5 DE ABRIL
-San Vicente Ferrer, 1419.
-Santa Irene (3 de abril), virgen, martirizada en Tesalónica por haber ocultado los libros santos, contra la prohibición de Diocleciano, 304.
-Cinco mártires que sufrieron en la isla de Lesbos durante la última persecución romana.
-San Zenón, mártir, desollado vivo, cubierto de pez y quemado.
-Santos mártires, degollados por Genserico, rey arriano de Cartago, cuando celebraban en la iglesia la solemnidad de la Pascua. Uno de ellos, lector, fue herido por una flecha en la garganta mientras cantaba el Alleluia, 559.
-Santa Catalina de Tomás, agustina, de Mallorca, 1574. Nació en Valldemosa. Huérfana en la más tierna edad, fue educada por un hermano de su madre, que la hizo pastorcilla. En el campo y bajo un laurel, levantó un altar a la Virgen, adornándole de flores y rodeándole de plegarias. Guardaba sus rebaños, y al mismo tiempo se abismaba en los éxtasis de la contemplación. A los dieciséis años entró en un conventó de agustinas de Palma, donde vivió siempre enferma y siempre extática. Nombrada superiora, renunció a la dignidad, muriendo cuando acababa de cumplir cuarenta años.
-Santa Juliana, 1193-1258. Nacida en una aldea cercana a Lieja; Juliana tomó el hábito cisterciense en el monasterio de Mont-Cornillon, que se alzaba en las puertas de la misma ciudad. Allí se pasaba los días ayunando; leyendo la Biblia, juntamente con las obras de San Bernardo y San Agustin, y meditando sobre el misterio de la Eucaristía. En sus meditaciones Dios le reveló que en la liturgia faltaba todavía una fiesta destinada a conmemorar el más grande de los misterios cristológicos. Desde entonces consagró toda su vida a la institución y propagación de la fiesta del Corpus, y tuvo el consuelo de verla aceptada en muchas iglesias antes que Urbano IV, en 1264, la extendiese a la Iglesia universal.
-San Vicente Ferrer, 1419.
-Santa Irene (3 de abril), virgen, martirizada en Tesalónica por haber ocultado los libros santos, contra la prohibición de Diocleciano, 304.
-Cinco mártires que sufrieron en la isla de Lesbos durante la última persecución romana.
-San Zenón, mártir, desollado vivo, cubierto de pez y quemado.
-Santos mártires, degollados por Genserico, rey arriano de Cartago, cuando celebraban en la iglesia la solemnidad de la Pascua. Uno de ellos, lector, fue herido por una flecha en la garganta mientras cantaba el Alleluia, 559.
-Santa Catalina de Tomás, agustina, de Mallorca, 1574. Nació en Valldemosa. Huérfana en la más tierna edad, fue educada por un hermano de su madre, que la hizo pastorcilla. En el campo y bajo un laurel, levantó un altar a la Virgen, adornándole de flores y rodeándole de plegarias. Guardaba sus rebaños, y al mismo tiempo se abismaba en los éxtasis de la contemplación. A los dieciséis años entró en un conventó de agustinas de Palma, donde vivió siempre enferma y siempre extática. Nombrada superiora, renunció a la dignidad, muriendo cuando acababa de cumplir cuarenta años.
-Santa Juliana, 1193-1258. Nacida en una aldea cercana a Lieja; Juliana tomó el hábito cisterciense en el monasterio de Mont-Cornillon, que se alzaba en las puertas de la misma ciudad. Allí se pasaba los días ayunando; leyendo la Biblia, juntamente con las obras de San Bernardo y San Agustin, y meditando sobre el misterio de la Eucaristía. En sus meditaciones Dios le reveló que en la liturgia faltaba todavía una fiesta destinada a conmemorar el más grande de los misterios cristológicos. Desde entonces consagró toda su vida a la institución y propagación de la fiesta del Corpus, y tuvo el consuelo de verla aceptada en muchas iglesias antes que Urbano IV, en 1264, la extendiese a la Iglesia universal.