El paradigma de un campo desolado: “Solana de Abajo”
(17). Decir que es una soleada mañana abrileña, no tiene ningún merito. Decir, haciendo algo de memoria, resulta que todo ocurrió en pretérito pluscuamperfecto. Ni esperen a un José Antonio Labordeta, capaz de hacer con la aridez de terruño y la despoblación poesía… y menos cantar con maestría. Uno… ni hace cuando va al campo ninguna caminata ni algo que se le parezca para mantenerse en forma… ni siquiera para respirar aire puro, incluso ni
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(18). Nos cuentan que para obtener cuerdas para atar o coser de buena calidad, se medio enterraban gatos con la piel al reliento, se sacudían los pelos y se cortaba en tiras. Vamos a seguir que no llegamos a “Solana de Abajo”… pero nuestro impulso es inmediatamente detenido por una bola verde oscura sin llegar al marrón pardo de una bolsa de apariencia rodada, que Goyo nos dice que es un bejiño, que de no haberlo visto o reparado nunca enseguida en nuestra memoria asoma aquel memorable tratado de Bonifacio Guijo Frenedoso, que en 1867 editó su conocido trabajo: “Catálogo de las plantas medicinales que vegetan en Membrío, provincia de Cáceres”, en el que nos dice, que el bejiño es: “ Licoperdon Bavista “ (Hongo). Común y abundante en Clavería, Casillas y Benfayán, etc. Sobre todo en los puntos incultos y estériles, y suelen usarse cuando seco, para polvorear las escoriaciones y curar ciertas heridas de la caballerías”. Al parecer su crecimiento indicio o premonición de que cerca de otro común hongo como son las criadillas, están cercas. Otra identificación que añadimos a nuestra escasea experiencia: terreno pelado, arenoso y abierto cerca de la jara. Y es que nunca uno acaba de aprender… CONTINUARÁS. Saludos,
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