GRANADILLA: TOMÁS PALOMERO IGLESIAS...

TOMÁS PALOMERO IGLESIAS

Con una cierta socarronería, el semanario mirobrigense "Tierra Charra" le dedicaba al curandero de Casar de Palomero unos ripios que publicó en su segundo número que vió la luz el 23 de Octubre de 1927. Son los siguientes:

PELADILLAS

Prodigios del curandero de Casar de Palomero

La fama del curandero
de Casar de Palomero
corre, cual raudo ciclón,
por toda nuestra región.

Con sus dones y virtudes
asombra a las multitudes
y, según el tiempo pasa,
más gente acude a su casa
en busca de la receta
maravillosa y secreta
que por muy pocos reales
da fin de todos los males.

Es un «hacha» el curandero
de Casar de Palomero.

De aquí, de Ciudad Rodrigo,
es fácil hallar testigo
que acredite con fervor
la gracia de este señor.
Saber que este curandero
es adivino certero,
causa en esta población
asombrosa admiración.

A cualquier hora del día,
con certera puntería,
acierta lo que padece
todo el que ante él comparece.
Y así, el enfermo que ansioso
acude al hombre famoso,
sin explicar su dolencia,
halla remedio en la ciencia
del eximio curandero
que, como el mejor cubero,
con sólo mirarle un poco,
diagnostica: - ¡Usté está loco!
Y a fe que jamás erró
cuando su fallo soltó.

¡Es un hacha el curandero
de Casar de Palomero!

Dijo a una señora vieja
que, amante de sa pelleja,
fué, hace poco, a consultar,
después de hacerla pasar
y de tenerla cercana:
- ¡Usté tiene una almorrana!
Y la vieja dijo: - ¡Dos!
- ¡Espérese usté, ¡por Dios!
- replicó mal humorado-
tiene usté una... en cada lado...

Nunca marra el curandero
de Casar de Palomero.

El caso más portentoso
del curandero famoso,
en lo que toca a acertar,
fué esta historia singular:

Un señor de triste aspecto
y de rostro circunspecto
presentóse al curador,
el cual le dijo: -Señor:
lo de usted, es incurable
y si quiere que le hable...

- ¡Sí, señor, se lo suplico.

—Pues ahí va. Cierre usté el pico;
su mal es de orden moral.

— ¡No parece que va mal!

— Usted ni gasta ni peca;
pero... tiene una hipoteca
que es su agobio y su tortura
y eso... ni Cajal lo cura.

¡Qué sabio es el curandero
de Casar de Palomero!

Mil y mil casos citara
y en dos años no acabara
pues ya pasan de un millón
los milagros del varón
preclaro, que en el Casar
se ha dedicado a curar.

Ante tan grande portento
yo afirmo en este momento
que ya no es, después de Dios,
la gran casa de Quirós,
porque se ha puesto delante
el prodigio deslumbrante
del glorioso curandero
del Casar de Palomero.

Chanito