MEMBRIO: Los "hombres de la pez" y los pellejos de Covarrubias...

Los "hombres de la pez" y los pellejos de Covarrubias
Singulares son los vecinos de Mayorga en su noche grande ataviados con ropas viejas y guantes, portando largos y pesados varales de los que cuelgan pellejos de vino. Curiosamente a los mayorganos les cuesta cada vez más encontrar talleres que realicen estas piezas. Actualmente traen pieles de cabrito de Covarrubias, en Burgos. Con mucho mimo las llenan de pez, las sacan aire y secan, las meten siete días en vino y las vuelven a secar, para tener a punto los pellejos el día de la procesión.
Durante esta jornada, tras la misa matinal y la procesión vespertina, alrededor de las cinco, los vecinos retornan a sus casas para cenar y sacar de los viejos arcones las ropas viejas. El momento más culminante de la fiesta se aproxima. A las diez y media el repique de las campanas, la música y los cohetes anuncian el comienzo de la procesión cívica El Vítor. Es, por ello, el momento de conmemorar la llegada de una de las reliquias del santo a Mayorga.
Todo Mayorga, ataviado con ropas viejas, sombreros de paja y guantes en las manos esperan la salida de El Vítor de la iglesia. Cada vecino porta largos varales de los que cuelgan pellejos de vino. Viejos pellejos de vino que, una vez prendidos comienzan a gotearla pez ardiente. En cada calle, la procesión realiza una parada, momento para bailar y cantar. Los pellejos esperan a que se queme uno de estos fuegos de cuyo interior sale la estampa de Santo Toribio y Santa Rosa de Lima. En este punto, los mayorganos se ponen de rodillas para cantar la salve. Terminados los fuegos, El Vítor se dirige al Ayuntamiento. Alrededor de las cinco de la madrugada se dirigen a la iglesia, apagan los pellejos encendidos y rinden el último homenaje del año a su santo. Es uno de los momentos más emocionantes. De la algarabia provocada por la música y el cante se pasa al silencio y, posteriormente a entonar la Salve y el Himno a Santo Toribio.