SAN PEDRO DE MERIDA: Te enseña a nadar y ahora me ahogas.

Suele ser disparate, levantar la liebre para que otro la mate.

Sufro y callo, por el tiempo en que me hallo.

Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.

También de dolor se canta, cuando llorar no se puede.

Tanto da el agua en la piedra que la quiebra.

Tantos días que pasen de enero, tantos ajos que pierde el ajero.

Te asustado de la mortaja y te abrazos al difunto.

Te enseña a nadar y ahora me ahogas.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
Tengo más sueño que una cesta de gaticos al lado de la invernadoiro.