gloria
terrestre, se determinó a servir al Rey de Reyes, Jesucristo,
desdeñando todos los honores y dignidades del mundo, al seguir la
inspiración celestial.

Pidió ser admitido como hermano laico en la Orden de San Agustín, y
fue recibido en el Convento de Tuscana, donde vivió desconocido para
el mundo, lejos de su hogar y de su gente. Aquí se dedicó a los
ejercicios de piedad y vivó tranquilamente, hasta que un imprevisto
accidente le llevó de vuelta al mundo.

Lo que ocurrió fue que algunas propiedades que pertenecían al convento
fueron reclamadas como propias por un diestro e instruido abogado de
Siena, Giacomo Pallares. Agostino, en un documento escrito, defendió
los derechos de la hermandad. Pallares sospechó que debajo del hábito
de un hermano laico, se escondía quizá un jurista, de manera que le
indicó que deseaba verlo. Para su sorpresa, reconoció en el religioso
a su ex compañero de estudios de abogacía en la Universidad de Boloña,
Mateo di Termini.

Una vez que lo hubo reconocido, Pallares no perdió tiempo en hacerle
ver a los monjes a la persona y la preparación que tenían entre ellos.
Cuando el General de la Orden, Clemente de Osimo se enteró de esto,
hizo que Agostino, bajo los votos de obediencia, recibiera las Santas
Ordenes y lo nombró como uno de sus asociados. Agostino reformó las
Constituciones y coadyuvó a dar mayor esplendor a la Orden, de la cual
llegó a ser General, un cargo al cual después renunció para vivir en
retiro, dedicando así todo su tiempo al estudio, oración y penitencia.
Por esos medios alcanzó un alto grado de perfección.

Antes de esa etapa final, fue nombrado General por Nicolás IV, con el
cargo de Confesor y Gran Penitenciario. Una posición que aceptó en
nombre de la obediencia, y con tanta reticencia y protestas, dado que
se consideraba no merecedor de ello, que llegó a afectar visiblemente,
al Papa y a los Cardenales.

En su retiro del convento de San Leonardo, cerca de Siena, se dedicó a
la práctica de las virtudes propias del estado religioso, lo que llevó
en grado heroico, pero también consumido por un ardiente sentido de la
caridad. Debido a ello recolectó medios y fue capaz de prácticamente
reconstruir un excelente hospicio y hospital para los enfermos y
personas de avanzada edad, que no tenían medios para cuidar de si
mismos durante los períodos de enfermedad, ni tenían un lugar para
pasar sus últimos días.

Muchos milagros se han conseguido por medio de la intersección del
Bendito Agostino, los que fueron confirmados y autenticados. Clemente
XIII solemnemente lo beatificó, y Clemente XIV autorizó su culto el 23
de julio de 1770.