Todos cambiamos cuando nos marchamos de ahí pero el pueblo, sus gentes, siguen igual. Estamos tan acostumbrados a respetar un lugar ideal donde poder proyectar nuestras ideas que no nos damos cuenta de que este también cambia, de que algún día pueda quedar abandonado y no pueda haber ningún albero para cualquier viandante. Así pues, el viandante se interna duramente a su casa, sube las escaleras, saluda respetuoso a sus padres, se pone el pijama y se acomoda en su cama. Torna su mirada hacia el pcl y comienza a escribir todas aquellas palabras que esta pequeña reflexión ofrece. Un mundo cambiante en todos sus aspectos aunque menos aquí y más allá. Los problemas siempre te perseguirán así como el viejo agricultor se levanta por la mañana para mirar el estado de sus olivos. Relax, relax y más relax, el pueblo no impide que esto esté a solo a muchos kilómetros de la gran ciudad, es entonces cuando nuestro viandante deja de pensar, apoya su cabeza en la almohada y espera su nuevo día, atento con perspicacia no se quedará nunca obsoleto por todo lo que le rodea, resistirá y aguardará feliz ese nuevo día. Siempre pensará en aquel refrán.
El tiempo y la paciencia transforman la hoja de la morera en seda.
El tiempo y la paciencia transforman la hoja de la morera en seda.