Todas aquellas sensaciones y descubrimientos fueron pasajeros. Los años fueron poco a poco dejando las cosas en su sitio y yo me dí cuenta que aquel no era mi lugar. Me dí cuenta que era extranjero y a pesar de que habían llegado muchos más españoles, el sol continuaba calentando poco y la intranquilidad por teneros tan lejos se me iba clavando como una astilla en el alma. Es cierto que nos veíamos una vez al año y que manteníamos correspondencia, pero esto no hacía más que aumentar mi nostalgia ... (ver texto completo)