-San Atanasio, doctor, obispo de Alejandria, 373.
-San Antonino, arzobispo de Florencia.
-Santos Saturnino, Neópolo, Germán y Celestino, mártires, Roma.
-Santos Exuperio, Zoé, su mujer, Ciriaco y Teódulo, sus hijos, s. II.
-San Félix, diácono y mártir, Sevilla.
-Santos Videmial, Eugenio y Long ¡nos, obispos y mártires, Africa, 489.
-San Segundo, Avila, s. I.
-San Antonino, arzobispo de Florencia, 1459.
-San Germán, obispo y mártir de Amiéns (Francia), s. V.
-Santos Simplicio y Ambrosio, mártires, Cataluña.
-San Valentín, obispo de Génova, 325.
-Beata Mafalda, hija de Sancho I de Portugal y esposa de Enrique I de Castilla, monja en Arouca (Portugal), 1252. Muerto su marido, tomó el hábito cisterciense, distinguiéndose por su espíritu de oración, su amor al silencio, sus mortificaciones y sus milagros. Tenía una devoción especial a San Jerónimo, cuyo nombre le recordaba el terror de la trompeta del Juicio.
-Santa Guivorada o Weib-Rath, reclusa y mártir. Había nacido en el seno de una familia noble de Suabia, pero desde su juventud dejó todos los halagos del mundo para encerrarse en una celda cercana a la iglesia de la gran abadia de San Galo, en Suiza. Allí su vida fue rezar, leer, hilar, hacer hostias para las misas que se celebraban en el monasterio y repartir entre los que llamaban a la ventana de su encierro las limosnas que le daban sus devotos. Los mismos monjes iban con frecuencia a encomendarse en sus oraciones y a pedir sus consejos en las cosas de la vida espiritual. En 925, habiendo invadido los húngaros la región de San Galo, llegaron hasta la celda de la reclusa, y furiosos porque no pudieron robar nada en ella, se ensañaron contra la pobre penitente, quitándole la vida.
-San Antonino, arzobispo de Florencia.
-Santos Saturnino, Neópolo, Germán y Celestino, mártires, Roma.
-Santos Exuperio, Zoé, su mujer, Ciriaco y Teódulo, sus hijos, s. II.
-San Félix, diácono y mártir, Sevilla.
-Santos Videmial, Eugenio y Long ¡nos, obispos y mártires, Africa, 489.
-San Segundo, Avila, s. I.
-San Antonino, arzobispo de Florencia, 1459.
-San Germán, obispo y mártir de Amiéns (Francia), s. V.
-Santos Simplicio y Ambrosio, mártires, Cataluña.
-San Valentín, obispo de Génova, 325.
-Beata Mafalda, hija de Sancho I de Portugal y esposa de Enrique I de Castilla, monja en Arouca (Portugal), 1252. Muerto su marido, tomó el hábito cisterciense, distinguiéndose por su espíritu de oración, su amor al silencio, sus mortificaciones y sus milagros. Tenía una devoción especial a San Jerónimo, cuyo nombre le recordaba el terror de la trompeta del Juicio.
-Santa Guivorada o Weib-Rath, reclusa y mártir. Había nacido en el seno de una familia noble de Suabia, pero desde su juventud dejó todos los halagos del mundo para encerrarse en una celda cercana a la iglesia de la gran abadia de San Galo, en Suiza. Allí su vida fue rezar, leer, hilar, hacer hostias para las misas que se celebraban en el monasterio y repartir entre los que llamaban a la ventana de su encierro las limosnas que le daban sus devotos. Los mismos monjes iban con frecuencia a encomendarse en sus oraciones y a pedir sus consejos en las cosas de la vida espiritual. En 925, habiendo invadido los húngaros la región de San Galo, llegaron hasta la celda de la reclusa, y furiosos porque no pudieron robar nada en ella, se ensañaron contra la pobre penitente, quitándole la vida.