Él y su amigo, al parecer los dos del mismo pueblo, habían ido a Benidor a pasar la noche de fiesta. Normal, tenía veinticinco años. Seguramente habían estado viendo la final de la Copa del Rey y, por lo que se ve, le gustaba más el Barça. Ya se sabe, para gusto los colores. Luego seguirían su marcheta y, ya, siendo casi las cinco de la madrugada, en una céntrica calle de la ciudad, no se le ocurrió otra cosa que gritar ¡Visca el Barça!, e instantes después, sin venir a cuento, sin una palabra, sintió
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Se acabó lo que se daba. Hasta el año que viene.
Por cierto, ¿cuántos dioses hay?
-Uno solo, dijo un cristiano.....
-Uno solo, dijo un judío......
-Sólo un, el mahometano dijo........
Luego......., estamos de acuerdo ¿sí?, Quiero decir que todos pensamos lo mismo, sin dudas ni fisuras.
Y desde lo más alto de las atalayas de sus respectivos
castillos donde se hallaban parapetados, así es cómo me contestaron:
-De eso nada de nada monada, exclamó d. Roderico...........
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