Mucho se ha dicho, mucho se ha escrito acerca de la igualdad: que si una sociedad más igualitaria; que si la constitución dice que todos los hombres son iguales; que en nuestro país existen niveles de desigualdad terribles, etc. Sin embargo, la igualdad que todos exigimos a quienes "se dicen ser portadores de la autoridad" dentro de las esferas gubernamentales, no es otra que el derecho que tenemos a la igualdad de oportunidades para desarrollarnos, para hacer cumplir en nosotros aquello para lo que desde nuestro nacimiento estábamos destinados a ser. Todos, absolutamente todos, sin excepción alguna, tenemos el derecho a la protección imparcial del estado; tenemos el derecho a que el estado jamás amenace nuestra integridad física, moral y espiritual. Lo que no se vale, lo que no es correcto, lo que conduce a la confusión, lo que atenta contra las leyes de la razón y de la equidad, lo que va contra la naturaleza de las cosas es pensar y creer que el hombre irresponsable, el hombre flojo e indolente, el hombre imprudente, el hombre dispendioso debe obtener los mismos satisfactores de la vida, a los que obtiene el hombre trabajador, el hombre responsable, el hombre previsor, el hombre ahorrativo y el hombre sabio.