En los países de Occidente, la notación musical ha llegado a un gran nivel de precisión mientras que en otras culturas no se ha dado tanta importancia a este aspecto de la divulgación musical, sin que pueda afirmarse en absoluto que, por poseer una notación más precisa, la música occidental sea superior.
Durante muchos siglos la notación se ha adaptado a la comodidad de los autores y a las posibilidades de las voces o de los instrumentos, desde los neumas medievales a las partituras gráficas de la música electroacústica.
Los inicios de la escritura musical cabe situarlos en el afán de divulgar el canto gregoriano por todas las congregaciones del mundo cristiano y de preservarlo de influencias externas.
Pronto se implantó la línea horizontal como punto de referencia de la altura de las notas.
Inmediatamente apareció una segunda y una tercera líneas paralelas que, para diferenciarlas se optó por colorearlas.
Más tarde se destacó una de ellas marcándola con una letra que representaba la nota de referencia.
La técnica de utilizar letras para designar las no-tas, fue heredada de Grecia y todavía es utilizado en los países sajones y en los pueblos germánicos, que relacionan correlativamente las siete primeras letras del abecedario, de la A a la G, con los sonidos a partir de la nota la.
La solmisación, o el uso de esas conocidas sílabas para el solfeo, fue la aportación de Guido d'Arezzo.
Esas letras son la base de las claves.
El canto gregoriano aún se escribe en cuatro líneas y la universalización del uso del pentagrama llegó al final del Barroco.
El canto gregoriano aún se escribe en cuatro líneas y la universalización del uso del pentagrama llegó al final del Barroco.