Marcos por más que lo pensaba no podía imaginar que sería lo que estaría haciendo ahora su amigo y hermano Roberto. Y aunque desde hacía bastante tiempo los hermanos no se veían, al estar separados por la guerra, el sabía que Roberto actuaba como guerrillero del maquí en un terreno de riesgo, en una zona belga que está entre la ciudad de Namur y la frontera Francesa.
Es un territorio de grandes bosques llamado las Ardenas y Marcos tenía la completa seguridad de que Roberto se escondía en los tupidos bosques de un lugar llamado Fagminoul.
Es un territorio de grandes bosques llamado las Ardenas y Marcos tenía la completa seguridad de que Roberto se escondía en los tupidos bosques de un lugar llamado Fagminoul.
En esos impresionantes bosques era donde estaban apostadas y bien protegidas por la frondosa espesura de los árboles las divisiones acorazadas de las SS alemanas a la espera de un posible y apremiante desembarco aliado en el Canal de la Mancha.
Roberto y sus ayudantes del maquís, se escondían en las proximidades de la ciudad de Namur alrededor del cauce del rió Meuse.
Una pequeña ciudad que tenía un esencial y estratégico nudo ferroviario militar, por donde forzosamente deberían de pasar todos los suministros alemanes que iban dirigidos a las guarniciones costeras en el Canal de la Mancha.
Una pequeña ciudad que tenía un esencial y estratégico nudo ferroviario militar, por donde forzosamente deberían de pasar todos los suministros alemanes que iban dirigidos a las guarniciones costeras en el Canal de la Mancha.
Las Ardenas era una antigua región boscosa que fue en lejanos tiempos una importante capital del departamento Sambre-et Meuse.
Marcos sabía que este punto era bastante caliente, porque la ciudad de Namur al iniciar los alemanes la ofensiva relámpago en contra del ejército ingles y el francés, sería completamente arrasada por un terrible bombardeo que padeció durante el avance Alemán hacía la costa de Dunquerque, al inicio de la II Guerra Mundial.
Marcos cansado de recordar tantas cosas, despachó los documentos que redactaba para ser distribuidos entre las células del Partido en París y cuando lo finalizó, se retiró a dormir porque estaba cansado de tanto papel.
Un penoso trabajo que no es en principio su mejor responsabilidad por estar preparado para trabajos militares.
Un penoso trabajo que no es en principio su mejor responsabilidad por estar preparado para trabajos militares.
El estaba adiestrado para trabajos de campo y había solicitado al Comité Central del Partido su inmediato traslado para la resistencia armada en el interior de España.
Argumentando a sus dirigentes comunistas que deberán de servirse de su específico entrenamiento militar para utilizar esa preparación en contra del franquismo. Porque él en contra de los alemanes lo había demostrado ya con creces en infinidad de golpes de mano. Pero la dirección del partido siempre le respondía que aún no había llegado el momento para atacar de firme al régimen de Franco. Y se disculpaban diciendo que ahora el objetivo más importante para el partido, era derrotar al ocupante fascista de Europa, porque la prioridad de ellos como comunistas eran los nazis, porque en esos tiempos el imperioso deber de un buen comunista se concentraba ahora en ayudar a la Unión Soviética desde Francia.
La primera misión del Partido en territorio francés, era la destrucción de los lugares estratégicos del enemigo, para retener a las tropas alemanas en territorio francés el ma-yor tiempo posible y así darle un esperado respiro al castigado ejército soviético que batallaba sin tener una pausa ni un respiro en los fríos e inhóspitos frentes rusos.
Su misión ahora era entretener a base de nuevos atentados a unas cuantas unidades alemanas que hacían falta inaplazablemente en el frente del este, aligerando de alguna forma la presión que ejercían los ejércitos alemanes sobre la madre Rusia.
Marcos transigía en esa política y seguía su rutina diaria burocrática y ese trabajo no le impedía que alguna vez el grupo organizara algún sorprendente golpe de mano ha las tropas alemanas acantonadas en París.
Evocaba los atrevidos actos de guerra en los que el había participado con el Maquís español de París y uno de los hechos lo recordaba de manera especial porque fue en su día el más importante y juicioso atentado en contra de las tropas ocupantes por su gran espectacularidad.
Se trata de un asalto a la sede central de la policía secreta alemana, que era el baluarte de la temida gestapo, para poder liberar a los camaradas del partido que la gestapo torturaba en los calabozos que estaban en los sótanos de ese triste edificio.
Se trata de un asalto a la sede central de la policía secreta alemana, que era el baluarte de la temida gestapo, para poder liberar a los camaradas del partido que la gestapo torturaba en los calabozos que estaban en los sótanos de ese triste edificio.
Los hombres que participaron en aquel asombroso golpe de mano vestían todos uniformes alemanes que se habían robado en la intendencia alemana.
La invasión de la sede principal de la gestapo en Paris, la hicieron los maquís ataviados de soldados y de oficiales de las SS, montados en los vehículos alemanes sustraídos por la fuerza a las patrullas de vigilancia nocturna.
Penetraron en el siniestro edificio con la documentación falsa, al anochecer, en el patio de la sede y prisión de la gestapo que estaba vigilada por las SS.
Penetraron en el siniestro edificio con la documentación falsa, al anochecer, en el patio de la sede y prisión de la gestapo que estaba vigilada por las SS.
Los centinelas, al comprobar que éramos alemanes y teníamos todos los papeles en regla, nos dejaron pasar hasta el edificio interior en donde estaban las celdas y el departamento de la gestapo.
Entre los papeles que presentamos a los miembros de la gestapo para acceder al prisionero, había uno que decía que estábamos autorizados a interrogar a Michael Trufo, un cautivo del Maquís que estaba en sus calabozos.
Presentamos las credenciales firmadas por el Gobernador Militar de París, Von Choltiz, el cual apuntaba en el escrito, que daba carta blanca para actuar de la forma más conveniente y segura para dar el mejor final al servicio encomendado.
Entre los papeles que presentamos a los miembros de la gestapo para acceder al prisionero, había uno que decía que estábamos autorizados a interrogar a Michael Trufo, un cautivo del Maquís que estaba en sus calabozos.
Presentamos las credenciales firmadas por el Gobernador Militar de París, Von Choltiz, el cual apuntaba en el escrito, que daba carta blanca para actuar de la forma más conveniente y segura para dar el mejor final al servicio encomendado.
La media docena de miembros de la gestapo, que se ocu-paban de interrogar a los presos esa noche, aun cuando estaban algo recelosos con nosotros se vieron impotentes para pedir la confirmación de la orden que llevábamos.
El teléfono hacía el exterior no comunicaba porque un equipo nuestro, les había cortado las líneas que salían del edificio hacía el exterior.
Los asesinos nazis cansados de llamar al despacho del Gobernador sin poder lograrlo, enervados, nos dejaron al final una dependencia de los sótanos.
Y esta fue su ruina, porque uno a uno los fuimos eliminando, hasta que dejamos limpió de asesinos tan lúgubre sótano.
Los asesinos nazis cansados de llamar al despacho del Gobernador sin poder lograrlo, enervados, nos dejaron al final una dependencia de los sótanos.
Y esta fue su ruina, porque uno a uno los fuimos eliminando, hasta que dejamos limpió de asesinos tan lúgubre sótano.
En esa noche liberamos a todos los presos que allí había y después salimos por las enormes puertas del edificio imperturbablemente, montados en los furgones alemanes sin ser detenidos por los SS de la guardia.
Y como hasta la mañana no se hacían los cambios de la guardia y cambiaban el turno los hombres de la gestapo, no descubren a los muertos en los sótanos. Entonces fue cuando dieron la alarma general, pero ya era muy tarde para encontrar a los responsables.
Los presos y los maquís que habíamos intervenido en el temerario golpe de mano a la policía nazi estábamos ya escondidos y a salvo.
Los presos y los maquís que habíamos intervenido en el temerario golpe de mano a la policía nazi estábamos ya escondidos y a salvo.
Desde aquel día la gestapo de París se mancilló tanto que el propio Himmler decidió sustituir a sus policías por uni-dades de los SS en la cárcel y en la búsqueda de los atrevidos saboteadores.
De esa pasta estaba echo Marcos, el mayor de los hijos del doble de Franco, Paulino Godoy.
De esa pasta estaba echo Marcos, el mayor de los hijos del doble de Franco, Paulino Godoy.
El día 6 de junio en cuando despuntó el alba desembar-caron los ejércitos aliados en las playas de Normandía, ante el asombro de Hitler que lo había previsto y anun-ciado a sus generales con bastante anterioridad.
La ignorancia en una disciplina militar fue lo que perdió al terrible dictador, dejando a las mejores divisiones aco-razadas alemanas en la otra orilla del Sena.
Hitler tenía algunas razones para creer que este desem-barco en Normandía no fuese una falsa maniobra de dispersión de los ejércitos aliados.
Hitler creía que el desembarco aliado se efectuaría en el paso de Cale, porque era el trayecto más corto desde las costas de Inglaterra.
Hitler tenía algunas razones para creer que este desem-barco en Normandía no fuese una falsa maniobra de dispersión de los ejércitos aliados.
Hitler creía que el desembarco aliado se efectuaría en el paso de Cale, porque era el trayecto más corto desde las costas de Inglaterra.
Llegado el momento de comenzar la acción armada sería cuando Marcos comenzaría a actuar por su cuenta sa-liendo de la tediosa rutina burocrática.
Empleó sus conocimientos en golpes de sabotaje contra las tropas que se movían por las carreteras y los caminos de la Francia, destruyendo unos equipos que servían a los alemanes para matar. Unidades de reserva que acudían en auxilio de las frágiles divisiones costeras para la defensa, que se apostaban frente al mar. Las Unidades alemanas estaban compuestas en su mayor parte por voluntarios y soldados de los países del Este y entre ellas había pocas tropas alemanes autenticas en toda la zona de Normandía.
Con tan intenso bombardeo, la supremacía aérea aliada y unos efectivos golpes de mano del maquí. Los ejércitos nazis retrocedían en todos los frentes y la invasión aliada se convertía por momentos en una verdadera riada im-parable de tropas, vehículos y armas de todas clases, que progresaban luchando sin tregua hacía el corazón de Alemania.
Todo fue posible por la colaboración, el arrojo y por la bravura de un puñado de valientes hijos de la República española.
La liberación de Francia estaba próxima y los esfuerzos aportados por los españoles republicanos de todas las ideologías fue esencial para entorpecer las defensas alemanas y así provocar el inexorable final de la guerra en el frente francés.
Casi la totalidad de los historiadores franceses se olvidan del sacrificio en vidas de los hombres de la República española; que la sacrificaron valientemente por liberar a Francia del yugo del dictador Alemán.
Gloria para los españoles que ofrendaron su vida, en este silencio gélido que se esconde detrás de la muerte.
Pero hay tristeza en el aire, cuando la vida es entregada con honor y se recibe el desprecio de una patria que no es España.
Gloria para los españoles que ofrendaron su vida, en este silencio gélido que se esconde detrás de la muerte.
Pero hay tristeza en el aire, cuando la vida es entregada con honor y se recibe el desprecio de una patria que no es España.
LAS ARDENAS, BÉLGICA
Roberto dormitaba apaciblemente en una estrecha cavidad que estaba situada dentro de una profunda gruta entre los insondables precipicios que se caían hacía al cauce del caudaloso río Meuse en Bélgica.
El reducido grupo de compañeros españoles de la resistencia anarquista descansaba en la cueva y nadie vigilaba el exterior.
La calma en la zona es total.
Roberto dormitaba apaciblemente en una estrecha cavidad que estaba situada dentro de una profunda gruta entre los insondables precipicios que se caían hacía al cauce del caudaloso río Meuse en Bélgica.
El reducido grupo de compañeros españoles de la resistencia anarquista descansaba en la cueva y nadie vigilaba el exterior.
La calma en la zona es total.
Los soldados alemanes no se atrevían a penetrar en los espesos bosques que se extendían en cientos de hectáreas a la redonda, aún cuando ellos sabían que en sus tupidas espesuras se escondían los maquís y los saboteadores.
El estado mayor Alemán que estaba desesperado por la gran cantidad de sabotajes en las numerosas redes ferro-viarias de la región, decidió proteger los trenes de suministro, con plataformas que iban delante de la maquina de los trenes y estaban llenas de prisioneros, para disuadir a los maquís de efectuar tan devastadores golpes de mano y los terribles atentados en las vías.
Todos los trenes que llevaban maquinas blindadas dispo-nían de eficaces escoltas, con ametralladoras y cañones montados en plataformas blindadas, que a la menor señal de peligro disparaban contra todo lo se moviese al paso del convoy.
Ya anochecía en el espeso bosque cuando se despertaban Roberto y sus compañeros.
Todos los días hacían igual, salían de noche con el objetivo planificado por el comité de organización, el cual los transmitía en clave a través de la radio a cada uno de los comandos que operaban en las distintas zonas de operaciones especiales, en actos de sabotajes y de destrucción del enemigo común.
Todos los días hacían igual, salían de noche con el objetivo planificado por el comité de organización, el cual los transmitía en clave a través de la radio a cada uno de los comandos que operaban en las distintas zonas de operaciones especiales, en actos de sabotajes y de destrucción del enemigo común.
La reposición de todo el material que utilizaban en los sabotajes y en golpes de mano, lo suministraban de noche los aviones aliados en claros del bosque, establecidos ya de antemano para cada comando.
Arrojaban el suministro en largos contenedores metálicos sin paracaídas a muy baja altitud.
Arrojaban el suministro en largos contenedores metálicos sin paracaídas a muy baja altitud.
Alguna vez era enviado un militar de apoyo aliado a la zona para instruir a los guerrilleros en nuevas armas, y para preparar a los guerrilleros de manera especial en los específicos golpes selectivos que al mando aliado le inte-resaba destruir.
La red de transportes ferroviarios que pasaba por Namur era vital para el ejército Alemán.
La red de transportes ferroviarios que pasaba por Namur era vital para el ejército Alemán.
Era tan importante, para los nazis, que para vigilar estas redes viarias, el ejército tenía en la zona una división completa de zapadores de montaña la cual se había desplegado entre los accesos a las redes ferroviarias.
De continuo estas disciplinadas tropas minaban las zonas más fáciles de acceso a las vías y colocaban señales de falsos campos minados en otras zonas para asustar a la población civil y así evitar que se acercase la gente a las vías. Cualquier civil que se encontrase dentro del perímetro viario de la zona de Namur era seguidamente pasado por las armas y el cadáver era después colgado cómo un ejemplo para los demás.
En este riguroso ambiente de muerte y destrucción combatía el valiente cordobés Roberto Godoy, con los otros camaradas anarquistas del maquís belga y se entregaba en cuerpo y en alma al difícil trabajo de matar a los ene-migos sin remordimiento alguno.
La separación de su hermano Marcos le entristeció a más no poder, porque en la guerra de España y los primeros años de exilio en Francia siempre habían estado juntos.
Desde la niñez hasta que se fueron distanciando debido a las normas de los partidos en los Pirineos jamás se habían separado. Marcos se marchó a París por órdenes del Partido Comunista y Roberto fue enviado por los dirigentes anarquistas en Bélgica a la región de las Ardenas para reforzar el maquís en la zona dominada por la C. N. T.
Desde la niñez hasta que se fueron distanciando debido a las normas de los partidos en los Pirineos jamás se habían separado. Marcos se marchó a París por órdenes del Partido Comunista y Roberto fue enviado por los dirigentes anarquistas en Bélgica a la región de las Ardenas para reforzar el maquís en la zona dominada por la C. N. T.
La coordinación de los dos partidos era más bien regular, por no decir mala. Los comunistas, siempre se debían a la disciplina de un Partido que ordenaba las líneas a seguir de acuerdo con las directrices de la Unión Soviética.
Los Anarquistas eran todo lo contrario, se separaban en células completamente autónomas y operaban con completa independencia, sin menoscabo de algunas acciones puntuales en las cuales debían intervenir las otras fuerzas guerrilleras para el buen éxito de una operación.
Por la noche, Roberto y sus tres hombres tenían la misión de sabotear la vía belga en la encrucijada más peligrosa que había en la región. Era un punto en donde se unían varios cambios de agujas, que al ser volados por los aires harían retrasar los largos trenes de municiones y de re-puestos militares que pasaban siempre de noche.
Más tarde, los aviones aliados, coordinados por radio con las patrullas del maquí, bombardeaban esos trenes antes de que los convoyes militares alemanes se ocultaran en los túneles ferroviarios y desaparecieran de la vista de los aviones.
Más tarde, los aviones aliados, coordinados por radio con las patrullas del maquí, bombardeaban esos trenes antes de que los convoyes militares alemanes se ocultaran en los túneles ferroviarios y desaparecieran de la vista de los aviones.
El próximo objetivo era ferroviario y el maquís lo tenía que atacar por la noche, y estaba a tres horas largas de camino desde el refugio actual.
A pesar de lo escarpado del terreno, esté no les suponía especiales dificultades porque estaban acostumbrados a caminar sin descanso alguno todos los días del año por las mismas sendas, escabulléndose de los alemanes y de los traidores franceses.
Cuando llegaron ante el terraplén que bajaba hasta la pequeña estación de control de las agujas de la vía férrea, observaron que los alemanes habían dejado una patrulla armada en el lugar.
A pesar de lo escarpado del terreno, esté no les suponía especiales dificultades porque estaban acostumbrados a caminar sin descanso alguno todos los días del año por las mismas sendas, escabulléndose de los alemanes y de los traidores franceses.
Cuando llegaron ante el terraplén que bajaba hasta la pequeña estación de control de las agujas de la vía férrea, observaron que los alemanes habían dejado una patrulla armada en el lugar.
Roberto reconoció este lugar con los prismáticos y vio a los soldados alemanes que patrullaban a píe entre las vías y quizás otros que ellos no percibían seguro que estaban apostados y bien situados a la espera de acontecimientos.
Roberto al intuir dificultad en la operación de sabotaje, se creció. Siempre lo hacía, porque así era su estilo.
Las ideas entonces le surgían de su instinto como cascadas de agua en una catarata.
Roberto al intuir dificultad en la operación de sabotaje, se creció. Siempre lo hacía, porque así era su estilo.
Las ideas entonces le surgían de su instinto como cascadas de agua en una catarata.
Rápidamente ordenó a Ismael, uno de sus mejores hom-bres, que se marchara e hiciera explosionar una potente carga plástica en la vía a doscientos metros a la salida de un túnel, para distraer la atención de los soldados que estaban apostados y no se veían.
Ordenó que esperase a los soldados alemanes un poco después de la explosión y que disparase unas ráfagas de su metralleta hacía los soldados que se aproximasen a el. Y que después de perpetrar estos disparos, rápidamente debía de abandonar el lugar y emprender la retirada hacía el punto de reunión que tenían convenido de antemano.
Roberto mientras tanto preparó con otros camaradas del maquís las potentes cargas explosivas para volar las vías y esperaron los tres pacientemente hasta que comenzase la fiesta.
Roberto sería el encargado de colocar los explosivos en los raíles, mientras los dos compañeros le cubrirían su trabajo en las vías con las ametralladoras y las bombas de mano.
Roberto sería el encargado de colocar los explosivos en los raíles, mientras los dos compañeros le cubrirían su trabajo en las vías con las ametralladoras y las bombas de mano.
No habían pasado los veinte minutos, cuando una potente explosión se dejo sentir en la entrada del túnel.
Rápido Roberto comprobó como aparecían los soldados alemanes que estaban emboscados y se dirigían corriendo por encima de las vías hacía el lugar de la deflagración, de la cual salían columnas de humo negro.
Al aproximarse los alemanes a ese lugar se oyeron varias ráfagas de disparos a las cuales los soldados alemanes le respondían con ráfagas de metralleta sin volver la mirada a la estación de agujas de las vías.
Roberto aprovechó este momento para deslizarse ágilmente hacía la red viaria, y pausadamente sin acelerarse, colocó en los raíles las potentes cargas utilizando para el encendido un fulminante de mercurio que le dejaba cinco minutos de tiempo para huir.
Acto seguido Roberto desapareció del lugar con los dos compañeros hacía los farallones, y los tres no habían hecho más que llegar a este punto, cuando la estación de triaje junto con las vías saltaron por los aires en miles de pedazos, dejando inutilizado el traficó de trenes alemanes para toda la noche.
Los zapadores alemanes que son muy intuitivos y disciplinados en sus cometidos lo reparaban rápido, pero ese largo retrasó era vital para que los aliados evitasen una concentración excesiva de tropas y de equipos entre las zonas costeras del estrecho Canal de la Mancha.
Cuando volvieron a reunirse los cuatro en el punto de en-cuentro, el rojo amanecer de un nuevo día ya despuntaba por el horizonte.
Después de comer de algunas de las conservas que traían, marcharon y durmieron en otro refugió algo más aparta-do de la zona de sabotaje.
Después de comer de algunas de las conservas que traían, marcharon y durmieron en otro refugió algo más aparta-do de la zona de sabotaje.
Roberto algunos días antes de dormir pensaba un instante en los suyos, pensaba en donde se hallaría Marcos y al tiempo que pensaba en su hermano Marcos, Roberto se quedaba de inmediato dormido por la intensa fatiga.
Ese día soñó que toda su familia vivía feliz en una gra-ciosa y blanca casa en Belalcázar, en donde reinaba la armonía y la paz; en donde todos los vecinos del pueblo se ayudaban sin interés alguno en las tareas y funciones de la vida cotidiana. En donde respirar se convertía en un placer. En donde todo se compartía, lo que era bueno y lo que malo, en la satisfacción y el amor de sus habitantes.
Soñando Roberto se sentía muy feliz, viendo a sus padres que vivían en una buena casa, con un buen jornal, y sin agobios de alimentos.
Todos los días del año iban los hijos al colegió decorosamente vestidos y ellos jugaban con todos los niños y las chicas de su pueblo en plena igualdad de oportunidades.
Todos los días del año iban los hijos al colegió decorosamente vestidos y ellos jugaban con todos los niños y las chicas de su pueblo en plena igualdad de oportunidades.
Soñaba con una nueva España, que era rica y feliz. En donde los garantes políticos se desvivían por armonizar a la sociedad civil para que ningún ciudadano de distinta clase social fuese segregado por su rala economía, por su cuna ó por su sensatez.
Al despertar Roberto de este placentero sueño, ya estaba la noche cerrándose y la triste realidad le traumatizó.
Estaba sumido hasta el tuétano en una guerra cruel y mataba para poder sobrevivir. Tenía que matar a personas tan sencillas como el.
Aun cuando quizás tendrían otras ideas y otras creencias pero también tenían seres queridos como él los tenía.
Aun cuando quizás tendrían otras ideas y otras creencias pero también tenían seres queridos como él los tenía.
Todo hombre fanático será siempre arrastrado por los clásicos manipuladores ideológicos.
Son todos esos que medran en nuestra vida enfrentando a los obreros con el fanatismo de los dogmas totalitarios y estériles.
Son los dilapidadores de las palabras que engatusan al pueblo con falsas promesas de idílicos paraísos que al solo al final lo disfrutaran los dictadores y los aprovechados.
Son todos esos que medran en nuestra vida enfrentando a los obreros con el fanatismo de los dogmas totalitarios y estériles.
Son los dilapidadores de las palabras que engatusan al pueblo con falsas promesas de idílicos paraísos que al solo al final lo disfrutaran los dictadores y los aprovechados.
Envolver a los habitantes del planeta Tierra en una guerra más, no tiene ninguna importancia para los imperecederos manipuladores sociales, porque desde que Adán y Eva salieron del Jardín del Edén, sus hijos Caín y Abel, ya se violentaron hasta la muerte.
La guerra entre los seres humanos es natural, desde los tiempos que el hombre habita sobre el planeta Tierra.
La guerra entre los seres humanos es natural, desde los tiempos que el hombre habita sobre el planeta Tierra.
Roberto ya cansado de tan quiméricas ideas, se concentró al instante en sus habituales trabajos de maquí de campo. Había recibido un aviso urgente del Comité Anarquista de Bruselas en el cual le ordenaban que abandonase esta zona del maquís y tenía que presentarse junto con sus camaradas lo más pronto posible ente el responsable de la C. N. T, que estaba en una calleja en los alrededores de la estación del mediodía, que se encontraba en uno de los barrios obreros de la capital.
Antes de marcharse de la zona ocultaron en una profunda cueva en el bosque los equipos, las armas y las municio-nes y dejando los materiales bien embalados y envueltos con lonas impermeables para su buena conservación y pa poder utilizarlos en un futuro próximo.
Después con documentación falsa para cada uno de ellos, se disfrazaron con ropas campesinas muy habituales de la región, y cogieron los compañeros por separado el tren hacía Bruselas en la destrozada estación de Namur.
Cuando después del largo días de lentísimo y arduo viaje los cuatro compañeros se apearon en la Estación Central de Bruselas, tuvieron que proteger sus vidas en el refugió antiaéreo de la estación.
Porque gran cantidad de aviones aliados bombardeaban las estaciones y los centros ferroviarios Belgas, para intentar paralizar los abastecimientos militares del ejercito alemán y el trafico ferroviario civil.
Porque gran cantidad de aviones aliados bombardeaban las estaciones y los centros ferroviarios Belgas, para intentar paralizar los abastecimientos militares del ejercito alemán y el trafico ferroviario civil.
Dos horas más tarde cuando la sirena de la estación anun-ció el final del bombardeo a las personas que habían sobrevivido a la espantosa lluvia de bombas metidos en los refugios antiaéreos; al salir, no reconocían nada de lo que había anteriormente.
La estación entera había sido eclipsada del mapa y un enorme montón de escombros hu-meantes estaban entremezclados con restos de vagones y vías retorcidas que se entremezclan caóticamente en un paisaje desolador.
La estación entera había sido eclipsada del mapa y un enorme montón de escombros hu-meantes estaban entremezclados con restos de vagones y vías retorcidas que se entremezclan caóticamente en un paisaje desolador.
El intenso humo entremezclado con las llamas no dejaban respirar y una niebla de cenizas quemadas irrespira-ble flotaba entre el humo y el aire dejando a los pocos supervivientes que se atrevían a salir de los refugios medio asfixiados.
Roberto y los compañeros, como veteranos en esas lides, aprovecharon el caos para marcharse de allí.
Ellos conocían bien a los alemanes y sabían que después de cada bombardeo tomaban rehenes civiles para desescombrar el área de la estación y todo el complejo de las vías y poder de esa manera reanudar el tráfico de trenes cuanto antes.
Ellos conocían bien a los alemanes y sabían que después de cada bombardeo tomaban rehenes civiles para desescombrar el área de la estación y todo el complejo de las vías y poder de esa manera reanudar el tráfico de trenes cuanto antes.
Con los pañuelos empapados en agua sobre el rostro sé alejaron los cuatro camaradas entre el acre y polvoriento humo y hasta que no llegaron los cuatro a unas manzanas de casas un poco apartadas de lo que había sido antes la estación, no se sintieron aliviados entre las viejas callejas de la rue Blas, cercana a la estación de Midí.
Allí en la esquina de una de las avenidas, en una calle estrecha, penetraron en una tasca española que tenía un letrero de la fachada con el nombre de Bar Andalucía. La dueña de tan español nombre era una gruesa señora belga que estaba casada con un simpático andaluz, que además de entonar bien el flamenco, era refugiado republicano.
El marido por ser del partido anarquista había sido deportado por los ocupantes alemanes y se hallaba prisionero en los campos de trabajo construyendo por la fuerza los búnkeres del muro del Atlántico.
La paisana Belga cuando vio penetrar a Roberto en el bar acompañado de sus camaradas les reconoció enseguida y con un disimulado aspaviento les hizo la señal convenida que les indicaba que dentro del bar había peligro.
Los cuatro que estaban acostumbrados a vivir en la clandestinidad, impasibles ante el gesto, se aproximaron con mucha tranquilidad a la barra, mientras observaban a la clientela que había en las mesas y la pidieron cerveza.
Después de bebérsela muy tranquilos salieron del bar sin pronunciar ni una palabra y por la señal del peligro que les había hecho la dueña del bar, los cuatro compañeros anarquistas dedujeron que la gestapo vigilaba el local.
Con mucho cuidado escondiéndose entre los viejos soportales y sabiendo que debían evitar el trajín de las antiguas callejas en donde cualquier patrulla de policía podía pedirles la documentación y detenerlos, para comprobar en la comisaría la autenticidad de los salvoconductos que llevaban.
Roberto después de deambular un buen rato junto con sus camaradas por las estrechas callejas de los viejos barrios de Bruselas, se metió por fin junto a los compañeros en un viejo portal y subieron con gran sigilo la carcomida escalera de la vieja casa hasta llegar a la guardilla.
Allí la desvencijada y vieja puerta aguantó con verdadero estoicismo los golpes espaciados de los nudillos, que fueron tres, seguidos de otros cuatro y de uno al final.
Allí la desvencijada y vieja puerta aguantó con verdadero estoicismo los golpes espaciados de los nudillos, que fueron tres, seguidos de otros cuatro y de uno al final.
Cuando la puerta al fin se abrió sigilosamente, el rostro de un conocido camarada apareció por el hueco y esté al reconocer a los cuatro que venían, muy contento les con-minó a que entrasen.
Una vez dentro cerró la puerta detrás del último, a la vez que hacía señales con el dedo en los labios para que guardaran silenció.
Una vez dentro cerró la puerta detrás del último, a la vez que hacía señales con el dedo en los labios para que guardaran silenció.
De puntillas penetraron los amigos en la vieja habitación interior y entonces Anselmo, que así se llamaba el cama-rada, pulsó un resorte de la pared, que estaba camuflado con una escarpia, de la cual colgaba el retrató de Hitler.
En aquel momento y ante al asombro de los visitantes, la vieja pared se abrió silenciosa y los cinco camaradas anarquistas penetraron por el hueco que había dejado la pared al descubierto, sin hacer ruido alguno.
En aquel momento y ante al asombro de los visitantes, la vieja pared se abrió silenciosa y los cinco camaradas anarquistas penetraron por el hueco que había dejado la pared al descubierto, sin hacer ruido alguno.
Cuando cerraron tan disimulada puerta detrás de ellos y la luz se encendió en el techo de la inclinada guardilla, Anselmo abrazó a Roberto y a los demás diciendo:
Escuchar bien lo que os voy a decir:
_ Han detenido a una parte del Comité ayer por la noche y alguno de los detenidos ha debido hablar porque la ges-tapo anda por todas partes vigilando los antiguos puntos de reunión.
_ Han detenido a una parte del Comité ayer por la noche y alguno de los detenidos ha debido hablar porque la ges-tapo anda por todas partes vigilando los antiguos puntos de reunión.
_ ¿Estamos seguros aquí?
Preguntó Roberto.
_ ¡Sí!… Es el sitio más seguro que por ahora tenemos.
Le respondió Anselmo y continuó:
_ Con el camuflaje que tengo ahora, de colaborador de los fascistas y de chivato, no se atreven a registrar esta casa.
Preguntó Roberto.
_ ¡Sí!… Es el sitio más seguro que por ahora tenemos.
Le respondió Anselmo y continuó:
_ Con el camuflaje que tengo ahora, de colaborador de los fascistas y de chivato, no se atreven a registrar esta casa.
_ ¿Tienes órdenes para nosotros?
_ ¡Sí!…Vuestras órdenes están en un sobre lacrado que se encuentra encima de la mesa.
Les apunto el compañero Anselmo señalando una mesa con la mano, y continuó:
_ Yo debo regresar a mí trabajo camaradas.
En el cajón grande que esta a mano derecha tenéis municiones y armas de toda clase y si marcháis de aquí, dejad todo tal como estaba y cerrar las puertas y la entrada secreta al salir.
_ ¡Sí!…Vuestras órdenes están en un sobre lacrado que se encuentra encima de la mesa.
Les apunto el compañero Anselmo señalando una mesa con la mano, y continuó:
_ Yo debo regresar a mí trabajo camaradas.
En el cajón grande que esta a mano derecha tenéis municiones y armas de toda clase y si marcháis de aquí, dejad todo tal como estaba y cerrar las puertas y la entrada secreta al salir.
Cuando estaban solos Roberto rompió nervioso los lacres del sobre y algo alterado leyó ansioso las instrucciones del Consejo Anarquista.
El texto que le habían entregado estaba escrito en fino papel cebolla y decía lo siguiente:
_ Consejo Anarquista.
_ Bruselas 4 de junio de 1944
_ Órdenes para el comando. A - 42.
_ Primero tenéis que abrir el mapa nº 12 y buscar en las coordenadas 10/30-32/17 en el perímetro de la ciudad de Bruselas.
_ Santo y seña: Rosa negra.
_ Contraseña: Roja y negra.
_ Una vez allí recibiréis instrucciones precisas y al final de este viaje cuando ya estéis todos en Paris, recibiréis por separado las ordenes de acción.
_ La salida y el viaje deberán ser individuales para la seguridad de todos.
_ ¡Salud!
_ Consejo Anarquista.
_ Bruselas 4 de junio de 1944
_ Órdenes para el comando. A - 42.
_ Primero tenéis que abrir el mapa nº 12 y buscar en las coordenadas 10/30-32/17 en el perímetro de la ciudad de Bruselas.
_ Santo y seña: Rosa negra.
_ Contraseña: Roja y negra.
_ Una vez allí recibiréis instrucciones precisas y al final de este viaje cuando ya estéis todos en Paris, recibiréis por separado las ordenes de acción.
_ La salida y el viaje deberán ser individuales para la seguridad de todos.
_ ¡Salud!
Roberto desplegó el mapa nº 12 sobre la mesa y trazó con una regla y un lápiz las líneas, hasta que halló el punto en donde estas se entrecruzaban con matemática precisión.
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