Esas cuitas, maría romero, las compartimos todas las personas que nos consideramos iguales: cada vez que uno oye, o percibe, o constata, que aún las mujeres deben esforzarse más, prepararse más y mejor, para conseguir los mismo que los hombres en el mundo laboral, por ejemplo, y luego resulta que las estadísticas -pertinazmente- indican que están peor compensadas salarialmente que aquellos, nosotros los hombres de buena voluntad nos debemos sentir mu mal. Igualmente, que haya empresas que cuando una mujer queda embarazada -pa que este mundo se perpetúe- se la señalice como un objetivo prioritario para "adelgazar" la estructura de la empresa, en vez de apoyar una verdadera conciliación familiar y laboral, los hombres hemos de sentirnos ridículamente torpes. Y cuando a una mujer se la pega, se la veja, se la arrumba en la casa, o se la ningunea porque no sigue la dictadura que impone un hombre: los otros hombres deberíamos sentirnos más mujer pa sé más iguales, y -así y todo- no es suficiente. Y para más inri, parece que las AA. PP. comienzan a escatimar gastos para remediar un poco todo esto y, si he leído bien, escatima incluso un lenguaje ajustado para rebautizar con eufemismos lo que es, lisa y llanamente, maltrato y violencia criminal de género: ESTO TIENE QUE CAMBIÁ, y lo tenemos que cambiá los hombres.
Saludos,
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