SAN PEDRO DE MERIDA: Beatriz que es la mujer más sabía que he conocido,...

El sueño y la mucha fatiga fue lo que imposibilitó al monje continuar, con la preciosa escritura de la segunda parte del cuento de Matania.
Cerrando el cuaderno y apagando el pabilo del velón, nuestro piadoso y secreto monje templario se recostó en el camastro y quedó al instante dormido.

Capitulo 26
Todos los cristales de las ventanas de la zona norte del edificio resonaban con un furioso golpeteo por la intensidad del granizo que caía sobre la sufrida capital del Besaya. Torrelavega es para el tiempo invernal, lo que Cantabria quiere que suceda en el tiempo si el dios del invierno de la bella región del Norte lo tiene a bien.

Nada ni nadie escapan a la sutileza, ni tampoco ala veterania que plasman las páginas de su tradición. Paginas que son y han sido siempre de valentía y de coraje. Un pueblo que se comporta en el tiempo así, tiene los derechos que quiera ya adquiridos de antemano, y tiene que exigir ala parte ennoblecida que le corresponde, que esta presente en todos los foros territoriales del mundo.

Contemplando la calle y la enorme granizada que caía del firmamento sin temor a los dioses del agua ni al hálito del rayo y del trueno furibundo, Setroc se recreaba, admirando la naturaleza violenta de la tormenta invernal, pensando que era obligatoria y útil para la vida. Una pausa por el mal tiempo era una novedad en el Temple, cuando nunca jamás, la labor y el trabajo de una misión se habían detenido por causas naturales.

¿Acariciaba el disparate posiblemente esa decisión tomada reflexivamente por la cúpula más veterana de la Orden? Era la misma pregunta que todos se hacían esa perra noche de invierno en Torrelavega y nada se haría para que se cambiase la decisión de aplazar el evento más trascendental para la persona humana, desde el mismo instante en que el Padre de Jesús el Cristo creo en el Paraíso al hombre a su imagen y semejanza.

La obligada espera para actuar en el pueblo de Cos era hasta que el pésimo tiempo invernal que estaba haciendo en el mes de febrero, mejorase de alguna manera. Todos en el temple sabían y conocían, las consecuencias que el eventual aplazamiento tenia de peligroso para todos ellos. El Arca se ocultaba en un lugar secreto con el camión que la trajo del valle de Liébana y por este lado se sentían seguros con la férrea vigilancia que Corona y sus hombres sometían a la zona secreta en donde la ocultaban.

Las noticias que Setroc recibía desde Liébana, de los posibles movimientos de los agentes del Papa y del Monasterio, las recogía Beatriz en la Iglesia de la Abadía, en el confesionario. Se había trasladado a vivir en las cercanías de Potes y estaba próxima al Monasterio para poder acudir a la misa diaria y pasar desapercibida entre los demás feligreses.

Matania, como celebrante de los oficios religiosos, era el sacerdote que junto con el Abad confesaba a los fieles todos los días. Y era el que informaba ha Beatriz del eventual peligro que suponía para ellos la presencia en Liébana de los agentes del Papa.

El informe de Matania para el Temple decía:

-Eventual localización rutinaria de los templarios, por los espías del Abad, que se hallan camuflados como parte del Centro Andaluz. Sin otros peligros, que la rutina de esperar al buen tiempo para poder trabajar la entrada ha Sagisama, pueda vulnerar la
vigilancia. El Papa no sabe aún que el Arca ha sido trasladada fuera de Liébana. Esperar a las páginas del segundo episodio de la fábula de Matania para ejecutar en primavera con seguridad el proceso.
Cristo y el Temple.
Fin del mensaje.

Beatriz que es la mujer más sabía que he conocido, regreso de inmediato ha Torrelavega para entregar en propia mano al Maestre el sustancioso mensaje que Matania le enviaba, pero el día antes de volver a Potes, la enigmática dama se congregó en secreto con amigos y camaradas del Temple, en la comida de conmemoración fraterna que la Orden ofrecía a sus miembros más destacados.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
La sala donde se reunieron para celebrar el ágape amistoso, de aspecto medieval, con recias paredes de piedra de sillería que daban a esa sala decorada con blasones y pendones cristianos, el aspecto de idealismo que la fastuosa cena Templaria requería.
Setroc y Corona se sentaban en la cabecera de una espaciosa mesa octogonal, primorosamente tallada en maciza y dura caoba. Los otros caballeros junto con las damas del Temple, ocupaban de dos en dos cada una de las caras de los ocho lados de la mesa ... (ver texto completo)