El odio virulento y larvado hacia el prójimo es la expresión del dolor de uno mismo.
El que no sabe de nada no duda de nada.
No hay dolor que el sueño no pueda vencer.
Cuando se es amado, no se duda de nada. Cuando se ama se duda de todo.
Los más obstinados suelen ser los más equivocados, como todos los que no han aprendido a dudar.
Uno se acostumbra al dolor igual que a la vejez, a la vida, a una enfermedad, a un sanatorio o a una cárcel.
La duda: la escuela de la verdad.
El dolor es para el alma un alimento fecundo.
La duda es el principio de la sabiduría.
El recuerdo de la felicidad ya no es felicidad; el recuerdo del dolor es todavía dolor.
No se ha llegado al colmo del dolor cuando se tiene aún fuerza para quejarse.
El dolor reclama soledad.
Sin dolor no se forma el carácter; sin placer, el espíritu.
El dolor que se calla es más doloroso.
El dolor es siempre menos fuerte que la queja.
La dicha no es más que un sueño, y el dolor la realidad.
La corona real no quita el dolor de cabeza.
El hombre se acostumbra fácilmente al dolor. Es nuestra fuerza, por eso vivimos.
No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria.
El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.
Bien poco enseñó la vida a quien no le enseñó a soportar el dolor.
Sólo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente
Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría.
La alegría es la pena que se disimula, sobre la tierra no hay más que dolores.
No te rías de las lágrimas de un niño. Todos los dolores son iguales.
El verdadero dolor es el que se sufre sin testigos.
Dios se vale muchas veces de los débiles para abatir a los poderosos.
El odio virulento y larvado hacia el prójimo es la expresión del dolor de uno mismo.