Marcos por más que lo pensaba no podía imaginar que sería lo que estaría haciendo ahora su amigo y hermano Roberto. Y aunque desde hacía bastante tiempo los hermanos no se veían, al estar separados por la guerra, el sabía que Roberto actuaba como guerrillero del maquí en un terreno de riesgo, en una zona belga que está entre la ciudad de Namur y la frontera Francesa.
Es un territorio de grandes bosques llamado las Ardenas y Marcos tenía la completa seguridad de que Roberto se escondía en los tupidos bosques de un lugar llamado Fagminoul.
Es un territorio de grandes bosques llamado las Ardenas y Marcos tenía la completa seguridad de que Roberto se escondía en los tupidos bosques de un lugar llamado Fagminoul.
En esos impresionantes bosques era donde estaban apostadas y bien protegidas por la frondosa espesura de los árboles las divisiones acorazadas de las SS alemanas a la espera de un posible y apremiante desembarco aliado en el Canal de la Mancha.
Roberto y sus ayudantes del maquís, se escondían en las proximidades de la ciudad de Namur alrededor del cauce del rió Meuse.
Una pequeña ciudad que tenía un esencial y estratégico nudo ferroviario militar, por donde forzosamente deberían de pasar todos los suministros alemanes que iban dirigidos a las guarniciones costeras en el Canal de la Mancha.
Una pequeña ciudad que tenía un esencial y estratégico nudo ferroviario militar, por donde forzosamente deberían de pasar todos los suministros alemanes que iban dirigidos a las guarniciones costeras en el Canal de la Mancha.
Las Ardenas era una antigua región boscosa que fue en lejanos tiempos una importante capital del departamento Sambre-et Meuse.
Marcos sabía que este punto era bastante caliente, porque la ciudad de Namur al iniciar los alemanes la ofensiva relámpago en contra del ejército ingles y el francés, sería completamente arrasada por un terrible bombardeo que padeció durante el avance Alemán hacía la costa de Dunquerque, al inicio de la II Guerra Mundial.
Marcos cansado de recordar tantas cosas, despachó los documentos que redactaba para ser distribuidos entre las células del Partido en París y cuando lo finalizó, se retiró a dormir porque estaba cansado de tanto papel.
Un penoso trabajo que no es en principio su mejor responsabilidad por estar preparado para trabajos militares.
Un penoso trabajo que no es en principio su mejor responsabilidad por estar preparado para trabajos militares.
El estaba adiestrado para trabajos de campo y había solicitado al Comité Central del Partido su inmediato traslado para la resistencia armada en el interior de España.
Argumentando a sus dirigentes comunistas que deberán de servirse de su específico entrenamiento militar para utilizar esa preparación en contra del franquismo. Porque él en contra de los alemanes lo había demostrado ya con creces en infinidad de golpes de mano. Pero la dirección del partido siempre le respondía que aún no había llegado el momento para atacar de firme al régimen de Franco. Y se disculpaban diciendo que ahora el objetivo más importante para el partido, era derrotar al ocupante fascista de Europa, porque la prioridad de ellos como comunistas eran los nazis, porque en esos tiempos el imperioso deber de un buen comunista se concentraba ahora en ayudar a la Unión Soviética desde Francia.
La primera misión del Partido en territorio francés, era la destrucción de los lugares estratégicos del enemigo, para retener a las tropas alemanas en territorio francés el ma-yor tiempo posible y así darle un esperado respiro al castigado ejército soviético que batallaba sin tener una pausa ni un respiro en los fríos e inhóspitos frentes rusos.
Su misión ahora era entretener a base de nuevos atentados a unas cuantas unidades alemanas que hacían falta inaplazablemente en el frente del este, aligerando de alguna forma la presión que ejercían los ejércitos alemanes sobre la madre Rusia.
Marcos transigía en esa política y seguía su rutina diaria burocrática y ese trabajo no le impedía que alguna vez el grupo organizara algún sorprendente golpe de mano ha las tropas alemanas acantonadas en París.
Evocaba los atrevidos actos de guerra en los que el había participado con el Maquís español de París y uno de los hechos lo recordaba de manera especial porque fue en su día el más importante y juicioso atentado en contra de las tropas ocupantes por su gran espectacularidad.
Se trata de un asalto a la sede central de la policía secreta alemana, que era el baluarte de la temida gestapo, para poder liberar a los camaradas del partido que la gestapo torturaba en los calabozos que estaban en los sótanos de ese triste edificio.
Se trata de un asalto a la sede central de la policía secreta alemana, que era el baluarte de la temida gestapo, para poder liberar a los camaradas del partido que la gestapo torturaba en los calabozos que estaban en los sótanos de ese triste edificio.
Los hombres que participaron en aquel asombroso golpe de mano vestían todos uniformes alemanes que se habían robado en la intendencia alemana.
La invasión de la sede principal de la gestapo en Paris, la hicieron los maquís ataviados de soldados y de oficiales de las SS, montados en los vehículos alemanes sustraídos por la fuerza a las patrullas de vigilancia nocturna.
Penetraron en el siniestro edificio con la documentación falsa, al anochecer, en el patio de la sede y prisión de la gestapo que estaba vigilada por las SS.
Penetraron en el siniestro edificio con la documentación falsa, al anochecer, en el patio de la sede y prisión de la gestapo que estaba vigilada por las SS.
Los centinelas, al comprobar que éramos alemanes y teníamos todos los papeles en regla, nos dejaron pasar hasta el edificio interior en donde estaban las celdas y el departamento de la gestapo.
Entre los papeles que presentamos a los miembros de la gestapo para acceder al prisionero, había uno que decía que estábamos autorizados a interrogar a Michael Trufo, un cautivo del Maquís que estaba en sus calabozos.
Presentamos las credenciales firmadas por el Gobernador Militar de París, Von Choltiz, el cual apuntaba en el escrito, que daba carta blanca para actuar de la forma más conveniente y segura para dar el mejor final al servicio encomendado.
Entre los papeles que presentamos a los miembros de la gestapo para acceder al prisionero, había uno que decía que estábamos autorizados a interrogar a Michael Trufo, un cautivo del Maquís que estaba en sus calabozos.
Presentamos las credenciales firmadas por el Gobernador Militar de París, Von Choltiz, el cual apuntaba en el escrito, que daba carta blanca para actuar de la forma más conveniente y segura para dar el mejor final al servicio encomendado.
La media docena de miembros de la gestapo, que se ocu-paban de interrogar a los presos esa noche, aun cuando estaban algo recelosos con nosotros se vieron impotentes para pedir la confirmación de la orden que llevábamos.
El teléfono hacía el exterior no comunicaba porque un equipo nuestro, les había cortado las líneas que salían del edificio hacía el exterior.
Los asesinos nazis cansados de llamar al despacho del Gobernador sin poder lograrlo, enervados, nos dejaron al final una dependencia de los sótanos.
Y esta fue su ruina, porque uno a uno los fuimos eliminando, hasta que dejamos limpió de asesinos tan lúgubre sótano.
Los asesinos nazis cansados de llamar al despacho del Gobernador sin poder lograrlo, enervados, nos dejaron al final una dependencia de los sótanos.
Y esta fue su ruina, porque uno a uno los fuimos eliminando, hasta que dejamos limpió de asesinos tan lúgubre sótano.
En esa noche liberamos a todos los presos que allí había y después salimos por las enormes puertas del edificio imperturbablemente, montados en los furgones alemanes sin ser detenidos por los SS de la guardia.
Y como hasta la mañana no se hacían los cambios de la guardia y cambiaban el turno los hombres de la gestapo, no descubren a los muertos en los sótanos. Entonces fue cuando dieron la alarma general, pero ya era muy tarde para encontrar a los responsables.
Los presos y los maquís que habíamos intervenido en el temerario golpe de mano a la policía nazi estábamos ya escondidos y a salvo.
Los presos y los maquís que habíamos intervenido en el temerario golpe de mano a la policía nazi estábamos ya escondidos y a salvo.
Desde aquel día la gestapo de París se mancilló tanto que el propio Himmler decidió sustituir a sus policías por uni-dades de los SS en la cárcel y en la búsqueda de los atrevidos saboteadores.
De esa pasta estaba echo Marcos, el mayor de los hijos del doble de Franco, Paulino Godoy.
De esa pasta estaba echo Marcos, el mayor de los hijos del doble de Franco, Paulino Godoy.
El día 6 de junio en cuando despuntó el alba desembar-caron los ejércitos aliados en las playas de Normandía, ante el asombro de Hitler que lo había previsto y anun-ciado a sus generales con bastante anterioridad.
La ignorancia en una disciplina militar fue lo que perdió al terrible dictador, dejando a las mejores divisiones aco-razadas alemanas en la otra orilla del Sena.
Hitler tenía algunas razones para creer que este desem-barco en Normandía no fuese una falsa maniobra de dispersión de los ejércitos aliados.
Hitler creía que el desembarco aliado se efectuaría en el paso de Cale, porque era el trayecto más corto desde las costas de Inglaterra.
Hitler tenía algunas razones para creer que este desem-barco en Normandía no fuese una falsa maniobra de dispersión de los ejércitos aliados.
Hitler creía que el desembarco aliado se efectuaría en el paso de Cale, porque era el trayecto más corto desde las costas de Inglaterra.
Llegado el momento de comenzar la acción armada sería cuando Marcos comenzaría a actuar por su cuenta sa-liendo de la tediosa rutina burocrática.
Empleó sus conocimientos en golpes de sabotaje contra las tropas que se movían por las carreteras y los caminos de la Francia, destruyendo unos equipos que servían a los alemanes para matar. Unidades de reserva que acudían en auxilio de las frágiles divisiones costeras para la defensa, que se apostaban frente al mar. Las Unidades alemanas estaban compuestas en su mayor parte por voluntarios y soldados de los países del Este y entre ellas había pocas tropas alemanes autenticas en toda la zona de Normandía.
Con tan intenso bombardeo, la supremacía aérea aliada y unos efectivos golpes de mano del maquí. Los ejércitos nazis retrocedían en todos los frentes y la invasión aliada se convertía por momentos en una verdadera riada im-parable de tropas, vehículos y armas de todas clases, que progresaban luchando sin tregua hacía el corazón de Alemania.
Todo fue posible por la colaboración, el arrojo y por la bravura de un puñado de valientes hijos de la República española.
La liberación de Francia estaba próxima y los esfuerzos aportados por los españoles republicanos de todas las ideologías fue esencial para entorpecer las defensas alemanas y así provocar el inexorable final de la guerra en el frente francés.
Casi la totalidad de los historiadores franceses se olvidan del sacrificio en vidas de los hombres de la República española; que la sacrificaron valientemente por liberar a Francia del yugo del dictador Alemán.
Gloria para los españoles que ofrendaron su vida, en este silencio gélido que se esconde detrás de la muerte.
Pero hay tristeza en el aire, cuando la vida es entregada con honor y se recibe el desprecio de una patria que no es España.
Gloria para los españoles que ofrendaron su vida, en este silencio gélido que se esconde detrás de la muerte.
Pero hay tristeza en el aire, cuando la vida es entregada con honor y se recibe el desprecio de una patria que no es España.
LAS ARDENAS, BÉLGICA
Roberto dormitaba apaciblemente en una estrecha cavidad que estaba situada dentro de una profunda gruta entre los insondables precipicios que se caían hacía al cauce del caudaloso río Meuse en Bélgica.
El reducido grupo de compañeros españoles de la resistencia anarquista descansaba en la cueva y nadie vigilaba el exterior.
La calma en la zona es total.
Roberto dormitaba apaciblemente en una estrecha cavidad que estaba situada dentro de una profunda gruta entre los insondables precipicios que se caían hacía al cauce del caudaloso río Meuse en Bélgica.
El reducido grupo de compañeros españoles de la resistencia anarquista descansaba en la cueva y nadie vigilaba el exterior.
La calma en la zona es total.
Los soldados alemanes no se atrevían a penetrar en los espesos bosques que se extendían en cientos de hectáreas a la redonda, aún cuando ellos sabían que en sus tupidas espesuras se escondían los maquís y los saboteadores.
El estado mayor Alemán que estaba desesperado por la gran cantidad de sabotajes en las numerosas redes ferro-viarias de la región, decidió proteger los trenes de suministro, con plataformas que iban delante de la maquina de los trenes y estaban llenas de prisioneros, para disuadir a los maquís de efectuar tan devastadores golpes de mano y los terribles atentados en las vías.
Todos los trenes que llevaban maquinas blindadas dispo-nían de eficaces escoltas, con ametralladoras y cañones montados en plataformas blindadas, que a la menor señal de peligro disparaban contra todo lo se moviese al paso del convoy.
Ya anochecía en el espeso bosque cuando se despertaban Roberto y sus compañeros.
Todos los días hacían igual, salían de noche con el objetivo planificado por el comité de organización, el cual los transmitía en clave a través de la radio a cada uno de los comandos que operaban en las distintas zonas de operaciones especiales, en actos de sabotajes y de destrucción del enemigo común.
Todos los días hacían igual, salían de noche con el objetivo planificado por el comité de organización, el cual los transmitía en clave a través de la radio a cada uno de los comandos que operaban en las distintas zonas de operaciones especiales, en actos de sabotajes y de destrucción del enemigo común.
La reposición de todo el material que utilizaban en los sabotajes y en golpes de mano, lo suministraban de noche los aviones aliados en claros del bosque, establecidos ya de antemano para cada comando.
Arrojaban el suministro en largos contenedores metálicos sin paracaídas a muy baja altitud.
Arrojaban el suministro en largos contenedores metálicos sin paracaídas a muy baja altitud.
Alguna vez era enviado un militar de apoyo aliado a la zona para instruir a los guerrilleros en nuevas armas, y para preparar a los guerrilleros de manera especial en los específicos golpes selectivos que al mando aliado le inte-resaba destruir.
La red de transportes ferroviarios que pasaba por Namur era vital para el ejército Alemán.
La red de transportes ferroviarios que pasaba por Namur era vital para el ejército Alemán.
Era tan importante, para los nazis, que para vigilar estas redes viarias, el ejército tenía en la zona una división completa de zapadores de montaña la cual se había desplegado entre los accesos a las redes ferroviarias.
De continuo estas disciplinadas tropas minaban las zonas más fáciles de acceso a las vías y colocaban señales de falsos campos minados en otras zonas para asustar a la población civil y así evitar que se acercase la gente a las vías. Cualquier civil que se encontrase dentro del perímetro viario de la zona de Namur era seguidamente pasado por las armas y el cadáver era después colgado cómo un ejemplo para los demás.
En este riguroso ambiente de muerte y destrucción combatía el valiente cordobés Roberto Godoy, con los otros camaradas anarquistas del maquís belga y se entregaba en cuerpo y en alma al difícil trabajo de matar a los ene-migos sin remordimiento alguno.
La separación de su hermano Marcos le entristeció a más no poder, porque en la guerra de España y los primeros años de exilio en Francia siempre habían estado juntos.
Desde la niñez hasta que se fueron distanciando debido a las normas de los partidos en los Pirineos jamás se habían separado. Marcos se marchó a París por órdenes del Partido Comunista y Roberto fue enviado por los dirigentes anarquistas en Bélgica a la región de las Ardenas para reforzar el maquís en la zona dominada por la C. N. T.
Desde la niñez hasta que se fueron distanciando debido a las normas de los partidos en los Pirineos jamás se habían separado. Marcos se marchó a París por órdenes del Partido Comunista y Roberto fue enviado por los dirigentes anarquistas en Bélgica a la región de las Ardenas para reforzar el maquís en la zona dominada por la C. N. T.
La coordinación de los dos partidos era más bien regular, por no decir mala. Los comunistas, siempre se debían a la disciplina de un Partido que ordenaba las líneas a seguir de acuerdo con las directrices de la Unión Soviética.