Ya lo creo D. Jacinto que a mí me tocó pringar en la siega no con la hoz en la mano puesto que era muy pequeño entonces para tales menesteres pero acompañando a mis padres en aquellos días con el sol abrasador y mientras éllos surco tras surco terminaban con las fanegas sembradas, yo a la sombra de los pocos árboles que había, cuidaba que al puchero de garbanzos no le faltara ni fuego ni agua para que al medidía y una vez dejado el corte, aquellos estómagos hambrientos recuperaran las calorías que ... (ver texto completo)