Leovigildo, que era muy suyo se cabreó muchísimo cuando su hijo Hermenegildo, un chaval
Ligero de cascos (un progre, vamos), le comunicó que se había convertido al catolicismo. Su
Regio padre, en lugar de ponerle las maletas en las
puertas de
palacio, decidió acabar con él. No porque fuera un asesino despiadado como Bush, sino porque el diálogo ecuménico no estaba por aquellos entonces demasiado desarrollado. Otro hijo de Leovigildo, Recaredo, acabó también convertido; pero, más prudente que su
... (ver texto completo)