Reservado el derecho de publicación de este libro, por Críspulo Cortés, con el regidtro nº7391-11 - 47755531-CRCC por tener depositado ante notario el manuscrito de esta obra.
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Introducción.
La persecución de los hombres por la iglesia en el largo periodo de la llamada inquisición, es sin tener ninguna duda, el tema que más páginas a generado en casi todos los literatos del mundo occidental que se hallaban obsesionados por manifestar al mundo, que el Estado del vaticano, quemó y torturo en las miles de plazas de los pueblos del mundo católico, (pero sobre todo en Europa y en América durante el siglo XV y hasta bien entrado el siglo XIX) a miles de hombres y mujeres. Todos ellos sufrieron como padeció el Mesías y María Magdalena ante la crucifixión romana.
Introducción.
La persecución de los hombres por la iglesia en el largo periodo de la llamada inquisición, es sin tener ninguna duda, el tema que más páginas a generado en casi todos los literatos del mundo occidental que se hallaban obsesionados por manifestar al mundo, que el Estado del vaticano, quemó y torturo en las miles de plazas de los pueblos del mundo católico, (pero sobre todo en Europa y en América durante el siglo XV y hasta bien entrado el siglo XIX) a miles de hombres y mujeres. Todos ellos sufrieron como padeció el Mesías y María Magdalena ante la crucifixión romana.
Unos sacerdotes crueles que ejecutan al hombre sin atisbos de piedad alguna, ni tener el debido respeto y compasión por la vida que les dio el mismo Dios que ellos defienden.
La expectación y el enorme interés que tenemos los hombres sobre este tema, se centran y se justifican sobre lo demás, por la enorme morbosidad que este tema ha suscitado entre los seres humanos y por una descripción minuciosa y detallada de sus brutales y sádicos procedimientos.
De todas formas no es conveniente exagerar toda la trascendencia que tiene una historia basada en unos tribunales tan represivos y crueles para sus propios ciudadanos y tampoco conseguimos comprender la pasividad de los habitantes de esas oscuras épocas, que son testigos y son los cómplices de millares de torturas y de viles asesinatos legales, sin revelarse ni levantarse en contra de tales ignominias.
¿Porque pudieron permanecer esos criminales tanto tiempo sin tener que enfrentarse a una sociedad que supuestamente no estaba conforme con tan brutales procedimientos y eran a la vez sus victimas?
Ningún ser humano que tenga los sentidos claros y razonables puede creerse hoy que existieran tan crueles servidores de la voluntad del Papa.
Toda fuerza y el poder de la inquisición, que estaba protegida por tanta crueldad, persistió en el tiempo porque se valió en sus inicios de ciertos intereses que no fueron siempre dignos ni tampoco de signo netamente religioso.
Ni la inquisición durante su triste historia tampoco fue digno guardián de la llamada fe cristiana.
El porqué de tan despiadada represión en contra de los pueblos del área católica nadie lo sabe aún con certeza.
Todo dio comienzo cómo un mero tribunal político hasta que algunos años más tarde, se vio vinculada por intereses personales, finalmente con la iglesia. Y ha sido sólo durante los primeros cincuenta años de este permanente martirio, cuando los bestiales y brutales sacerdotes de una iglesia que debía de ser piadosa, porque se fundaba en la comprensión y en la misericordia como lo practicaba Jesús el Cristo.
Persiguieron metódicamente en el inicio a todos los judíos conversos, para más tarde poder perseguir con verdadero sadismo y saña, a los moriscos, a los protestantes, a las brujas y a muchas e inventadas desviaciones heréticas.
Como punto final y durante todo el siglo XVIII, se queman en las hogueras a los masones y los laicos, que germinaban por toda Europa en la vida social de esta triste época.
Este libro, que ahora escribo, pretende ser un extracto del carácter y la forma de entender la dictadura del catolicismo más fanático y perverso que a existido sobre la faz de la tierra.
Un fanatismo, que se encuentra más cerca del mal que del bien, al involucrarse en el holocausto más irreverente y más sanguinario de toda la historia de humanidad. Como fue el genocidio ocasionado por los nazis a millones de disidentes políticos de todas las naciones de la tierra, y dicho con todo mí dolor, a seis millones de judíos que son masacrados en las tristemente famosas cámaras de gas alemanas, en la terrible y despiadada llamada sin razón la Segunda Guerra Mundial.
Cuando los mafiosos dirigentes y otros poderosos crápulas pretenden que creamos que hoy es posible encontrar una reconciliación entre los humanos, usando como argumento guerras y armas que dan muerte y que produce el hombre en Naciones que se llaman democráticas.
Los seres humanos que son inteligentes, activos, y los que analizan a la sociedad actual, sonríen hasta morir viendo ese teatro de soez perversidad.
Son unos sucesos que en nada tienen que envidiar a la brutalidad del largísimo periodo inquisitorial, ni tampoco al desatino de una acumulación de hostilidades sangrientas entre los seres humanos, desde el mismo día que la vida supuestamente inteligente fue implantada a las criaturas por Jehová en el Jardín del Edén.
Los padres de la iglesia católica nos afirman y nos aseveran, que hay un poderoso Dios en el Universo que fue el creador de los hombres, de las plantas, de los animales y del Cosmos.
Y hay más de uno entre los católicos que creen sin dudar un instante, esta humana afirmación sin tener el sostén ni una plataforma documentada que fuese viable para aseveración tan rotunda.
Hasta el día de hoy, somos ciudadanos que piensan libremente sin trabas de ningún tipo y por todo ello no cabe a nuestro entender, que los hombres hayan sido creados a la imagen y la semejanza de un Dios que permite tanta crueldad y es tan inhumano hacía sus propias criaturas.
Nada se halla escrito en las páginas de los llamados libros sagrados por la propia mano de Dios. Porque lo que está escrito en estos libros fue redactado por criaturas tan humanas como soy yo ó como es cualquier otro ser inteligente que habite sobre la tierra.
Los legos y los sacerdotes y religiosos ungidos nos dicen todos los días y a todas horas, que lo escrito en los dudosos libros sagrados son el mensaje y el ardor del propio Dios y que esta escrito para que el hombre comulgue con esta fuente divina. Cómo si lo que está escrito en sus páginas fuese una especie de memorando del terrible poder ó fuese un aviso para que el hombre se adapte a estos textos en contra de su propio entendimiento.
Los legos y los sacerdotes y religiosos ungidos nos dicen todos los días y a todas horas, que lo escrito en los dudosos libros sagrados son el mensaje y el ardor del propio Dios y que esta escrito para que el hombre comulgue con esta fuente divina. Cómo si lo que está escrito en sus páginas fuese una especie de memorando del terrible poder ó fuese un aviso para que el hombre se adapte a estos textos en contra de su propio entendimiento.
Incomprensiblemente el texto bíblico atañe bastante más a los fundamentales cabecillas de alguna de las determinadas congregaciones de las millares de iglesias que pululan ahora por nuestra aciaga época que es tan incierta e imprevisible.
Nada de lo que ha escrito el hombre, le sirve a Dios para mejorar unas relaciones sociales de cualquier sociedad ya sea moderna o primitiva, con bondad y misericordia. Y nada de lo que está escrito por el hombre le sirve al ser humano para convivir en paz con las otras sociedades, ya sean estas vecinas o alejadas de su entorno vital.
Porque es el hombre el que asesina y depreda por propio instinto por tener una naturaleza ansiosa de ambicionar más poder cada día que sobrevive en el planeta Tierra.
Lo otro y lo demás, es nada más que paja sobre la paja, en una infinidad de egoísmos personales para poder marear la perdiz y el resentido ordenamiento social en los solícitos seres humanos.
Porque ya no disponen de tiempo para pensar en lo que se les viene encima.
Ahora no hay hogueras ni se tortura públicamente a los seres humanos, pero la dictadura social mundial se implanta cada día sin clemencia alguna entre las sociedades modernas. La terrible sarta de mentiras se introduce ladinamente en todas las viviendas de los fieles creyentes del dios dinero, y consumen sin ningún control miles de productos envenenados, y los inservibles trastos que la televisión le ofrece.
Esa es la dictadura más sutil que existe hoy bajo la faz de la tierra. Es una dictadura que quiere y que desea sacar de la circulación a todos los ciudadanos que sean significativos y rebeldes. Los gobiernos lo realizan y lo establecen despacio, en silencio, pero sin ninguna pausa ni respiro durante todos los días del año.
Evitan provocar entre los habitantes de los pueblos, en el área rica occidental, alarma social de ninguna clase, adormilando a la población con fútbol y con un sabio marujeo de inmoralidades de toda clase en todas las cadenas de la televisión Nacional.
Los llamados clérigos inquisidores antiguos, de la mal llamada fe cristiana, son los que aportaron a la iglesia y a estas aterradas clases sociales la más espantosa consternación, manejando entre la sangre y el miedo a un militante cristiano, de una nominada iglesia de Cristo, al que han sometido hasta el día de hoy.
Fue el Santo Padre con su poder, el que consintió estas masacres ensalzadas por sacerdotes y obispos que fueron responsables de la historia de la iglesia y de la sangrienta verdad ante Dios y ante un Jesús caritativo que llamaban Cristo. Y ellos han sido los regios responsables de esa variedad de estragos.
Tragedias celebradas en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Es la hora de guardar en secreto el conocimiento de estos trágicos sucesos, para no hacer ningún daño a la inteligencia humana.
Unos hechos que han sucedido a través del tiempo, en la corta vida humana en la cual los hombres han permanecido obedientes y dóciles ante los insondables caprichos de Jehová.
Las generaciones de los seres humanos en la tierra, se turnan en fomentar la brutalidad primero, y en el arte del arrepentimiento, después de haber vertido la sangre de sus hermanos; y todo ello ha sido posible en la vida de la especie humana. La despiadada crueldad que podamos imaginarnos es realizada sin piedad por el hombre, en contra de sí mismo.
Pero tengo la esperanza de que en su último, hálito, el hombre recupere la esperanza de reconquistar la semejanza al Creador que nos erigió, para que en el día del juicio final podamos ser perdonados.
Críspulo Cortés
El Hombre de la Rosa.
Críspulo Cortés
El Hombre de la Rosa.
2
El longevo monje Dimitrius, es el responsable y el gran Abad y Prior del Monasterio de Santo Toribio en Liébana, por voluntad propia.
El longevo monje Dimitrius, es el responsable y el gran Abad y Prior del Monasterio de Santo Toribio en Liébana, por voluntad propia.
Santo Toribio de Liébana es un arcaico convento, que está oculto a cualquier mirada de los seglares, en lo más escondido de un oculto Valle. Un lugar que se esconde enclavado en las montañas de los Picos de Europa. Una relegada e inhóspita zona a la cual los exiguos habitantes de las aldeas llaman la Liébana. Unas altas tierras que están confinadas en las altas estribaciones de agrestes cordilleras y rápidos ríos que riegan al mar cantábrico.
En una fría mañana en el mes de enero de un crudo invierno montañés, el viejo Abad Dimitrius estaba algo más nervioso que de costumbre y mucho más inquieto que en los pasados días del severo ayuno monacal obligatorio. Duros días con una severidad extrema por el ayuno y por el hambre que apretaba agudamente a su anciano vientre.
El Abad se inquietaba por la tardanza en recibir las importantes noticias que esperaba con impaciencia del Santo Padre. Una urgente encomienda que él esperaba de la secreta congregación (desde tiempo inmemorial) de la Abadía Suiza de Saint Gallen.
Esperaba la llegada del jinete correo que ya debía de haber llegado desde la distante Suiza, con datos importantes para poder rematar dos de los valiosos códices que preparaba y escribían en el monasterio con la valiosa ayuda de los mejores eruditos en esa materia que había entre los monjes Benedictinos y Dominicos de la iglesia.
Mientras el Abad Dimitrius pensaba en la tardanza del correo, los hermanos frailes, habían finalizado los maitines diarios. Después del acto litúrgico, era cuando la mayoría de los monjes penetraban en el comedor en la preestablecida y ordenada fila india, para degustar el habitual y frugal desayuno diario.
Dónatelo (el encargado de las despensas y cocinas) era un gordo y fornido ejemplar de la zona italiana del Piamonte, en alta Italia, con el padre originario del Tirol austriaco y la madre oriunda de Italia.
El dicho Dónatelo (que sudaba la gota gorda entre las mesas del amplio antiguo y sombrío comedor del monasterio) vertía café en las tazas, hechas de barro cocido en el mismo convento, el caliente y oscuro brebaje, servido con un pedazo de pan para cada monje. Los monjes de la orden de San Benito son los que rezan y viven en el viejo monasterio en este día del crudo invierno. La viveza de la etapa fría, acongojaba a la gente en las sombrías aldeas de montaña y tampoco permitía el clima invernal rezar con deleite a estos que se entregaban a Dios con el clásico fervor monástico.
Todo cuanto tocaba este congelado frió, lo dejaba solidificado. Porque sin la calida fogosidad del sol y el calor humano, en esas tierras tan gélidas nadie podía sobrevivir indemne a tan crudo invierno. La gruesa capa de nieve recién caída era apilada a mano con la nieve antigua ya hecha hielo, cerca de los amplios soportales del claustro; y aunque todos los fraternos religiosos se afanaban en estos meses del invierno para aliviarse de la cantidad de nieve caída, casi nunca concluían de quitarse de encima ese acopio de nieve. El anciano y albino Alexis (de origen griego) es el más erudito y preparado de los monjes y por su gran sabiduría obtiene el cargo de bibliotecario. Es el encargado del Papa y del Abad para mantener en perfecto orden la más hermosa y antigua biblioteca de esa congregación y de toda la cristiandad.
Una tarea gigantesca por su gran complejidad y la delicada responsabilidad con unos manuscritos que son de capital importancia para los intereses de la Iglesia y para el universo católico que los requería.
El Abad Dimitrius se pasaba muchas horas del día en la grata compañía de su más preciado hermano, que era el cómplice de los más recónditos secretos de la vieja biblioteca del monasterio.
Alexis estaba en su propia salsa delante del gran montón de libros que tenía a su disposición.
Preparaba en el monasterio los libros secretos y los viejos manuscritos para un sinfín de secretas tareas acopiadas en el más exacto orden.
Los libros y los manuscritos ocupaban toda el ala sur del inmenso monasterio.
Preparaba en el monasterio los libros secretos y los viejos manuscritos para un sinfín de secretas tareas acopiadas en el más exacto orden.
Los libros y los manuscritos ocupaban toda el ala sur del inmenso monasterio.
La maciza edificación de piedra de sillería y forma octogonal, está edificada con unas paredes de ocho caras primorosamente labradas.
Estas paredes rodeaban al edificio, que contenía la bien dotada y seductora biblioteca del Monasterio Benedictino, subiendo hasta una altura de las ocho plantas hechas de roble antiguo, que remataban en una bella cúpula gótica.
El costoso laberinto que englobaba todos los libros no es una edificación normal y corriente; porque la enorme casona era más bien un epítome secreto de los profundos misterios que les interesaba ocultar a los príncipes de la Iglesia.
El Abad no se entrometía jamás en los temas de la biblioteca, porque no entraban en sus cálculos para los trabajos diarios, la ardua tarea de supervisar en un sólo periodo de tiempo el delicado trabajo de la escritura y el miniado de los nuevos libros.
No obstante ahora y ante la imperiosa voluntad del Papa, Dimitrius se hallaba al presente investigando el más escabroso dilema que pueda existir bajo la faz de la tierra.
El profundo misterio del Arca de la Alianza.
El profundo misterio del Arca de la Alianza.
El cómo Abad, monje y literato, tenía por su rango el forzoso deber de guardar y velar, como hombre religioso y investigador, por los interés del Papa.
Además debía de condensar la extensa y exhausta información que tenían para poder dar el definitivo final al misterioso manuscrito miniado que los dos monjes escriben a mano en secreto, por el expreso encargo y deseo del Santo Padre de Roma.
Además debía de condensar la extensa y exhausta información que tenían para poder dar el definitivo final al misterioso manuscrito miniado que los dos monjes escriben a mano en secreto, por el expreso encargo y deseo del Santo Padre de Roma.
El Abad Dimitrius y Alexis estudiaban y resumían todos los manuscritos que encontraba en las viejas estanterías hasta la extenuación y analizaban muy detalladamente todos los documentos antiguos que se conservaban en la biblioteca y que se referían al Arca de Dios.
Analizaba todas las vicisitudes del pasado con este misterioso instrumento de la divinidad por la ciega brutalidad y la codicia de los caballeros templarios desde tiempos inmemoriales.
Era el más preciado tesoro del viejo monasterio y el investigaba en los arcaicos archivos, para poder finalizar el códice más extraordinario y misterioso que jamás se a editado en ningún monasterio desde la edad media en la era cristiana.
El contenido era tan secreto que estaba pactado el silencio total entre el Abad, Dimitrius, Alexis y el Prior del Monasterio de la provincia Suiza de Saint Gallen con el arbitraje temporal del Santo Padre de Roma
Ningún miembro de la curia eclesiástica romana, a excepción del Santo Padre, conocía este peliagudo trabajo manual que los dos monjes del Monasterio de Santo Toribio estaban realizando.
Estaban finalizando el secreto trabajo y el análisis, de la Octava Profecía que se desdobla al explorar en los manuscritos más secretos de la cristiandad, por comisión del Sumo Pontífice de la Iglesia en el sinuoso y oculto Valle de Liébana.
Una exclusiva y misteriosa relación que enlazaba a los desdeñados monasterios.
Era un profundo misterio que asediaba a estas contemplativas instituciones con los más reservados secretos que tenía la Santa Iglesia y el Santo Padre
Era un profundo misterio que asediaba a estas contemplativas instituciones con los más reservados secretos que tenía la Santa Iglesia y el Santo Padre
¿Qué estaban concibiendo los monjes en riguroso secreto, ocultos en de la biblioteca del Monasterio de Santo Toribio?
Nadie que no fuese un participe de tan misteriosos secretos lo sabrá jamás mientras el misterioso plan no fuese compartido con los demás miembros del Monasterio.
Sobre que delicado secreto escribía sin pausa alguna en Santo Toribio el mejor especialista que tenía la cristiandad.
Sobre que delicado secreto escribía sin pausa alguna en Santo Toribio el mejor especialista que tenía la cristiandad.
¿Estaban elaborando los miniados libros sagrados cómo los fabricaba las estropeadas manos del viejo Dimitrius y el monje Alexis?
El glosario del tema se cifraba en retruécano bajo la ansiada mirada de los entusiasmados cómplices del Monasterio.
El glosario del tema se cifraba en retruécano bajo la ansiada mirada de los entusiasmados cómplices del Monasterio.
El Arca de la Alianza que caminó errante por el Sinaí, es la que mando construir Jehová al Profeta Moisés, y era la que esta relacionada con el agotador trabajo que los especialistas estaban desarrollando.
Estaban creando un delicado secreto sin pausa ni respiro alguno.
Estaban creando un delicado secreto sin pausa ni respiro alguno.
Todas las claves secretas del poderoso trabajo, se hallaban a cargo de Dimitrius, que era en realidad el verdadero artífice del manuscrito secreto.
Nadie sabía en el Monasterio, la labor que los dos monjes estaban efectuando.
Nadie sabía en el Monasterio, la labor que los dos monjes estaban efectuando.
La obra secreta trata de encontrar las ocho puertas y la profecía, que habria el camino hacía la puerta del Edén; entrando por una de las ocho puertas que hay en la Tierra para poder hablar con Jehová.
Ninguno de los demás monjes y legos que servían en el Monasterio a Dios, estaba al tanto de la labor de estos dos monjes que se encerraban dentro de la biblioteca durante largas horas del día y la noche.
Nadie podía acceder a las estancias de la biblioteca desde hacia largos meses.
Nadie podía acceder a las estancias de la biblioteca desde hacia largos meses.
Si algún monje les pedía un libro determinado para otros estudios, debía de pedirlo al Abad con mucha antelación, para pasar la petición al monje Alexis, que solía entregar los libros por la mañana del otro día a los monjes que estaban interesados en alguna lectura.
Con gran ceremonial Alexis entregaba uno por uno los volúmenes que los monjes pedían, después del desayuno y una vez finalizados los maitines, rezos y rogativas correspondientes al día.
No había aún acabado de obscurecer en esa fresca tarde del recóndito valle, cuando asomó de pronto por el portón del Monasterio, la conocida figura de un jinete epistolar que galopaba para la Iglesia.
El jadeante jinete llegó montando en un sediento y jadeante caballo bayo y representaba para el Abad es el más grato acontecimiento que el responsable del Monasterio podía esperar y él se lo agradecía a Cristo con verdadera ansia y con las consecuencias e impaciencias de un fiel siervo del Señor.
Las noticias que el correo de la iglesia aportaba, se definían por su hermética síntesis y por su extrema sobriedad. El monje estaba contemplando entre los dedos de sus manos, lo que se hallaba escrito sobre el grueso pergamino.
En el secreto documento se veía la férrea voluntad del Papa para que los dos monjes desarrollaran con plena satisfacción el difícil y problemático trabajo que estaban efectuando en el Monasterio.
Aunque el Santo Padre reconocía las fabulosas dificultades que tenía que superar ahora la Iglesia para volver a recobrar la sagrada Arca de Dios.
Aunque el Santo Padre reconocía las fabulosas dificultades que tenía que superar ahora la Iglesia para volver a recobrar la sagrada Arca de Dios.
El Sumo Pontífice les exigía en el documento, que con paciencia y con la verdadera fe en Cristo, los fieles servidores de la Santa Madre Iglesia debían elaborar fielmente el manuscrito secreto y que este sea perfectamente verificado antes de transcribirlo al libro miniado.
Les ordenaba el Santo Padre en el pergamino, que el contenido y el texto del misterioso libro miniado hecho a mano, tenía que ser escrito en un lenguaje cifrado con todas las claves sacrosantas existentes, desde la presencia de nuestro Señor Jesucristo en este mundo y les ordena, que el libro sea calculado punto por punto sin tenerse que obviar ni tener que sobrellevar la falta de ningún detalle especial. Y el resultado final debía de determinar la eliminación para siempre de todo rastro templario.
El rostro del abad, mientras leía, se transformaba y palidecía por la extravagantes exigencias del Santo Padre.
Los pensamientos del veterano monje se revuelven y arremolinan en su cerebro sin dar apenas crédito ante tamaña desfachatez y prepotencia del más alto edil y supremo mandatario de la Iglesia.
Ninguna palabra había de agradecimiento, en todo el pergamino, ni tampoco cita alguna al premio y a la constancia; y tampoco había en él ninguna cita al trabajo de los sufridos monjes.
Sólo la frialdad y la prepotencia, estaban escritas en la notificación del mandatario de la Iglesia.
Sólo la frialdad y la prepotencia, estaban escritas en la notificación del mandatario de la Iglesia.
El abad muy entristecido y cariacontecido se retiro al amparo de su celda no sin antes darle las gracias al sufrido y aterido mensajero Suizo.
Las conclusiones definitivas para poder terminar a bien, la formidable y costosa obra emprendida por la austera congregación Benedictina, estaban en la voluntad de los únicos y verdaderos protagonistas; los sufridos y sabios monjes del monasterio de Santo Toribio que se hallaba oculto y misterioso entre las estribaciones del más hermoso y salvaje Valle, al que llamaban Liébana.
Auspicio, es un fornido y risueño monje y además, era el maestro herrero del Monasterio, un instruido especialista de toda clase de metales y un discreto hombre de Iglesia ilustrado en la fe de Cristo.
Auspicio es de origen aragonés por padre y madre, con el carácter fiero, pero también tenía la bondad y el coraje de los antiguos sicarios de la familia de los Trastámara.
Por la voluntad de su ilustre familia aragonesa, el monje herrero había heredado la ciencia para tratar con verdadera maestría toda clase de metales y de amalgamas especiales en la herreria.
Con paciencia infinita amalga pacientemente, en la extensa herraría, toda clase de metales y de mezclas magistrales.
Unas habilidades que el sabio herrero Auspicio heredó de los anteriores herreros monjes, mucho más sabios que el mismo.
Unas habilidades que el sabio herrero Auspicio heredó de los anteriores herreros monjes, mucho más sabios que el mismo.
Ellos habían participado en todas los eventos que asombraron en su día a los expertos herreros que el Vaticano mandó con los caballeros templarios para soterrar y hacer viable el manejo humano del Arca de la Alianza.
La Octava Profecía, se forjaba con el plomo y con la sabiduría de los millares de libros que el Abad y el archivero Alexis escribían y forjaban dentro del plomo y de las hojas de los bellos libros sagrados que jamás contemplaran la luz del día.
Eran los tiempos de una opaca luz que ocultaba la verdad a los simples mortales.
Son épocas que se encuentran repletas de tristeza y añoranza, por estar sumergidas en el éxtasis de la moralidad del amor y de la debilidad de la carne.
Son épocas que se encuentran repletas de tristeza y añoranza, por estar sumergidas en el éxtasis de la moralidad del amor y de la debilidad de la carne.
Los Monasterios encerraban, en el misterio de la fe cristiana, la verdad que representa Jesús el Cristo, en las parábolas y en los evangelios que manifestaba a las gentes sencillas en las aldeas que rodeaban la mítica Jerusalén, la ciudad que fue la culpable de crucificar al defensor de la clemencia y la humildad.
3
Una suave brisa marítima acariciaba con suavidad el arrugado rostro del pescador Victoriano Iglesias. Un veterano marinero curtido en las bregas con un imprevisible mar que le acariciaba insistentemente con la misteriosa fuerza que pareciera transitar por la ondulante superficie del mar en esta mañana de finales del mes de marzo.
Una suave brisa marítima acariciaba con suavidad el arrugado rostro del pescador Victoriano Iglesias. Un veterano marinero curtido en las bregas con un imprevisible mar que le acariciaba insistentemente con la misteriosa fuerza que pareciera transitar por la ondulante superficie del mar en esta mañana de finales del mes de marzo.
El recio hombre de mar, es además de ser padre de tres hijos, un experimentado tornero que se fascina como un chaval por la enormidad del océano y siempre contempla el azulado mar con la boquiabierta admiración de los grumetes que se recrean con los infinitos límites del esplendido y vasto horizonte.
Aun cuando vivía en Mercadal, una aldea cercana al pueblo Cántabro de Cartes, era para él un grato placer el navegar y pescar aunque le resulte algo molesto en esa época de sosiego marítimo.
Mientras sentía la tenue brisa que le acariciaba con suave soplo la curtida faz de fanático pescador, el dúctil viento que llegaba desde poniente, le curtía aún más el tostado rostro.
Nada en el vasto entorno marítimo que le rodeaba, hacía presagiar al templado y veterano pescador, el trágico acontecimiento en el cual se vería envuelto involuntariamente por su gran afición a la pesca de toda clase de habitantes marítimos.
Solía pescar con una pequeña barca muy marinera, que amarraba en el pequeño puerto de Suances.
Un acontecimiento grave y de envergadura, le agobiará, desde el instante que descubrió una balsa que se engancho en su anzuelo cuando esta flotaba a la deriva.
Un acontecimiento grave y de envergadura, le agobiará, desde el instante que descubrió una balsa que se engancho en su anzuelo cuando esta flotaba a la deriva.
Victoriano aún no sabía lo que le había perturbado y soliviantaría su serena y sosegada vida, durante el tiempo que le restaba de vivir.
La extraña balsa que había encontrado a la deriva, se alejaba una vez vaciada del contenido y algún objeto que temga algo de interés para él.
La extraña balsa que había encontrado a la deriva, se alejaba una vez vaciada del contenido y algún objeto que temga algo de interés para él.
Solo encontró en la almadía una arcaica arquilla de hierro oxidada y cerrada por el orín y la herrumbre. Se apreciaban en sus lados un absurdo grabado con insólitos jeroglíficos y con una especie de extraña escritura casi imperceptible en todos sus lados.
Como nuestro hombre no pudo abrir el cofre por la falta de herramientas adecuadas para romper la tan sólida tapa, metió el cofre debajo de los velámenes de repuesto que tenía recogidos en el hueco de popa de la barca, y se dedico con toda la tranquilidad del mundo a sus menesteres, mientras la destrozada y medio hundida balsa, se alejaba despacio mecida por el viento y la corriente.
Mientras la línea del aparejo se deslizaba entre sus encallecidos y curtidos dedos de la mano derecha, los muchos pensamientos del veterano pescador se deleitaban con alegría infinita en recordar su vida. Toda su existencia era recordada con satisfacción cuando trabajaba de tornero en Mercadal.
Eran los felices instantes de una dura existencia, cuando se encontraba cerca de su esposa, la primera mujer de una casa con la cual convivía desde hacía cincuenta años.
Era su amada esposa y la exquisita y querida madre de tres hijos que había tenido en el maridaje.
Eran los felices instantes de una dura existencia, cuando se encontraba cerca de su esposa, la primera mujer de una casa con la cual convivía desde hacía cincuenta años.
Era su amada esposa y la exquisita y querida madre de tres hijos que había tenido en el maridaje.
Mientras los pensamientos de su larga y grata vida, pasaba vertiginoso por el sentido común, en grato y alegre juicio, los peces picaban en la larga línea de anzuelos.
Era precisamente en ese instante, cuando el buen Victoriano aparcaba de lado sus asuntos personales por tener que dedicar su cuidado al menesteroso fin de su afanosa labor con los aparejos.
Los plateados peces se revolvían y se retorcían en cruel agonía en el cesto de mimbre dando coletazos espasmódicos mientras Victoriano lentamente y sin prisa recogía la larga línea de anzuelos del aparejo.
Cuando el aficionado marinero regresaba al puerto, se iniciaba uno de los esplendorosos amaneceres de los cuales no siempre se goza en el mar cantábrico.
Después de descargar los aperos de pesca y meter todo en su coche, se encaminó por la serpenteante carretera de Suances hacía Torrelavega.
Después de descargar los aperos de pesca y meter todo en su coche, se encaminó por la serpenteante carretera de Suances hacía Torrelavega.
En la ciudad, entregó los peces al dueño del Centro Cultural Andaluz para su correspondiente y natural preparación, y después, el lobo de mar, mostró a su amigo Campo Corona el oxidado cofre hallado en los restos de la almadía que flotaban en esa jornada de pesca a la deriva.
Victoriano Iglesias, daba muchísima importancia al extraño cofre metálico que mostraba a la tertulia de la Mesa Redonda.
Victoriano Iglesias, daba muchísima importancia al extraño cofre metálico que mostraba a la tertulia de la Mesa Redonda.
Cómo hacía escaso tiempo que Victoriano participa en las charlas y reuniones aún no estaba lo bastante ducho en las cuestiones que los contertulios hacían y replanteaban abiertamente.
Hoy Victoriano era el sólo y único protagonista en la tertulia diaria de la Mesa Redonda, y se ufanaba de gozo en su interior, por la especial atención que prestaban a la anómala caja de hierro oxidada.
Hoy Victoriano era el sólo y único protagonista en la tertulia diaria de la Mesa Redonda, y se ufanaba de gozo en su interior, por la especial atención que prestaban a la anómala caja de hierro oxidada.
Cuando el diligente tabernero del centro les sirvió el habitual y cuadrado frasco, que solía contener un excelente caldo de la andaluza población de Jerez, las copas de los compañeros que estaban presentes se alzaron en un brindis ceremonial de la Orden del Temple y entonces el Gran Maestre Campo Corona declaró abierta la sesión especial.
La inesperada arribada al Centro Cultural Andaluz de Torrelavega de Victoriano y de su oxidado cofre de hierro, fue el motivo que provocó esta temprana tertulia de los caballeros de la Mesa Redonda.
La decisión estaba tomada por la cúpula del temple en Torrelavega, el cofre de hierro se examinaría en la sede científica de los caballeros templarios de la ciudad, para averiguar el significado y el origen de los enigmáticos jeroglíficos grabados en las caras del cofre de hierro. Un signo significativo de algún misterio especial que los hombres son incapaces de aclarar ellos solos. Las esperanzas de ver nuestras vidas futuras, con mediana claridad, es la meta para alguna persona que es inquieta y desasosegada con ella misma. Hoy, es seguro el misterio de vivir en la Tierra y nadie reclamará algo que no sea suyo en la otra vida después de la muerte.
El cofre de hierro es la llave maestra que necesita el hombre para conocer a Dios.
El cofre de hierro es la llave maestra que necesita el hombre para conocer a Dios.
4
El veterano, honrado y justiciero templario Campo Corona, al que apodaban sus más fieles seguidores el “asalariado de Cristo”, era reputado en su vida, como el más honorable y el más digno de todos los templarios que quedaban en España.
El veterano, honrado y justiciero templario Campo Corona, al que apodaban sus más fieles seguidores el “asalariado de Cristo”, era reputado en su vida, como el más honorable y el más digno de todos los templarios que quedaban en España.
Corona, a pesar de ser un hombretón fuerte y alto, es sensible, cómo templario alguno haya conocido jamás; y como era fuerte por naturaleza, aportada al temple seguridad y bienestar.
A pesar de tener un recio corpachón, Corona tenía la clara y sincera sutileza que tienen los hombres de disciplinada mirada.
Corona poseía la gracia y la hidalguía de gozar del más tierno corazón con su propia gente, y también para los perspicaces enemigos, que eran miembros del distinguido parlamento vaticano; que facultaba a su personalidad y a todo lo que representaba, una obediencia y un respeto absoluto.
A pesar de tener un recio corpachón, Corona tenía la clara y sincera sutileza que tienen los hombres de disciplinada mirada.
Corona poseía la gracia y la hidalguía de gozar del más tierno corazón con su propia gente, y también para los perspicaces enemigos, que eran miembros del distinguido parlamento vaticano; que facultaba a su personalidad y a todo lo que representaba, una obediencia y un respeto absoluto.
Ese extraordinario y hermético personaje, es el que representaba al Gran Maestre General del Temple mundial y nuestro hombre vivía en la industriosa y pequeña ciudad de Torrelavega, sita en la comunidad autónoma de Cantabria y ubicada en una hermosa mies de la familia de los Vega.
Pequeña metrópoli erigida entorno a un fortín, con la forma de una atalaya que había en el Valle. Una torre en donde coexistían las familias de los García Laso. Una extensa y enfermiza planicie pantanosa en donde se situó al pasar del tiempo una pequeña y prospera ciudad.
Urbe situada en la medianía del mar Cantábrico, entre las montañas de la cordillera llamada Picos de Europa.
Urbe situada en la medianía del mar Cantábrico, entre las montañas de la cordillera llamada Picos de Europa.
Campo Corona recibió en el transcurrir de la tarde de verano, (era el día quince de julio) la contraseña que le anuncia el peligro y otros anómalos eventos. Sucesos que habían acaecido en una impenetrable franja de la cordillera cantábrica, (sita en la mitad de la zona norte de España) y como esta zona se hallaba bajo su autoridad, Corona tenía que poner en marcha los mecanismos habituales y todos los dispositivos de defensa establecidos de antemano.
Nuestro templario aunque sorprendido por la carta, reaccionó al instante y dada la escritura secreta y lo extraordinario del mensaje, enseguida Corona lo desclasifico, para poder dar la rápida y expeditiva solución que el delicado problema del incidente le planteaba.
Enseguida convocó una reunión secreta de los más afines y leales, entre los hermanos de la orden, que el Temple tenía en la comunidad.
Sobre las seis de la tarde de ese mismo día, el gran círculo secreto templario se convocó en el baluarte hermético de la orden.
Sobre las seis de la tarde de ese mismo día, el gran círculo secreto templario se convocó en el baluarte hermético de la orden.
Los asistentes a esta reunión eran los más duchos y experimentados especialistas que poseía el maestre Campo Corona.
Se reunieron en torno a la Sagrada Mesa Redonda del Temple, los trece caballeros que se asentaban en un espacioso salón de una planta baja, que tiene la vieja casona de la familia de los Vega, hecha de piedra de sillería, ribeteada toda ella de adornos singulares y extraños a los legos.
Se reunieron en torno a la Sagrada Mesa Redonda del Temple, los trece caballeros que se asentaban en un espacioso salón de una planta baja, que tiene la vieja casona de la familia de los Vega, hecha de piedra de sillería, ribeteada toda ella de adornos singulares y extraños a los legos.
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Auspicio, batía el hierro candente sobre el yunque, sin dar ningún respiro a la mano que empuñaba el pesado martillo. El trozo de hierro estaba cogiendo los perfiles acariciados por el herrero para preparar la plancha lateral del arca que le había encargado el Abad Dimitrius.
El brillante cofre de hierro labrado, mide una vara en la cara frontal y media vara cuadrada en los dos laterales.
Auspicio, batía el hierro candente sobre el yunque, sin dar ningún respiro a la mano que empuñaba el pesado martillo. El trozo de hierro estaba cogiendo los perfiles acariciados por el herrero para preparar la plancha lateral del arca que le había encargado el Abad Dimitrius.
El brillante cofre de hierro labrado, mide una vara en la cara frontal y media vara cuadrada en los dos laterales.