Entretanto la
fuente sigue ahí, echando
agua por sus cuatro
caños, agua fresca y limpia, fuente de vida, sin clorar, coronada por esa mocita de turgentes pechos y bellas piernas que en una mano lleva o llevaba una rosa colorá y en la otra no me acuerdo qué y; esa agua, se la envia otro símbolo de la madre tierra que renace cada año, nada menos que María de Magdala, esposa y madre, La Madalena. Ahí siguen las dos, miradlas, viendo pasar el tiempo y derramando su agua para todos, sin darse importancia
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