- ¡Dame de comer y satisface mi sed!
Exigió el danzante malandrín sin mover un solo músculo de su feo y horripilante rostro.
Exigió el danzante malandrín sin mover un solo músculo de su feo y horripilante rostro.
-Tomad lo que deseéis de nuestras pobres viandas, le dijo Matania, interrumpiendo la conversación, y dándole al extraño ser, los zurrones de los dos y la olla con la sopa de raíces.
Rascahuertos muy sorprendido por la largueza de su compañero de fatigas, contempló al danzarín, como devoraba la sopa, un trozo de pan duro y la última longaniza que les quedaba. Toda su comida había desaparecido como por encantamiento en el aparente y frágil tragadero del danzarín.
Rascahuertos y Matania que estaban sorprendidos se reencontraron con la mirada y cuando volvieron la vista al ser, este había desaparecido del mapa, El danzarín se había esfumado sin dejar rastro alguno.