MEMBRIO: HOJA PARROQUIAL MEMBRíO 7 Mayo 2.006 Noº 11 BUEN...

HOJA PARROQUIAL
MEMBRíO
7 Mayo 2.006
Noº 11
BUEN COMIENZO PARA MAYO

Sí, el 1º de Mayo a las 11´30 de la mañana salíamos de la Iglesia en festiva procesión con la Cruz de Mayo floreada y en brazos de los niños, a recorrer el pueblo y bendecir los campos; luego los mayores quisieron turnarse con los niños y llevamos entre cariños y cánticos la Cruz embellecida.
Pasamos primero por la Residencia de San Rafael donde los mayores nos esperaban y compartimos con ellos unos minutos de oración y afecto. Y desde allí bendijimos los campos de oriente.
Seguimos en triunfo con la cruz y llegamos a la Residencia de noª Srª de Guadalupe, donde también todos los mayores nos esperaban con verdadera ilusión. Desde allí bendijimos los campos de occidente. Y vuelta a la Iglesia.
Por el camino, al llegar al Coso, nos encontramos con una representación muy linda de los Niños de Fátima que hablaban con la Virgen. Y allí entonamos aquello de “El 13 de Mayo”...
Llegamos a la Iglesia y celebramos la Misa de San José, pues era su fiesta. Y así estuvieron los tres unidos: Jesús, María Y José.
Fue de verdad un hermoso pórtico para comenzar el mes de la Virgen.
Ahora, como sabéis, diariamente tendremos “Las Flores” a la Virgen con el Santo Rosario antes de las Misas todos los días.
María nos ama y espera ayudarnos, pues sin Dios nada podemos.

Para más animarnos, os narraré un
HECHO HISTóRICO

Me vais a permitir que os lo copie:
Septiembre de 1.956. Un médico, su esposa y el hijo único paralítico de la derecha, avanzan por la carretera con la decisión de no parar en Lourdes.
Y hace revisar el motor y todo el coche, hasta tener la seguridad de que en una sola etapa podrá hacer la distancia Tarbes-Biarritz: ¡Ninguna detención en Lourdes!, es la consigna.
El coche vuela por las bien cuidadas carreteras francesas, hasta que inesperadamente se oye un ruido fuerte, y el vehículo queda detenido, a corta distancia de Lourdes.
Llamado rápidamente un mecánico, diagnostica una avería cuya reparación exigirá tres días como mínimo.
Entre los numerosos coches, que pasan por la carretera y ofrecen una ayuda inútil, está el del propietario de un hotel de primera clase en la misma ciudad de Lourdes, que, al fin, traslada al niño paralítico, sin molestia mayor, y a toda la familia, que queda acomodada en el mismo hotel.
Al día siguiente por la tarde, John el enfermito inglés, se encuentra repasando su álbum de sellos en el jardín del hotel, en su cochecito de inválido. Por la verja asoma una cara nueva: el hijo del cocinero, de la misma edad que John, que también se llama Juan (en francés, Jean), y que también tiene afición a los sellos:
-Hago colección, ¿sabes?, y un misionero de Ceilán me ha enviado uno precioso. Te lo puedo regalar, porque ya tenía otro igual...
Al anochecer aquel mismo día, el «petit Jean» sabe ya que su amigo, el inglesito, ha sido visitado por los mejores especialistas, que no han conseguido curarle.
Sabe también que no ha oído nada de las milagrosas curaciones que se realizan en la Gruta de Lourdes.
-¿Por qué no te llevan a la Gruta? La Virgen María cura allí a muchos enfermos...El corazón del niño rico, resignado hace tiempo a lo inevitable, se abre a una extraña esperanza. Pero... Creo que mi papá no querrá.
El segundo día, Jean apareció lo mismo que el anterior, con su amable sonrisa y su bien timbrada voz:
-¡Hola, John! ¿Ya dijiste a tu papá lo de ir a la Gruta? ¿Te llevarán allá?
-No. Mi papá dice que son supersticiones.
Un rato de silencio, mientras en la mente del hijo del cocinero bulle una travesura que le parece la cosa más buena del mundo:
-No te importe. Mañana muy temprano, yo te vengo a buscar con el carro que tiene mi padre para los recados de la cocina. Te llevo a la gruta con tus muletas, y para la hora de levantarse los demás, ya estamos de vuelta, sin que nadie se haya enterado. ¿Quieres? Además, al volver, en el carro sólo tendremos que traer las muletas.
El inglesito parpadea de gozo ante aquella huida clandestina, que tanto le encanta. Jean sigue tramando:
-Y de esto nada a tus padres, ¿eh? Pero, oye; allí hay que rezar. ¿Tú sabes rezar?
-No...
-Pues mira: toma este rosario y lo vas pasando por los dedos; las cuentas grandes dices tú solo: «Madre mía del cielo, cura a tu hijo de la tierra, el pequeño John». En las cuentas pequeñas, diremos los dos: «Ave, María, ruega por nosotros, pecadores», «Ave, María ruega por nosotros, pecadores». Lo puedes decir también en inglés que la Virgen entiende todos los idiomas. ¿Verdad que es muy fácil?
Y llegaron las siete de la mañana en aquella alborada fresca. Un carro de mano, empujado por un niño vivaracho va hacia la Gruta: y en el carro otro niño de aspecto algo triste con elegante pijama azul. Llegados a la Gruta, el pequeño John recita varías veces aquella sencilla súplica que le enseñara su amigo. Está emocionado, y casi tiene ganas de llorar.
Un sacerdote sale a celebrar la Misa. Los dos niños están de pie, contra la costumbre de John. Es que el francés le ha ayudado a bajar del carro, y ahora le ayuda a sostenerse. Al llegar a la consagración, se oye el bisbiseo de Jean: -Ahora hay que ponerse de rodillas. Anda, John, arrodíllate aquí, a mi lado. Y sin caer en la cuenta de lo que hacía, el enfermo se pone de rodillas, cosa que nunca había podido realizar en toda su vida.
Termina el Santo Sacrificio. Jean, como quien todo lo tenía previsto, dice con espontaneidad:
-Anda, John. Ahora pon aquí las muletas sobre el carro, para llevarlas a casa.
John se levanta, da un paso, otro, otro ... ¡Si ya puedo andar, Jean!
Y éste, como extrañado de la admiración de su amigo, le dice:-Pues ¡claro!, ya te lo decía yo.
Parece un relato arrancado de las antiguas Florecitas del dulce Hermano Francisco de Asís.
Los dos niños dirigen su mirada a la imagen de Nuestra Señora, y luego le lanzaron un beso con los dedos. Regresan al hotel por donde habían venido, mientras Jean le repite
-No digas nada, ¿eh? Verás que sorpresa...
Pero la sorpresa fue para ellos. El caballero inglés, con motivo de la marcha preparada para aquel mismo día, había querido llamar a su hijo antes de la hora acostumbrada. Y ¡se encontró con la cama vacía!. Su alarma fue de tal categoría, que todo el hotel estaba en conmoción, buscando a John.
Hasta que los dos fugitivos llegaron tranquilamente, después de haber dejado el carro junto a la puerta trasera del hotel.
Y el caballero inglés quedó atónito, al ver que su hijo venía en pijama .. ¡y andando sin muletas!

MISA POR EL CONSTRUCTOR DEL RETABLO

Se celebró la Santa Misa por el eterno descanso de de. Evaristo, con la asistencia de su Sra. Y familia. La celebró nuestro antiguo párroco de. Nicolás, que presidió y tuvo la homilía y en el altar otros dos sacerdotes, de. Juan José Constantino, del Opus Dei, que concelebró la Misa y quien esto escribe. Al inicio, en nombre de la parroquia leyó Manolo las palabras que ya se cooiaron antes en este lugar:

Dice el Apocalipsis:.