Chupahuesos desbordado por este extraño ser, dejo que alegara Rascahuertos, porque su poco entender no le capacitaba para pensar más de la cuenta.
Rascahuertos, dijo al extraño ser, con palabras que brotaron de la garganta como brota el agua en una impetuosa cascada que descienda de la montaña.
-El creador de los hombres ya tuvo en su poderosa mano lo que a nosotros nos ofrecéis hoy y Él supo dominarlo con su inmortal sabiduría.
Rascahuertos, dijo al extraño ser, con palabras que brotaron de la garganta como brota el agua en una impetuosa cascada que descienda de la montaña.
-El creador de los hombres ya tuvo en su poderosa mano lo que a nosotros nos ofrecéis hoy y Él supo dominarlo con su inmortal sabiduría.
-Nosotros somos mortales y vuestra merced deberá estar suficientemente instruido, de que sólo somos sumisos pordioseros y no puede exigirnos ninguna contingencia que sea imposible de realizar para los seres creados con su poder en el Paraíso Terrenal.
-La energía divina y la humana, están atadas en el ombligo del neonato y desde allí brota la sabiduría y el conocimiento de los hombres.
-La energía divina y la humana, están atadas en el ombligo del neonato y desde allí brota la sabiduría y el conocimiento de los hombres.
-Si de verdad quieres hacer con nosotros la prueba de la inmortalidad, debe de empezar por demostrar a nosotros que somos hombres que pertenecemos a los inmortales curando nuestra hambre y después, sanando nuestros muchos pecados terrenales.
-Prepáranos para adentrarnos en la senda final de la vida, no trates de ocultar a los ojos del hombre, la podredumbre microscópica que conlleva toda la existencia de los seres vivos dentro de los planetas del Universo conocido y desconocido.
Así finalizó la exposición de Rascahuertos.
La sorprendida cosa giratoria, se paró un instante y viendo que los dos vagamundos estaban asustados, les dijo:
Así finalizó la exposición de Rascahuertos.
La sorprendida cosa giratoria, se paró un instante y viendo que los dos vagamundos estaban asustados, les dijo:
-Debéis de cubrir vuestro rostro y orejas mortales, antes de oír de mis labios los azabaches signos que os otorga el creador de la vida.
Los mendigos traumatizados y seriamente tocados por las maravillas que presenciaban, acataron las directrices del extraño ser y se cubrieron el rostro y orejas, esperando muy sorprendidos al siguiente acto. Nada más hacerlo, sintieron que penetraba en sus cuerpos una intensa luz y comprobaron que su sabiduría aumentaba extraordinariamente y podían analizar todo lo que veían con una diáfana claridad y un exacto raciocinio.
Los mendigos traumatizados y seriamente tocados por las maravillas que presenciaban, acataron las directrices del extraño ser y se cubrieron el rostro y orejas, esperando muy sorprendidos al siguiente acto. Nada más hacerlo, sintieron que penetraba en sus cuerpos una intensa luz y comprobaron que su sabiduría aumentaba extraordinariamente y podían analizar todo lo que veían con una diáfana claridad y un exacto raciocinio.
-Tomad la caja de las brasas del fuego sin temor y envolver los dos, vuestra miserable existencia, con las piezas del ajedrez.
-Pero desde ahora debéis de hacer, sólo por mí, lo que a continuación os diga:
-Proteger al rey.
-Amar a la reina.
-Atacar con la torre.
-Pretejeros con los alfiles.
-Cabalgar con los caballos.
-Salvaguardar con los soldados el baluarte.
-Si lo cumplís y lo hacéis cómo os digo, estaréis en el Paraíso con el Creador al final de vuestros días.
Nada más pronunciar las últimas palabras, la cosa se esfumo y el antiguo sótano recobró la humedad y la tranquila paz que anteriormente tenía.
-Pero desde ahora debéis de hacer, sólo por mí, lo que a continuación os diga:
-Proteger al rey.
-Amar a la reina.
-Atacar con la torre.
-Pretejeros con los alfiles.
-Cabalgar con los caballos.
-Salvaguardar con los soldados el baluarte.
-Si lo cumplís y lo hacéis cómo os digo, estaréis en el Paraíso con el Creador al final de vuestros días.
Nada más pronunciar las últimas palabras, la cosa se esfumo y el antiguo sótano recobró la humedad y la tranquila paz que anteriormente tenía.
Rascahuertos y Chupahuesos, sacaron el cofre de las brasas con apresuramiento dado el maledicien-te e huraño temperamento del malandrín y secreto entrometido.
Cuando los dos comprobaron que todas las piezas y el cofre estaban intactos, se santiguaron por todo el cuerpo, mojando el dedo con saliva para mitigar el mal de ojo, que posiblemente les había dejado el extraño y ridículo ser.
El castigo de no comer más, era para Chupahuesos más superficial que efectivo, porque le liberaba de ser protagonista de sancho pancismo, el duro papel que fue obligado a representar por los polvorientos caminos y las sendas que hay por toda España.
Cuando los dos comprobaron que todas las piezas y el cofre estaban intactos, se santiguaron por todo el cuerpo, mojando el dedo con saliva para mitigar el mal de ojo, que posiblemente les había dejado el extraño y ridículo ser.
El castigo de no comer más, era para Chupahuesos más superficial que efectivo, porque le liberaba de ser protagonista de sancho pancismo, el duro papel que fue obligado a representar por los polvorientos caminos y las sendas que hay por toda España.
Rascahuertos se consolaba de otra manera, porque ahora prestaría más atención a otros mendigos que jamás tendrían el mismo privilegio que tenían los dos expertos y afortunados vagamundos.
Lo que le sobraba, ahora, le servia para mitigar las penas y los sufrimientos de personas que padecen hambre y sed. Sobre todo por la falta de alimentos y también por la carencia de igualdad que los amos sinvergüenzas olvidan siempre a sus vasallos.
Chupahuesos era la cara opuesta de Rascahuertos.
Era el negro y el blanco del tablero de ajedrez, que le libera de alimentarse día a día por esos caminos donde sólo transitaban ellos y la caridad del Señor.
Lo que le sobraba, ahora, le servia para mitigar las penas y los sufrimientos de personas que padecen hambre y sed. Sobre todo por la falta de alimentos y también por la carencia de igualdad que los amos sinvergüenzas olvidan siempre a sus vasallos.
Chupahuesos era la cara opuesta de Rascahuertos.
Era el negro y el blanco del tablero de ajedrez, que le libera de alimentarse día a día por esos caminos donde sólo transitaban ellos y la caridad del Señor.
Capìtulo 3
Rascahuertos, cuando sintió el roce de algo suave sobre el hombro, se despertó sobresaltado y al no ver, por hallarse deslumbrado porque le daba el sol de frente, se puso el antebrazo sobre el rostro para tratar de evitar la ceguedad que la fuerza del sol le producía a la vez que pegaba un fuerte codazo a su amigo Chupahuesos para que se despertara y entre los dos trataran de averiguar que entidad les había importunado su delicioso y placentero sueño.
Rascahuertos, cuando sintió el roce de algo suave sobre el hombro, se despertó sobresaltado y al no ver, por hallarse deslumbrado porque le daba el sol de frente, se puso el antebrazo sobre el rostro para tratar de evitar la ceguedad que la fuerza del sol le producía a la vez que pegaba un fuerte codazo a su amigo Chupahuesos para que se despertara y entre los dos trataran de averiguar que entidad les había importunado su delicioso y placentero sueño.
Cuando sus ojos fueron capaces de distinguir las formas del lugar en donde se hallaban comenzaron a entrever la sombra de un ser alargado y chocante que les pareció bastante sobrenatural debido a la luminosidad fantasmagórica que desprendía la luz del sol de la mañana sobre su cuerpo.
Sorprendidos aún por la sobrecogedora aparición, nuestros hombres escucharon de pronto una dulce voz de tono melodioso, que tenía sosegado acento y repetía insistente y machaconamente.
¡Hambre!… ¡hermanos!… ¡tengo mucha hambre!
¡Hambre!… ¡hermanos!… ¡tengo mucha hambre!
Asombrados todavía por el extraño requerimiento, Rascahuertos y Chupahuesos se levantaron despacio del lugar en donde habían dormido esa noche y observaron bastante sorprendidos al sujeto que tal demanda les hacía.
Cuando al final contemplaron, de arriba a bajo, al famélico ser que tenían delante, se les dulcificó el corazón. Aunque Rascahuertos y Chupahuesos no andaban sobrados de alimentos, se decidieron por compartir con el personaje, las escasas viandas que tenían. Sin pensarlo dos veces y compadecidos por el extraño ser, metieron la mano en sus zurrones y sacaron de cada uno de ellos un trozo de queso y un pedazo de pan bastante duro que les quedaba y se lo ofrecieron al ente que parecía más pobre que ellos dos.
- ¡Tómelo!
- ¿Aunque no creo que tan escaso alimento os quite las muchas ganas que decir tenéis?
Dijo Rascahuertos.
- ¿Aunque no creo que tan escaso alimento os quite las muchas ganas que decir tenéis?
Dijo Rascahuertos.
La famélica aparición extiendo sus dedos largos en extremo sucios y malolientes y cogió las viandas que Rascahuertos y Chupahuesos le daban con tan-to desprendimiento y compasión.
El extraño ente haciendo una mueca muy rara con el rostro, que parecía sonreírles, negó con la cabe-za y sin decir palabra alguna partió en tres partes las miserables viandas que ellos le habían dado y les devolvió una parte a cada uno.
Turbados y sorprendidos por tan raro espléndido y desprendido gesto del personaje que tenían delante Rascahuertos y Chupahuesos se volvieron el rostro para poder meter en sus zurrones la comida que le había devuelto y al volver los dos la vista de nuevo hacía el personaje vieron con admiración que el famélico sujeto había desaparecido.
Sorprendidos por la tan súbita y desacostumbrada huida, buscaron al personaje por los alrededores y al no encontrar ningún rastro del ser, se resignaron pensando que este pobre que era mucho más pobre que ellos se había esfumado para siempre.
Estaba Rascahuertos encogiéndose de hombros ante el asombro por la súbita desaparición del canijo pordiosero y se inclinaba para recoger su zurrón y reemprender el camino; cuando Chupahuesos, que miraba siempre hacía el suelo, estuviese parado o andando, vio algo que brillaba en la base del arco del pequeño puente, que había sobre un riachuelo que atravesaba la verde y espaciosa campiña.
Curioso Chupahuesos se aproximo hasta el puente y se agachó sobre el objeto que brillaba con el sol de una manera fuerte y poderosa, y observó, que se trataba de un pequeño arcón de madera que estaba profusamente decorado con extrañas figuras y con misteriosos signos.
Al observar la caja algo más detenidamente, nues-tro vagabundo disipó los temores que tenía a tocar algo que sobrepasaba su intelecto, por lo enigma-tico que era todo lo que les había sucedido y avisó a Rascahuertos para que contemplase el objeto que alguien se había dejado olvidado bajo el puente.
Rascahuertos recogió el objeto, que estaba debajo del puente con sumo cuidado, observando que era una bella caja que tenía la cerradura y las bisagras, que se asemejaban que estaban hechas de oro puro, con primorosa talla y buen acabado. La caja era de madera de acacia elaborada con primorosos signos que representaban figuras de luchadores blancos y negros, enfrentándose con espadas entre ellos.
Una vez perdida toda desconfianza por tan extraño suceso, Rascahuertos decidido la abrió, viendo que en el interior había hermosas fichas de un delicado juego de domino, tallado en marfil y azabache, con filigranas tan extrañas en la parte posterior que no acababa de comprender si era una lengua cristiana ó escritura mora.
Rascahuertos con ese precioso cofre en la mano se volvió a Chupahuesos para tratar de encontrar los dos al excepcional pordiosero que tal objeto debe-ría de haberse olvidado al marcharse tan presuroso de la presencia de los dos amigos.
Después de buscarle y no hallarle, levantaron los dos la vista al firmamento y su osada imaginación de inmutables vagabundos le estimularon a repen-sar con más sosiego sobre las posibilidades que el raro y valioso cofre tenía para ellos dos.
Rascahuertos examinando algo más detenidamente el cofre y el contenido dedujo que las 28 hermosas fichas del dominó debían tener alguna relación con los extraños jeroglíficos que ornamentaban la caja de madera de acacia.
El día avanzaba inexorablemente y como la noche se acercaba, se guardaron la caja del pordiosero en un zurrón y dejando para más adelante la búsqueda del anónimo personaje, emprendieron los cofrades de nuevo el camino y tratar de encontrar antes de la noche, el adecuado refugio donde guarecerse del frió de la tarde que caía.
Chupahuesos más ágil y más dicharachero que su amigo Rascahuertos enseguida encontró entre unas rocas, al lado del camino, una cueva que le pareció conveniente para pasar la noche.
Una buena hoguera y un buen atado de hierba seca para los lechos, fue lo primero que prepararon los dos amigos, antes de comer un poco de lo que les quedaba y soñar con un buen banquete arropados con el olor que desprendía la hierba seca.
Una buena hoguera y un buen atado de hierba seca para los lechos, fue lo primero que prepararon los dos amigos, antes de comer un poco de lo que les quedaba y soñar con un buen banquete arropados con el olor que desprendía la hierba seca.
Capitulo 4
En el amanecer del siguiente día, Rascahuertos se hallaba en las proximidades de la fuente de la cual manaba un agua pura y cristalina, encendiendo una hoguera con las abundantes ramas que por doquier había, tratando de calentar el cuerpo al amor de las rojas y amarillas llamas, mientras Chupahuesos se despertaba perezoso estirando brazos y piernas.
En el amanecer del siguiente día, Rascahuertos se hallaba en las proximidades de la fuente de la cual manaba un agua pura y cristalina, encendiendo una hoguera con las abundantes ramas que por doquier había, tratando de calentar el cuerpo al amor de las rojas y amarillas llamas, mientras Chupahuesos se despertaba perezoso estirando brazos y piernas.
Cuando en muy poco tiempo entraron en calor sus ateridos organismos más notaban el hambre atrasada, porque las tripas comenzaban a reverberar en los castigados y sufridos estómagos.
Rascahuertos y Chupahuesos, sacaron, cuando ya estaban algo más repuestos del intenso frío, de los respectivos zurrones, las pocas viandas que el mis-terioso pedigüeño había dejado y con el hambre y con su paciente calma, comenzaron a mosdisquear despacio los pequeños trozos de queso y el pedazo de pan duro como las piedras.