Para Dios, todo deseo nuestro es como una oración.
No hay dolor que el sueño no pueda vencer.
Cada pueblo tiene la ingenua convicción de ser la mejor ocurrencia de Dios.
Uno se acostumbra al dolor igual que a la vejez, a la vida, a una enfermedad, a un sanatorio o a una cárcel.
La conciencia es un soplo del espíritu de Dios, que reside en nosotros.
El dolor es para el alma un alimento fecundo.
El recuerdo de la felicidad ya no es felicidad; el recuerdo del dolor es todavía dolor.
Dios no nos impone jamás un deber sin darnos posibilidades y tiempo para cumplirlo.
El dolor reclama soledad.
El dolor que se calla es más doloroso.
El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir.
La dicha no es más que un sueño, y el dolor la realidad.
El hombre se acostumbra fácilmente al dolor. Es nuestra fuerza, por eso vivimos.
Bien poco enseñó la vida a quien no le enseñó a soportar el dolor.
Si Dios no es amor, no vale la pena que exista.
Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría.
Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como que no existe.
No te rías de las lágrimas de un niño. Todos los dolores son iguales.
El hombre a quien el dolor no educó siempre será un niño.
Dios se vale muchas veces de los débiles para abatir a los poderosos.
Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo.
Para Dios, todo deseo nuestro es como una oración.
Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios.
El único sentido de esta vida consiste en ayudar a establecer el reino de Dios.