-San Apolonio, senador, apologista y mártir, Roma, 186.
-Santos Eleuterio, obispo, y Antila, mártir, Mesina, Sicilia, 130.
-San Corebo, mártir, Mesina, 130.
-San Calócero, mártir, Brescia, Italia; 119.
-San Perfecto, mártir, Córdoba, 850.
-San Galdino, obispo de Milán, 1176.
-San Amideo de Amideis, uno de los siete fundadores de la Orden de los Servitas, Monte Senario. Toscana, s. XIII.
-San Plácido, mártir, Einsiedeln, Suiza.
-Beato Juan de Epiro, modelo de obreros, Janinta, Albania, s. XV.
-Beato Andrés Hibernón, de la Orden de los Hermanos Menores de San Francisco y de San Pedro de Alcántara. Nacido en Alcantarilla, de Murcia, cumplió con toda perfección el ideal del lego franciscano. No leyó más que un solo libro, el de la Cruz, y en él aprendió cosas maravillosas. Muchos moriscos se convirtieron viéndole y escuchándole. El pueblo le miraba como a un profeta. Murió en Gandía, a la edad de ochenta y ocho años. 1602.
-Santos Eleuterio, obispo, y Antila, mártir, Mesina, Sicilia, 130.
-San Corebo, mártir, Mesina, 130.
-San Calócero, mártir, Brescia, Italia; 119.
-San Perfecto, mártir, Córdoba, 850.
-San Galdino, obispo de Milán, 1176.
-San Amideo de Amideis, uno de los siete fundadores de la Orden de los Servitas, Monte Senario. Toscana, s. XIII.
-San Plácido, mártir, Einsiedeln, Suiza.
-Beato Juan de Epiro, modelo de obreros, Janinta, Albania, s. XV.
-Beato Andrés Hibernón, de la Orden de los Hermanos Menores de San Francisco y de San Pedro de Alcántara. Nacido en Alcantarilla, de Murcia, cumplió con toda perfección el ideal del lego franciscano. No leyó más que un solo libro, el de la Cruz, y en él aprendió cosas maravillosas. Muchos moriscos se convirtieron viéndole y escuchándole. El pueblo le miraba como a un profeta. Murió en Gandía, a la edad de ochenta y ocho años. 1602.