Suele ser disparate, levantar la liebre para que otro la mate.
Sufro y callo, por el tiempo en que me hallo.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
También de dolor se canta, cuando llorar no se puede.
Tantos días que pasen de enero, tantos ajos que pierde el ajero.
Te asustado de la mortaja y te abrazos al difunto.
Te enseña a nadar y ahora me ahogas.