Sólo la muerte de Piki ha trastocado esta noche estupenda en la que la primavera, en la primera de sus madrugadas, nos ha traído la lluvia: no sé cómo será de duradera, o de efímera, pero ahora es intensa y – como en el amor- hay que disfrutarla a placer y en profundidad. He salido a ver mis yedras, el cactus trichoncerus, los pensamientos, helechos y esparragueras, hortensias y cóleos, y cómo –sin boca- parecen estar entonando un ¡Gloria! a la Naturaleza por este alivio. Ojala persista y riegue
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Que simbiosis has formado entre la
lluvia y los jareros, tan distintos pero el hombre asociándose a la jara que gracias a esa lluvia revive, eran capaz de sacar el
pan para sobrevivir, bendito pan de nuestra infancia, con miel, aceite, chorizo o solo, que bueno y saludable, a estos hombres los recuerdo bien, ya que bien temprano por la mañana estaban de vuelta, algunos hasta con los pies descalzos, el
monte era su hábitat, después de descargar volvían otra vez a la
sierra para hacer el carbón, carbonilla
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