Paraíso es, pero está muy emponzoñado.
Son los fértiles valles, donde mora
la grácil morena que me enamora,
y no teme ante el cruel encapuchado.
Dos pajilusos, han hincado hasta
las trancas en el barro sus dos patas,
y se atizan lampreazos en sus muy chatas
luces que, resoplan como una flauta.
... (ver texto completo)
Son los fértiles valles, donde mora
la grácil morena que me enamora,
y no teme ante el cruel encapuchado.
Dos pajilusos, han hincado hasta
las trancas en el barro sus dos patas,
y se atizan lampreazos en sus muy chatas
luces que, resoplan como una flauta.
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