Al albéitar, no le duele la carne de la bestia.
Al alcalde y a la doncella, no les diga nadie: Si yo quisiera.
Al alcornoque no hay palo que lo toque; menos la carrasca, que le casca.
A la leche, nada le eches; y debajo aunque sea cascajo.
A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile arde.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.