Efectivamente, en esa época no había tractores en Membrío. Casi todos nuestros mayores trabajaban en el campo y en grandes esfuerzos era imprescindible la ayuda de los animales, en el quehacer diario de cada casa y, a veces en problemas que surgían en el pueblo y que había que solventar, recuerdo algún caso de mover rocas de gran tamaño y se rrecurría a yuntas de vacas o caballos. Normalmente se usaban yuntas de vacas, comentaban nuestros mayores que eran más disciplinadas, aguntaban más el sacrificio, y... eso que se dice ahora: trabajaban mejor en equipo. Los caballos eran más explosivos, más veloces, las vacas eran más lentas, más potentes. Aún recuerdo, por cercanía, yuntas de vacas que marcaron mi infancia, ante la dificultad de un gran esfuerzo bajaban juntas la cabeza y el yugo, apretaban las patas al suelo y... la carreta subia solita. ¡Ahi que son las dos, ahi que son las tres, no tengo paraguas y puede llover", canción clásica del pueblo, unas veces con los caballos y con las vacas, y otras veces en los bares. Pisaeras, va por tí y por todos los noctámbulos.