El mundo necesita miel así como las plantas necesitan que ellas, las abejas, sobrevuelen los campos con su danza nupcial.
TEtn un día claro, ante los ojillos color miel de Jara Lavándula, pueden llegar a verse hasta cien colmenas formando un paraíso color miel. En un entorno de media montaña, junto al valle que rodea la población de Montánchez, o Trujillo...
Un día que amaneció níveo, cuajando el horizonte con el dulzor de las nubes, dos niños soñaron tener alas, no como la de los pájaros, sino como la de las abejas, Norberto y Alberto decidieron ir a buscar felicidad a un panal de rica miel. Rodeados de jara, romero, tomillo y cantueso, enamorados del silencio de la dehesa donde sólo se alcanza a escuchar el zumbido de las abejas. Sensibles por naturaleza los dos "niños bertos" descubren que hay lugares esplendentes en el mundo, únicos como Extremadura, donde se hicieron amigos de Jara y le contaron un sueño.
Su idea era abandonar los problemas que acarrea una ciudad y dedicarse a indagar la apasionante vida de las abejas. Esos bichitos que se pasan la vida picando de flor en flor recolectando el néctar de la vida. Bien, pues estos insectos benéficos para la perpetuación de la humanidad, resulta que están en peligro de extinción, existe un serio peligro para las abejas llamado "colapso de la colonia". Lejos de convertirse en salvadores de abejas, Alberto y Norberto, se pusieron manos a la obra y se dedicaron a fabricar miel.
En un lugar sin amenaza de pesticidas o contaminantes, Montánchez, Trujillo... pura naturaleza. Un lugar donde convertirse en apicultores y desentrañar los misterios de la colmena. Así nació "Miel La Campanilla" una inmensa fábrica al aire libre, la envidia de todos los niños al pasar.
Muchos ignoran que si las abejas decidieran hacer el zángano por unas horas, algunos cultivos como el de apios, manzanas o ciruelas, desaparecerían de la faz de la tierra. La miel no es un bonito tarro que adorna nuestras cocinas, es una corriente de vida y si me apuran, un nexo de unión con el futuro del planeta. Norberto y Alberto son felices explorando el enigmático mundo de estas recolectoras. Convirtieron el campo en su dulce laboratorio y experimentaron con los diversos frutos del bosque hasta conseguir la textura y densidad deseada: Miel La Campanilla, un capricho nacido en Extremadura.
El mundo necesita miel así como las plantas necesitan que ellas, las abejas, sobrevuelen los campos con su danza nupcial y extraigan el elixir de las flores. Norberto y Alberto desde entonces, se dedican a endulzarnos la vida y no dejarnos con LA MIEL EN LOS LABIOS.
TEtn un día claro, ante los ojillos color miel de Jara Lavándula, pueden llegar a verse hasta cien colmenas formando un paraíso color miel. En un entorno de media montaña, junto al valle que rodea la población de Montánchez, o Trujillo...
Un día que amaneció níveo, cuajando el horizonte con el dulzor de las nubes, dos niños soñaron tener alas, no como la de los pájaros, sino como la de las abejas, Norberto y Alberto decidieron ir a buscar felicidad a un panal de rica miel. Rodeados de jara, romero, tomillo y cantueso, enamorados del silencio de la dehesa donde sólo se alcanza a escuchar el zumbido de las abejas. Sensibles por naturaleza los dos "niños bertos" descubren que hay lugares esplendentes en el mundo, únicos como Extremadura, donde se hicieron amigos de Jara y le contaron un sueño.
Su idea era abandonar los problemas que acarrea una ciudad y dedicarse a indagar la apasionante vida de las abejas. Esos bichitos que se pasan la vida picando de flor en flor recolectando el néctar de la vida. Bien, pues estos insectos benéficos para la perpetuación de la humanidad, resulta que están en peligro de extinción, existe un serio peligro para las abejas llamado "colapso de la colonia". Lejos de convertirse en salvadores de abejas, Alberto y Norberto, se pusieron manos a la obra y se dedicaron a fabricar miel.
En un lugar sin amenaza de pesticidas o contaminantes, Montánchez, Trujillo... pura naturaleza. Un lugar donde convertirse en apicultores y desentrañar los misterios de la colmena. Así nació "Miel La Campanilla" una inmensa fábrica al aire libre, la envidia de todos los niños al pasar.
Muchos ignoran que si las abejas decidieran hacer el zángano por unas horas, algunos cultivos como el de apios, manzanas o ciruelas, desaparecerían de la faz de la tierra. La miel no es un bonito tarro que adorna nuestras cocinas, es una corriente de vida y si me apuran, un nexo de unión con el futuro del planeta. Norberto y Alberto son felices explorando el enigmático mundo de estas recolectoras. Convirtieron el campo en su dulce laboratorio y experimentaron con los diversos frutos del bosque hasta conseguir la textura y densidad deseada: Miel La Campanilla, un capricho nacido en Extremadura.
El mundo necesita miel así como las plantas necesitan que ellas, las abejas, sobrevuelen los campos con su danza nupcial y extraigan el elixir de las flores. Norberto y Alberto desde entonces, se dedican a endulzarnos la vida y no dejarnos con LA MIEL EN LOS LABIOS.