Oír, ver y callar, para en paz estar.
Ojos que los vieron ir, no los verán volver.
Oír, ver y callar, para con nadie tropezar.
Ojos que bien se quieren, desde lejos se saludan.
Oír como quien oye llover.
Ojos hay, que de legañas se enamoran.
Oir cantar el gallo y no saber en que gallinero.
Ojos dulces y apacibles, pero hay cosas más tangibles.
Oír campanas y no saber dónde.
Ojos de lindo color, no por eso ven mejor.
Oir a todos, creer a pocos.
Ojos de extraños no alcanzan a ver los daños.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
Ojo que no ve, hombre que no cree.
Oigo mi gallo cantar, pero no sé en que corral.
Ojo por ojo, diente por diente.
Oiga señor cagón, le digo con disimulo, apunte bien ese culo, en la boca del cajón.
Ojo al parche.
Oigamos, pero no creamos hasta que lo veamos.
Ojo alerta con la moza y con la puerta.
Oídos que bien oyen, consejos encierran.
¡Ojo alerta con la moza y con la puerta!.
¡Oh!, Virgen del buen consejo, ayúdale al más pendejo.
Ojo al dinero, que es el amor verdadero.
¡Oh, si volasen las horas del pesar como las del placer suelen volar!.
Ojo al Cristo que es de plata.
¡Oh, falso amor, pocas veces das placer y muchas dolor!.
Ojo a gran salto, gran quebranto.
O cien varas de maíz, o cortarla de raíz.
O herrar, o quitar el banco.
Oír, ver y callar, son cosas de gran preciar.