"DICIEMBRE ILUSIONA"
La brevedad de los días parece quedar compensada por una atmósfera más nítida, más intensa. Otra delicia de estos cortos e intensos momentos es la viveza de los anocheceres. Cae el sol con un dilatado repertorio de hogueras. Cada año más coloreadas, aunque, contradicción incalculable, esa belleza creciente se debe al lamentable incremento de la contaminación atmosférica que añade polvo, partículas y hasta venenos para la vida al aire que todos respiramos. Y al parecer, esas impurezas añaden color a los ocasos. Y, claro, cuesta aceptarlo.
No deja de resultar llamativo que llegue ahora la Navidad, que celebra un crucial nacimiento, y que en la Naturaleza todos los tiempos sean navideños porque siempre está naciendo algo. Sin ir más lejos, uno de nuestros pájaros más coloristas, el piquituerto, está incubando en las copas de los pinos, incluso con nieve sobre su espalda, y cebará pollos antes de que termine el año. Ahí están ya calentándose los huevos del búho real. Se esconde en la hojarasca la chocha perdiz y los camachuelos comen yemas de árboles. Comienza el celo de algunos mamíferos y de las aves de mayor tamaño, como nuestros buitres. Los gigantes alados de la fauna ibérica, con planeos sincrónicos, bien
de dos en dos, a veces en pequeños grupos, calientan el aire y la mirada. Es una escena con la más precisa coreografía de ballet que podamos imaginar. Pero diciembre marca su doble quehacer de término y partida con la presencia de algunas plantas que se atreven a fructificar generosamente, como los ruscos. espinos y, sobre todo, el acebo de nuestras montañas, que permite un aprovisionamiento de emergencia para las faunas sedentarias.
Aire mojado: Estaba volando el mar, ¡suelos en celo!
UN SALUDO PARA TODOS
La brevedad de los días parece quedar compensada por una atmósfera más nítida, más intensa. Otra delicia de estos cortos e intensos momentos es la viveza de los anocheceres. Cae el sol con un dilatado repertorio de hogueras. Cada año más coloreadas, aunque, contradicción incalculable, esa belleza creciente se debe al lamentable incremento de la contaminación atmosférica que añade polvo, partículas y hasta venenos para la vida al aire que todos respiramos. Y al parecer, esas impurezas añaden color a los ocasos. Y, claro, cuesta aceptarlo.
No deja de resultar llamativo que llegue ahora la Navidad, que celebra un crucial nacimiento, y que en la Naturaleza todos los tiempos sean navideños porque siempre está naciendo algo. Sin ir más lejos, uno de nuestros pájaros más coloristas, el piquituerto, está incubando en las copas de los pinos, incluso con nieve sobre su espalda, y cebará pollos antes de que termine el año. Ahí están ya calentándose los huevos del búho real. Se esconde en la hojarasca la chocha perdiz y los camachuelos comen yemas de árboles. Comienza el celo de algunos mamíferos y de las aves de mayor tamaño, como nuestros buitres. Los gigantes alados de la fauna ibérica, con planeos sincrónicos, bien
de dos en dos, a veces en pequeños grupos, calientan el aire y la mirada. Es una escena con la más precisa coreografía de ballet que podamos imaginar. Pero diciembre marca su doble quehacer de término y partida con la presencia de algunas plantas que se atreven a fructificar generosamente, como los ruscos. espinos y, sobre todo, el acebo de nuestras montañas, que permite un aprovisionamiento de emergencia para las faunas sedentarias.
Aire mojado: Estaba volando el mar, ¡suelos en celo!
UN SALUDO PARA TODOS