“ ¡Y Tú, Belén Efratá, no eres ciertamente la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti saldrá el caudillo que regirá al pueblo de Israel!” (Mt 2.1-6)
Nuestra Señora de Belén con el Niño Dios en su regazo, bella imagen que nos evoca la Navidad
En el primer año de nuestra era, César Augusto, emperador de Roma, ordenó un censo general con el objeto de determinar la cantidad de habitantes que poblaban sus dominios, y así recaudar los impuestos. Por disposición de Quirino, gobernador de Siria, todo individuo que poblaba Judea debía regresar a su lugar de origen para ser registrado. San José, de la Casa Real de David, moraba en Nazareth cuando tomó a su esposa María, próxima a dar a luz, y se encaminó hacia Belén, su aldea de nacimiento, a efectos de cumplir la ordenanza.
Camino a Belén
Según la profecía de Miqueas, el Mesías que liberaría a Israel iba a nacer en Belén por lo que hasta el mismísimo Augusto, sin saberlo, obedecía al Señor.
El buen José tomó un burro y con su esposa a lomos del animal, se encaminó a su ciudad natal emprendiendo un viaje de 100 kilómetros, a través de desiertos y montañas. Es casi seguro que pasó por Jerusalén y se detuvo ahí antes de cubrir los ocho kilómetros que la separaban de Belén.
En la ciudad de David
No sabemos que ocurrió cuando la Sagrada Familia llegó a Belén. Obviamente había allí parientes de José, pero lo que nos dice el Evangelio es que no había sitio para alojarles y por ello se acomodaron en un pesebre ubicado en las periferias del poblado. Y allí, con la sola compañía de los animales, los sorprendió la noche.
Nuestra Señora de Belén con el Niño Dios en su regazo, bella imagen que nos evoca la Navidad
En el primer año de nuestra era, César Augusto, emperador de Roma, ordenó un censo general con el objeto de determinar la cantidad de habitantes que poblaban sus dominios, y así recaudar los impuestos. Por disposición de Quirino, gobernador de Siria, todo individuo que poblaba Judea debía regresar a su lugar de origen para ser registrado. San José, de la Casa Real de David, moraba en Nazareth cuando tomó a su esposa María, próxima a dar a luz, y se encaminó hacia Belén, su aldea de nacimiento, a efectos de cumplir la ordenanza.
Camino a Belén
Según la profecía de Miqueas, el Mesías que liberaría a Israel iba a nacer en Belén por lo que hasta el mismísimo Augusto, sin saberlo, obedecía al Señor.
El buen José tomó un burro y con su esposa a lomos del animal, se encaminó a su ciudad natal emprendiendo un viaje de 100 kilómetros, a través de desiertos y montañas. Es casi seguro que pasó por Jerusalén y se detuvo ahí antes de cubrir los ocho kilómetros que la separaban de Belén.
En la ciudad de David
No sabemos que ocurrió cuando la Sagrada Familia llegó a Belén. Obviamente había allí parientes de José, pero lo que nos dice el Evangelio es que no había sitio para alojarles y por ello se acomodaron en un pesebre ubicado en las periferias del poblado. Y allí, con la sola compañía de los animales, los sorprendió la noche.