Un hospital, se me antoja, es como una cárcel en la que todos los presos fueran inocentes. Ayer, por cierto, estuve condenado a estar recluido durante un día en uno de ellos; nada importante, clacas, cosas de la edad: he cumplido hace ya tiempo 60 años y de vez en cuando toca pasar la iteuve. Pero un día –privado de vida plena- da mucho para pensar. Hoy, después de cumplida la pena y ya en libertad condicional por seis meses (dicho así parece el fallo invertido de una condena) quisiera volcar aquí ... (ver texto completo)