SAN PEDRO DE MERIDA: Contemplando la calle y la enorme granizada que caía...

El sueño y la mucha fatiga fue lo que imposibilitó al monje continuar, con la preciosa escritura de la segunda parte del cuento de Matania.
Cerrando el cuaderno y apagando el pabilo del velón, nuestro piadoso y secreto monje templario se recostó en el camastro y quedó al instante dormido.

Capitulo 26
Todos los cristales de las ventanas de la zona norte del edificio resonaban con un furioso golpeteo por la intensidad del granizo que caía sobre la sufrida capital del Besaya. Torrelavega es para el tiempo invernal, lo que Cantabria quiere que suceda en el tiempo si el dios del invierno de la bella región del Norte lo tiene a bien.

Nada ni nadie escapan a la sutileza, ni tampoco ala veterania que plasman las páginas de su tradición. Paginas que son y han sido siempre de valentía y de coraje. Un pueblo que se comporta en el tiempo así, tiene los derechos que quiera ya adquiridos de antemano, y tiene que exigir ala parte ennoblecida que le corresponde, que esta presente en todos los foros territoriales del mundo.

Contemplando la calle y la enorme granizada que caía del firmamento sin temor a los dioses del agua ni al hálito del rayo y del trueno furibundo, Setroc se recreaba, admirando la naturaleza violenta de la tormenta invernal, pensando que era obligatoria y útil para la vida. Una pausa por el mal tiempo era una novedad en el Temple, cuando nunca jamás, la labor y el trabajo de una misión se habían detenido por causas naturales.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
¿Acariciaba el disparate posiblemente esa decisión tomada reflexivamente por la cúpula más veterana de la Orden? Era la misma pregunta que todos se hacían esa perra noche de invierno en Torrelavega y nada se haría para que se cambiase la decisión de aplazar el evento más trascendental para la persona humana, desde el mismo instante en que el Padre de Jesús el Cristo creo en el Paraíso al hombre a su imagen y semejanza.