Consiste en el descenso por la montaña de un grupo de jóvenes que llevan una antorchas encendidas; en el pueblo los esperan los niños y las chicas, que los reciben y les ofrecen flores, tortas y vino. Después de la ofrenda de flores a la Virgen de Ribera, la gente se dirige a la plaza para bailar sardanas entorno a la hoguera. Hay también cabezudos y gigantes. La tradición de las fallas surge en los años 50, cuando la Pobla de Segur era centro económico y turístico de esta zona del Pirineo leridano