“LA VIDA NO ES COMO ES… SINO COMO LA RECORDAMOS” 49. V Parte.
Continuación…
Si ayer empezábamos con el “salmorejo” que llevábamos con ausencia de pan y de jamón por supuesto, hoy vamos a descifrar el comentario que suscitó. Todos recordamos el “aguaillo” de nuestra tierra, sin ninguna nostalgia, todo lo contrario… hubo alguno de nosotros que alardeaba la miseria a los cuatro vientos con la que vivíamos, de nada nos sirvió decir una y otra vez que eso fueron tiempos pasados que nos sirvió para estimularnos frente a la pasividad y rutina de nuestros abuelos.
-Si es que nos veíamos como negro para coger un cacho de tomate en aquella agua manchada de aceite y vinagre, aseguraba.
-
Y no era eso lo malo- le contestábamos- sino que era vector de enfermedades, porque se agolpaban en medio las cucharas, salidas de bocas distintas.
- Pero saltaba un tercero diciendo e intentando poner paz a la conversación: Era lo que había.
Recordemos una vez más- por eso la “Vida no es como es…”- el activo comercio que hubo con San Vicente de eso fue testigo “La fuente Cerezo” lugar de tradicional parada, un camino ya difícil de recuperar porque el interés es mínimo; el que nosotros vendíamos pan y peces del río Salor… lo de los peces serían los inviernos más lluviosos y sus charcos más hondos… decimos nosotros, y nos traíamos a cambio frutas y hortalizas. Así que no era de extrañar de los escasos tomates que se echaba al “aguaillo”. Hasta mediado del siglo, sólo había una huerta, de cuyo nombre no es que no quisiera nombrarla… pero ahora no nos acordamos, ¡vaya memoria la nuestra!
Pero nosotros nos fuimos a ese lugar: “El rabo del Gato” hablar de gazpacho… que eso es otra cosa… sino intentar recuperar un tiempo prehistórico, el periodo Calcolítico en concreto: ¿qué representaba el grabado de un gato por aquellos entonces? (CONTINUARÁ) Si no volvemos a las vacaciones antes (Risas) SALUDOS.
Continuación…
Si ayer empezábamos con el “salmorejo” que llevábamos con ausencia de pan y de jamón por supuesto, hoy vamos a descifrar el comentario que suscitó. Todos recordamos el “aguaillo” de nuestra tierra, sin ninguna nostalgia, todo lo contrario… hubo alguno de nosotros que alardeaba la miseria a los cuatro vientos con la que vivíamos, de nada nos sirvió decir una y otra vez que eso fueron tiempos pasados que nos sirvió para estimularnos frente a la pasividad y rutina de nuestros abuelos.
-Si es que nos veíamos como negro para coger un cacho de tomate en aquella agua manchada de aceite y vinagre, aseguraba.
-
Y no era eso lo malo- le contestábamos- sino que era vector de enfermedades, porque se agolpaban en medio las cucharas, salidas de bocas distintas.
- Pero saltaba un tercero diciendo e intentando poner paz a la conversación: Era lo que había.
Recordemos una vez más- por eso la “Vida no es como es…”- el activo comercio que hubo con San Vicente de eso fue testigo “La fuente Cerezo” lugar de tradicional parada, un camino ya difícil de recuperar porque el interés es mínimo; el que nosotros vendíamos pan y peces del río Salor… lo de los peces serían los inviernos más lluviosos y sus charcos más hondos… decimos nosotros, y nos traíamos a cambio frutas y hortalizas. Así que no era de extrañar de los escasos tomates que se echaba al “aguaillo”. Hasta mediado del siglo, sólo había una huerta, de cuyo nombre no es que no quisiera nombrarla… pero ahora no nos acordamos, ¡vaya memoria la nuestra!
Pero nosotros nos fuimos a ese lugar: “El rabo del Gato” hablar de gazpacho… que eso es otra cosa… sino intentar recuperar un tiempo prehistórico, el periodo Calcolítico en concreto: ¿qué representaba el grabado de un gato por aquellos entonces? (CONTINUARÁ) Si no volvemos a las vacaciones antes (Risas) SALUDOS.