Cuenta la tradición que se apareció la imagen de la Virgen encima de una zarza que había en una cueva, de la que sólo destacaba la Cabeza. La cueva estaría dentro de lo que sería el casco urbano de la aldea de Palomares, perteneciente, por entonces, a las tierras de Huete. Hecho tan maravilloso conmovería, lógicamente, a aquellas sencillas gentes aldeanas, lo que significó para ellos como una llamada del Cielo para que se rindiese devoción a la Santa Madre. En el relato de la aparición no se señala a quién se le mostró. Lo cierto es que la cueva, donde tuvo lugar la aparición, según la creencia popular, existe y se encuentra lamiendo los muros de la edificación de la Ermita de Nuestra Señora de la Cabeza; es decir, que se levantó en el mismo lugar que se fija la aparición. ¿Fue ésta, acaso, la razón que movió al Licenciado Bartolomé López, clérigo, natural y vecino de Palomares a dejar su casa y sus bienes para la construcción de la Ermita?