El Alcalde que salga, así como su equipo de Gobierno, meten en el salón de su morada, simultáneamente, la caja de los truenos, rallos y centellas en el momento que sean elegidos. A partir de ese momento, el hogar de todos ellos se convierte en inhóspito y progresivamente, a medida que empiezan a hablar las maléficas lenguas, en insoportable. Las familias de todos ellos se quejarán de las injusticias que se escuchan en el pueblo y las conversaciones familiares se difuminarán para solo hablar de “política” ... (ver texto completo)