Querida Fortuna, cuando estuvimos en el salor haciendo las migas, por un momento pensé que sabías quien era.
Sabes que el cariño y el aprecio, también lo sentimos por vosoros. Por cierto cuidame al esposo (blanco, blanquísimo él), que menuda
primavera le espera. Besos.
¡Uy, que se me queman las patatas!