EL
TREN DE LA ROSA (in memoriam)
I
Creí haber conocido a la Rosa de los mundos, en una eterna
primavera. Pero, cuando fui a verla, estaba en un oscuro
jardín, preterida, donde se difuminan los perfumes. Me habían dicho de su sonrisa, de su eterna sonrisa. Y sí, allí estaba, sentada, con sus sedosos labios de comisura pétrea. Y allí, se convirtió en mi lacerante pena, con ese perfil de mustia cadavérica.
Cuando subí a su tren, pensé: “Estos
trenes no son lo que eran” No obstante, pregunté a mi
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