Buenas noches, Llobet. Efectivamente, tienes razón: mi madre siempre me decía que tenía sus mejores amigos/as en Saloríno, y era verdad, pero conmigo era como "machacar en hierro frío". En cualquier caso, las relaciones con las chicas siempre fue estupendo.
Las chicas eran nuestra perdición. Aquellos
paseos largos, y aquellos encuentros furtivos bajo el
puente de la recta antes de llegar.
Ja, ja, ja. Ya me pillas. Luego en
Madrid hubo un remate a esa jugada. ¿lo recuerdas? Ellas fueron (4) a
Santa Marina a
Carbajo y en su regreso a la capi, mordieron la Gran
Vía.