NOTAS BIOGRAFICAS DEL GENERAL MONTOYA
Es para nosotros un deber que conceptuamos ineludible rendir tributo de respeto, admiracion y cariño al hombre que dos tercios de siglo lucho entusiasmadamente por la tradición y a ella consagro su existencia, unas veces en el campo de batalla y otras en el destierro, unos días empuñando las armas y otros sufriendo gozoso las privaciones que proporcionan los alejamientos de cuando el destierro acompaña la victoria.
A los que conocieron encanecido y veterano a Montoya, les asombro su vida excepcional puesta siempre al servicio de la causa Tradicionalista, no reparando nunca en sacrificios, no importándole nunca las penalidades, despreciando el peligro cuando lo había, buscando cuando parecía alejarse.
Murió a los 90 años. Puede decirse que casi por entero los dedico a la defensa del programa tradicional de España. Sintió de mozo entusiasmo y cariño por el ideal salvador y murió cuando la vejez se llevo la luz de sus ojos y el vigor de sus músculos, adorando la bandera que juro de niño y del que no deserto nunca, sin que sus amores se debilitaran ni un momento, sin que sus entusiasmos se entibiasen ante las contrariedades y los obstáculos.
Montoya es un resto de España que ya no existe. Era el veterano Carlista; una protesta viviente contra esos tiempos de indiferencia hacia lo que no sea bien material contra esta nación insensible al deshonor contra la España atrofiada por la revolución que ha inculcado su virus positivista matando ideales Santos que ennoblecían a los hombres y haciendo que en su lugar palpiten las emociones malsanas que nos han empequeñecido hasta el extremo de considerandosenos hoy con la quinta esencia del decaimiento.
Montoya despreciando el oro y la promesa tentadora que su enemigo político le hiciera para que arriase la bandera de encima de su "peñón" su Rey le mando defender, es algo excepcional algo inconcebible que aria asomar al rostro de muchos, si es que la vergüenza no se hubiera alejado de este suelo acompañando a la gloria que se aparto hace mucho de nosotros.
Solo, sin elementos que oponerse al movimiento de avance de un ejercito poderoso y aguerrido, convencido de que sus esfuerzos serian inutiles a la defensa de su amada causa, porque algunos jefes de " Altura"traidores a su bandera, la habian vendido; sin otro amparo que las escarpaduras de la sierra y un puñado de valientes, que eran soldados leales como el Caudillo, rechazo indignado la propuesta halagadora y dijo que sostendria tremolante el Pendon hasta que no tuviese un cartucho ni un trozo de pan.
El Picacho de Lapoblacion (Navarra), que se lebanta arrogante sobre la plana tierra Riojana, es monumento alzado por Dios para perpetuar para perpetuar la memoria de un soldado leal, de un modelo de Capitanes, de un esforzado campeon de de la causa de la tradicion Española.
El Peñascal se lebanta al sur de nuestra provincia, es para lops Carlistas como faro de guia y marca el camino de la gloria. El nos dice en su ciclopea masa que hubo un Montoya que no quiso manchar su historia de leal soldado con la tradicion, aunque con esta le ofrecieran el oro a montones.
El alma bien templada de Montoya jamas sintió decaimientos y hasta la hora de morir, cuando la decrepitud le había reducido a la inercia cuando sin vista, sin oído, sin apenas poder mover los pies, legaba a su cerebro un recuerdo o una esperanza, sentía renacer su vida, le parecía que su sangre aumentaba en raudales que le daban lozanía que sus ojos salían de la obscuridad eterna a que estaban condenados, que su materia en paralelismo brioso con su alma y se transformaba brevemente para volver a su situación resignada y humilde en cuanto pasaba el relámpago de la vida.
Pobre Montoya. Bien merece que los Carlistas Alaveses le dediquemos recuerdo de cariño, de oraciones salidas del alma, para que Dios conceda dicha eterna a quien tanto combatió contra los enemigos de la España Tradicional, de la que pone en su lema primero a Dios, de la que tiene un jefe Augusto que sobre la corona lleva la Cruz.
Es para nosotros un deber que conceptuamos ineludible rendir tributo de respeto, admiracion y cariño al hombre que dos tercios de siglo lucho entusiasmadamente por la tradición y a ella consagro su existencia, unas veces en el campo de batalla y otras en el destierro, unos días empuñando las armas y otros sufriendo gozoso las privaciones que proporcionan los alejamientos de cuando el destierro acompaña la victoria.
A los que conocieron encanecido y veterano a Montoya, les asombro su vida excepcional puesta siempre al servicio de la causa Tradicionalista, no reparando nunca en sacrificios, no importándole nunca las penalidades, despreciando el peligro cuando lo había, buscando cuando parecía alejarse.
Murió a los 90 años. Puede decirse que casi por entero los dedico a la defensa del programa tradicional de España. Sintió de mozo entusiasmo y cariño por el ideal salvador y murió cuando la vejez se llevo la luz de sus ojos y el vigor de sus músculos, adorando la bandera que juro de niño y del que no deserto nunca, sin que sus amores se debilitaran ni un momento, sin que sus entusiasmos se entibiasen ante las contrariedades y los obstáculos.
Montoya es un resto de España que ya no existe. Era el veterano Carlista; una protesta viviente contra esos tiempos de indiferencia hacia lo que no sea bien material contra esta nación insensible al deshonor contra la España atrofiada por la revolución que ha inculcado su virus positivista matando ideales Santos que ennoblecían a los hombres y haciendo que en su lugar palpiten las emociones malsanas que nos han empequeñecido hasta el extremo de considerandosenos hoy con la quinta esencia del decaimiento.
Montoya despreciando el oro y la promesa tentadora que su enemigo político le hiciera para que arriase la bandera de encima de su "peñón" su Rey le mando defender, es algo excepcional algo inconcebible que aria asomar al rostro de muchos, si es que la vergüenza no se hubiera alejado de este suelo acompañando a la gloria que se aparto hace mucho de nosotros.
Solo, sin elementos que oponerse al movimiento de avance de un ejercito poderoso y aguerrido, convencido de que sus esfuerzos serian inutiles a la defensa de su amada causa, porque algunos jefes de " Altura"traidores a su bandera, la habian vendido; sin otro amparo que las escarpaduras de la sierra y un puñado de valientes, que eran soldados leales como el Caudillo, rechazo indignado la propuesta halagadora y dijo que sostendria tremolante el Pendon hasta que no tuviese un cartucho ni un trozo de pan.
El Picacho de Lapoblacion (Navarra), que se lebanta arrogante sobre la plana tierra Riojana, es monumento alzado por Dios para perpetuar para perpetuar la memoria de un soldado leal, de un modelo de Capitanes, de un esforzado campeon de de la causa de la tradicion Española.
El Peñascal se lebanta al sur de nuestra provincia, es para lops Carlistas como faro de guia y marca el camino de la gloria. El nos dice en su ciclopea masa que hubo un Montoya que no quiso manchar su historia de leal soldado con la tradicion, aunque con esta le ofrecieran el oro a montones.
El alma bien templada de Montoya jamas sintió decaimientos y hasta la hora de morir, cuando la decrepitud le había reducido a la inercia cuando sin vista, sin oído, sin apenas poder mover los pies, legaba a su cerebro un recuerdo o una esperanza, sentía renacer su vida, le parecía que su sangre aumentaba en raudales que le daban lozanía que sus ojos salían de la obscuridad eterna a que estaban condenados, que su materia en paralelismo brioso con su alma y se transformaba brevemente para volver a su situación resignada y humilde en cuanto pasaba el relámpago de la vida.
Pobre Montoya. Bien merece que los Carlistas Alaveses le dediquemos recuerdo de cariño, de oraciones salidas del alma, para que Dios conceda dicha eterna a quien tanto combatió contra los enemigos de la España Tradicional, de la que pone en su lema primero a Dios, de la que tiene un jefe Augusto que sobre la corona lleva la Cruz.