SAN PEDRO DE MERIDA: Cuando comenzaba el amanecer del día siguiente, ya...

- ¡Habláis de lo Humano, ó de lo Divino!
Dijo enfadado Remigio y añadió:
-El Paraíso del que habla Dios es un jardín terrenal que fue escondido para el hombre cuando pecaron con su carne en contra de la voluntad del Supremo. Ser que no permitía a ningún inmortal la promis-cuidad ni otra fantasía sexual al ser perpetuidades en los parámetros de la vida y en la transformación eterna.

-Por esto el Paraíso fue ocultado y guardado detrás de los cerrojos y de las puertas de los siete jardines del cielo, se guardó por constructores herméticos.

-El Jardín del Edén, es en realidad la divinidad de los seres humanos, y permanece en la Tierra al ser parte y a la vez esencia de la materia inmortal que jamás muere, al tener que transformarse incesante entre eternos latidos de pasión material y de fuego.

-Somos los humanos tan niños y tan valiosos para la vida, que ni siquiera el creador del hombre sería capaz de aniquilar la materia que necesitó para crearlos a su imagen y su semejanza Divina.

-Somos Universo y aunque al morir nuestra carne se vuelva a integrar en la Tierra, de donde procede, no se queda enterrada en la tierra el alma inmortal del hombre. El ser pensante que convive unido al hombre, a lo largo de toda su vida humana, escapa de su cuerpo cuando se muere el movimiento de su carne y camina al resplandor eterno de las estrellas que se nutren de su invisible energía, programando el inmenso acopio oscuro que rodea la eterna masa de cualquier concentración negra que gravite en el mundo de la materia y la antimateria.
Comento Remigio.

-Maestro. ¿Puede un buen masón estar preparado para partir hacía el Universo oscuro?

-Nadie sabe cuando le llega el instante de partir sin un posible retorno a esta vida material que vivimos los seres humanos racionales, y por ello jamás está preparado el hombre para abandonar su cuerpo en este planeta que llamamos tierra. Cuando penetra cualquiera de nosotros en la edad de poder utilizar nuestro cerebro de una forma racional y sabía, ya es tarde para poder retrotraerse de nuestras malas acciones anteriores. Nunca encontrará el hombre el camino justo que lleve a su raciocinio, el estar bien con él mismo. Sea un hombre o sea una mujer, los seres vivos que existen en la infinidad de planetas habitables del Universo material, se depredaran sin compasión unos a otros, sin fronteras de tiempo ni de culturas, más o menos avanzadas técnicamente. El hombre es mortal, y un promiscuo depredador de especies orgánicas vivas porque se alimenta de ellas, como otras se alimentan de nuestros cuerpos cuando muere la carne.

Guardar fraternos la discreción y todo hermetismo natural en nuestra comunidad, que se halla oculto entre nosotros desde el albor histórico del tiempo, y reflexionar ante la barbarie que se aproxima paso a paso sin piedad. Que no podemos evitar nosotros ni nadie, aun cuando hagamos todo lo posible para evitar la desafortunada manera de desequilibrar al planeta y los hombres que lo habitamos.
Que cada uno de nosotros, en su puesto civil, haga lo posible en el matemático instante que tengan la oportunidad para salvaguardar al más trascenden-tal secreto que oculta la masonería.

Capitulo 14
El grupo de caballeros templarios se habían citado a las once en la cafetería Oslo de Torrelavega, para viajar en tren a Cabezón de la Sal, para poder jugar una partida de flor, después de degustar la habitual pitanza de la hermandad fraterna, en el restaurante Saja de esta localidad.

Después de viajar hasta Cabezón en el tren de vía estrecha y de libar los convenientes blancos por las tranquilas y agradables calles del hermoso pueblo cantabro. Los amigos del Temple se encaminaron para degustar lo que les ofrecía este día el Saja, y saborear unido al vino tinto, el bien servido plato que la casa ofrecía a los hambrientos comensales.

Como el Maestre presentía, que el juego de la flor era el germen de una superior forma de considerar a los caballeros del Temple de Torrelavega, dejaba que el tiempo resolviera este enigma de rivalidad entre caballeros y amigos.

El estofado de carne con patatas, tuvo tanto éxito, que fue repetido a los cinco comensales hasta que se vaciaron los cuencos y quizá fue por vergüenza, que no pidieron más a la simpática camarera que les servia la mesa.

Cuando se come mucho se habla poco y eso fue lo que pasó con el primer plato. Al pedir el segundo plato, los ánimos empezaron a soltarse algo más, debido quizás más al calor que daba el vino que a las ganas de hablar.

Una cierta radicalidad se percibía en el naturaleza de Rafael, se le notaba en el gesto y en la forma de comportarse. Aunque era bien cierta la solidaridad sin interés que tenía para ayudar a los necesitados, el jamás demostraba el carácter blando que tenía.
Muy duro en particular con el mismo, no obstante pronto ablandaba su carácter cuando sentía el más leve gesto de padecimiento en los demás. Así era nuestro cicerón y el guía de juego y de embuchada culinaria del Temple.

Hartos de comer y aún con los vapores del vino en los rostros marcados por la gula, los cinco amigos salieron del comedor después de tomarse un buen café, (con el hombre de la rosa como arbitro de la partida) se sentaron en una mesa enfrentados por parejas, Rufino y Pepe en contra de Rafa y Rafael.
Semejaban con mucha distancia cada uno, a cuatro personajes que estaban solo diferenciados por la edad y no por el carácter de cada uno de ellos que era bastante similar.

Rafa que era el más abierto de todos, quizás por la experiencia social que tenía por haber sido policía, barbero y bibliotecario, (lo que le había forjado en un espacio amplio del tiempo un carácter abierto y sincero para con los demás) aunque para si mismo fuese algo desordenado y muy poco cuidadoso con su propia salud.

Como era muy social y atento, siempre actuaba en la vida bajo un criterio serio y decente, sin buscar tres pies al gato ni pretender imponer a los demás lo que a él no le gustaba.

Rufino, que tenía un aspecto tranquilo y bonachón, es el mayor de los caballeros presentes este día en la partida en Cabezón. El estaba muy orgulloso de su trayectoria profesional por ocupar el puesto de contramaestre de fabricación en una factoría Belga que tenía la multinacional química Solvay dentro del terminó municipal Cantabro de Barreda.
Su bonachona personalidad, no le impedía buscar con verdadera ansia el cariño y la compañía de sus amigos.

El más íntimo amigo de todos era Campo Corona, que había sido teniente de la Cruz Roja, químico y árbitro de fútbol, cuando en los viejos tiempos ya salían juntos a beber por las muchas tabernas de Torrelavega, en donde los dos amigos habían en-ganchado sonadas y buenas cogorzas.

José Vega (Pepe) es una persona bien vestida y de trato agradable que cultiva las letras y la música de manera habitual, aunque dependía su tiempo libre para las artes, del artesanal negocio de sobaos y de quesadas pasiegas que la familia tenia en una calle céntrica de Torrelavega. Casa Carral, se demonina la tradicional industria de Pepe.

Como José tiene un carácter y una sabiduría muy cultivada y la parrafada le entusiasmaba tanto, que su gran saber se adelanta a estos tiempos en el que vive y acalora sus argumentos cuando el ambiente para la discusión más profunda, promueve el buen entendimiento y su fogosa alma.

Al que le llamaban el Hombre de la rosa, (Setroc) que hace siempre de árbitro en las partidas de flor, (que no pueden jugar a ese juego de naipes más de cuatro personas) ha sido en su vida laboral uno de los antiguos maestros industriales, de aquellos que mamaron hierro y trabajo de la fragua de carbón, y aprendieron en los libros la teoría y la practica en los antiguos talleres mecánicos de ajuste.
Son los especialistas que hicieron todas sus duras prácticas con la lima en una mano y en el torno del banco, hasta caerse muertos de cansancio.

Setroc es bastante excéntrico, raro, y no sabe más, que lo que aprendió andando por la dura vida de la emigración. Aunque le gusta el arte y la ciencia, es muy poco ó casi nada galardonado a pesar de sus muchos logros intelectuales. Ahora, el hombre de la rosa, es el único Maestre que tiene el Temple en España y quizás en toda Europa, y el único que se atrevió a desafiar odios y acosos, de los antiguos enemigos de los monjes soldados y los caballeros de Cristo.

El era el que controlaba si alguno hacía trampas en la partida de flor, y como premio a su constancia y ha su paciencia tomaba gratis las copas de lo que le apetecía beber y ninguno de los jugadores podía decirle nada porque ser el único testigo ocular que certificaba la autenticidad de la victoria.

La partida de flor se gana si se liga en el momento oportuno, con las cartas superiores en punto a las del contrario. Ese juego de cartas no tiene ninguna otra técnica que ligar buenas cartas, aparte de tener la suerte de ligarlas en su justo momento y envidar al contrario para poder ganarle el punto.

Entre sorbo y sorbo de las diversas bebidas de los cinco caballeros y amigos, la partida comenzó con la suerte contraria a los rafaeles, que comenzaron el encuentro perdiendo los tres primeros chicos.

El ganar dicen algunos jugadores, que se parece al perder pero al revés y nadie quiere ser protagonista de una derrota que humilla y veja la presunción del poder masculino en el hombre.
Y eso creo que fue lo que les ocurrió a Rufino y ha Pepe que se confiaron de su buena suerte anterior, y Rufino quiso algunos envites que fueron la clave para que empataran los Rafaeles a tres chicos.

Como el ambiente de la partida, se caldeaba con la jugada buena o mala de las dos parejas, y por los dichos y hechos de los cuatro jugadores. También se caldeaba con infinidad de palabras malsonantes que surgían impetuosamente de la tensión corporal por el nerviosismo de ganar la partida al contrario.

- ¡Coño Rufino! ¿Porque quieres con esa mierda de punto al envite de los contrarios?
Le dijo Pepe a Rufino, muy disgustado porque los contrarios ya habían conseguido empatar a tres en la partida que un poco antes ganaban.

Las siguientes manos debido al enfado que tenían Pepe y Rufino, entre ellos, sirvió para que los Rafa les birlasen descaradamente la partida, no por las mejores cartas que la suerte les daba, sino que fue motivado en gran manera por el gran descontrol de Pepe y Rufino que no supieron dejar ha un lado las presiones y los envites de los contrarios. Cuando los dos antónimos, se dieron cuenta de que perdían irremisiblemente la partida de flor si seguían por el mismo camino, era ya tarde para poder rectificar, porque el tanteador que llevaba Setroc marcaba un resultado de siete a tres a favor de los Rafaeles.

Con el resultado de ocho a tres finalizo la partida de flor en Cabezón de la Sal y después los cinco amigos con mucho humor y con bastante cachon-deo, salieron hacía la estación del ferrocarril de vía estrecha y de cercanías, el cual llevaría a todos de vuelta a Torrelavega.

Una vez montados y relajados en el pintoresco tren que transitaba por las comunidades autónomas del norte de España. La conversación de los caballeros derivo ha la belleza y hermosura del bello paisaje que se veía desde la ventanilla del tren.

Las infinitas tonalidades que tenía el espeso follaje de un intenso verdor, se entremezclaban con otros tonos, en una profusión extraordinaria con marro-nes y ocres que parecía que brotaban de la tierra. Y toda esa gama, daba al extraordinario entorno una maravillosa visión de paz y de tranquilidad.

La fresca verdura de la montaña era tan maravillo-sa y natural, que hasta violentaba los espíritus y la imaginación de los cinco caballeros templarios con su fuerza autóctona.
Cantabria brotaba exuberante de la tierra, y desde dentro del fiero corazón de su gente.

Capitulo 15
El Abad del antiguo monasterio de San Martín se hallaba con el extraño monje Matania en el palacio que poseía la familia del difunto Cardenal Montini en la ciudad del Vaticano. Habían viajado los dos juntos ha Roma por encargo especial del Principal de la Orden de San Benito, que tenía la sede en la Abadía de Montecasino en Italia. Los asuntos que tenían que tratar los dos monjes en Italia, eran tan graves, que hasta la curia del propio Papa ignoraba la causa de tan precipitada y secreta reunión.

En el salón principal del palacio de los Montini, se habían sentado en torno la enorme mesa redonda, el Papa que presidía esta extraña reunión, los dos monjes de San Martín de Liébana, el Principal de la orden de San Benito y dos Cardenales que había en los servicios secretos del Vaticano dirigiendo el Santo Oficio y la Congregación para la Fe. Uno de ellos se llamaba Prodiecus y era un lejano pariente del primer Montini, que había desaparecido en las lejanas tierras de Lebeña en la operación Arca de la Alianza con Dios.

Sobre la enorme mesa de ébano macizo, posados sobre un inmaculado y calado mantel blanco. Siete macizos candelabros de plata, representaban ha la ascensión al cielo de Cristo, y era ayudado en esta ascensión, por siete ángeles portando cada uno una vela en la mano derecha, mientras con la izquierda le ayudaban a subir. El salón estaba dotado de un fastuoso lujo en todo su conjunto, dando al Santo Padre de Roma la prioridad y la potestad de poder sentarse en el dorado trono de oro y de distinción que tenía la familia Montini. Trono que la estirpe de cardenales guardaba para ocasiones especiales, como en esa ocasión, cuando el principal representante de la Iglesia católica tenía la buena merced de visitarlos en su casa.

La desconsolada hermana del difunto Cardenal era la que servia a los ilustres personajes en su casa de Roma, y era la que vivía intensamente el momento de destacar las fantásticas virtudes de su preciado hermano cuando se hallaba aún vivo en el mundo.
El Cardenal Prodiecus, (que ahora era el cabeza de la familia) estaba comisionado para abrir la sesión y representaba al Vaticano y al Santo Padre entre los monjes Benedictinos, comenzó sin más preám-bulos la charla, diciendo:

-Oremos y demos la bienvenida al Santísimo Padre de la Iglesia de Jesucristo. El Papa representa para el cristiano la Embajada y el sostén del Dios hecho hombre y martirizado en la Cruz del sufrimiento y la pasión. Cristo se ofreció al mundo en el martirio de la cruz para que nosotros pudiésemos a través de su santísima bondad y entrega redimir nuestras almas negras de pecado.

-Santo Padre, hoy nos acompañan en la generosa mesa de mí familia, tres monjes benedictinos que anteriormente os comenté, que desean hablaros de un importante asunto a vuestra santísima persona. El monje Paúles, es el Principal sostén de la orden de San benito en Monte Casino. El monje Cirilo es Abad del antiguo Monasterio de San Martín en la lejana Liébana, lugar en donde la Iglesia depósito el Arca de Dios. El monje se llama Matania y es el único ser humano que ha conseguido reencarnarse por la gracia del Arca de Dios. El fue el autor del famoso cuento templario que tenia las claves para descubrir la ubicación exacta de la cripta en donde estaba enterrada el Arca. Está aquí, para prevenir a su Santidad de la horripilante tragedia que prepara la perfidia lóbrega y oscura del auténtico Diablo.

- ¿De que Diablo estáis hablando Cardenal?
Le preguntó a Montini II el Papa.
-Hablo Santidad de los informes secretos que nos mandó el monje Matania. En estos informes habla del descubrimiento asombroso del Paraíso que está enterrado en una enorme gruta natural en la región Cantabra (Santander en España) de Cos. Y además nos informa, que el Arca de la Alianza con Dios se halla de nuevo en su Cripta original en la región de Liébana. Matania dice, que los supervivientes del cataclismo dentro de la sede del Temple Belga son ahora los que investigan la localización de estos dos santos lugares y, además, están comprando las tierras que cubren la enorme cueva del Paraíso.
- ¡Son del Temple Santidad!

Afirmó Montini II, sin pausa ni respiro mirando la reacción que producían sus palabras en la cara del Papa.

Con un leve signo de preocupación, el Santo Padre dirigió una escudriñadora mirada hacía los monjes y sin titubear un ápice se dirigió a Matania:

- ¡Por estar favorecido por el Señor, vos estáis aún viviendo en está Tierra de muerte y enfermedades, cuando en realidad tendríais que haber fallecido de viejo! ¿El que aún estés vivo entre todos nosotros supone para la Iglesia el mayor prodigio milagroso y real de nuestra vasta historia religiosa? Matania, quiero que reflexionéis vos que os halláis tan cerca de Cristo, quiero que Él interceda a nuestro favor en la dura contienda que se avecina.
¿Podéis explicarme las razones que podrían tener los hombres en el séptimo cielo y en la masonería, para custodiar aún el Paraíso?

-Santidad, todos los sanos de corazón y los puros de pecado sabemos lo que son los Arcángeles que habitan en el séptimo cielo, y porque se encuentran aún a la espera de las animas puras de los hombres que mueren con la bondad de Cristo. A un hombre y a una mujer se les expulsó del paraíso por que la promiscuidad no era útil para la vida eterna de los habitantes del jardín de Dios. Pero allí se quedaron muchas parejas de homínidos creados a imagen y semejanza del Creador. Los que no contravinieron las normas de Dios han vivido eternamente dentro del límite del Jardín del Edén sin ser perturbados. Los dos expulsados tuvieron que fatigar en el duro clima de la Tierra y se alimentaron con el sudor de su trabajo. Un hombre y una mujer con su preñez comenzaban el dominio de la Tierra sin la ayuda de nadie, estaban desamparados y solos dentro del ambiente de hostilidad animal que había en aquel tiempo en la superficie del planeta.

-Los masones del grado 33 tienen la obligación de salvaguardar por orden de Cristo cada uno de los 7 secretos accesos que se hallan distribuidos en todo el mundo. Son los 7 guardianes de las 7 llaves y se acercan a la puerta de la inmortalidad por cada año que transcurre sin abrirla a ningún humano.

-Su Santidad deberá de tener el más sumo cuidado con los Caballeros de Cristo que han quedado en el Temple, y temer aún más al Arca de Dios, porque ha vuelto a su lugar original en la zona de Lebeña, y yo creo Santidad, de que el verdadero peligro se halla en la mezcla de los dos poderes, porque estos anulan la fuerza que tienen el Paraíso y el Arca si se hayan separados uno del otro. Porque al unirse, las poderosas fuerzas se anulan la una a la otra sin posibilidad alguna de manejar la fuerza y potencia por separado de cada una de ellas.

-Es entonces Santidad, cuando el poderío que nos dejo Dios en la tierra será anulado por la maldad del Diablo, el cual se apoderará definitivamente de la tierra y del hombre que lo habita.
- ¿Cuantas veces le ha fallado a Dios el poderío del Arca Santidad?
Pregunto Matania al Papa.

- ¡Jamás ha sido anulado su poder en la historia del hombre!
Contestó su Santidad.

-Nuestro mayor interés señor se debería centrar en que jamás el Arca de la Alianza sea introducida en el Paraíso Terrenal. Un lugar que está oculto detrás de la quinta puerta del cielo, pues si esto sucediera, el poder que ha conseguido la Iglesia en la historia de los hombres se vendría estrepitosamente abajo sin dejar ningún rastro de lo anterior. Lo cual para la Iglesia hace imposible una nueva recuperación.
Finalizó Matania.

El superior de la Orden Italiana del Monasterio de Montecasino llamado Paúles se levanto respetuoso de su asiento en la larga mesa y mirando fijamente a los presentes y muy en especial al Papa dijo:
-La secularización de la vida civil en la masonería es la causa principal del abandono de la protección de los siete lugares sagrados de la Tierra en donde existen aún restos del paraíso. Ahora Santidad, hay alguno de los custodios de las siete llaves, que aún guardan con mucha fidelidad el obligado protocolo y la vigilancia de su puerta y de su llave. Pero hay otros Santidad que con certeza han abandonado las antiguas costumbres y las tradiciones y se dedican a especular en la contaminada vida de los humanos

Siguen con las antiguas creencias, sin el debido respeto al mandato divino que les ordenó custodiar y vigilar las siete puertas del cielo. Hoy Santidad el planeta se halla en trance de provocar un cataclismo por el total abandono de las tradiciones y de las antiguas costumbres.

-Cuando el Temple ú otro cualquiera se arriesgan a socavar el mandato de Dios y tratan de manipular la energía divina de la creación es cuando empieza a asomar la tragedia y comienza el último juicio en la vida del hombre.

- ¿Es que estamos en verdadero peligro de provocar un cataclismo mundial?
Le preguntó el Papa a Paúles.

- ¡Sí! ¡Estamos en verdadero peligro Santidad!
Respondió intranquilo el principal de la Orden de San Benito.

- ¿Qué es lo que aconseja un sabio como usted a la Iglesia, para neutralizar tal peligro?
Repreguntó el Papa, mirando de reojo al hermano de Montini, que se había puesto más que morado del buen vino que tenía su hermana.

-Creo Santidad que debemos terminar de una vez por todas con los pocos restos que han quedado del temple, porque los que han quedado vivos después de tan formidable desastre sufrido en Bélgica están muy preparados y son muy peligrosos.

- ¿Sabéis en donde localizar a los templarios?
Preguntó el Papa curioso.

-Estamos en ello Santidad. Pero creemos que están concentrados sobre la zona de los Picos de Europa a la que llaman Cuenca del Besaya en Torrelavega España, un lugar que está muy cercana a la quinta puerta situada en el pueblo Cantabro de Cos.

-Redacte usted un informe completo y entréguelo a Montini para la previsión de los medios adecuados para solventar la operación de limpieza. Y todo lo que hagamos ahora ó más adelante, lo debemos de hacer en total secreto.

Con estas palabras, dio por finalizado el peliagudo asunto el Santo Padre, y levantándose del asiento abandonó la hermosa casa que la familia Montini tenía en la Vía Apia de Roma. Una vez dentro del lujoso y discreto automóvil, el Papa se dirigió sin parada alguna a los aposentos del Vaticano.

Los tres Benedictinos cómo tenían bastante tiempo se dedicaron visitar los hermosos monumentos que había profusamente en el Vaticano pero sobre todo en la caótica y antigua ciudad de Roma, en donde se entremezclaban sin orden ni concierto la cultura moderna y las antiguas ruinas romanas. Visitar las laberínticas catacumbas que estaban sepultadas por debajo del nivel de las calles, y los santos lugares donde los antiguos cristianos celebraban sus ritos y todos sus enterramientos ocultos a los inquisidores ojos del imperio Romano.

Más tarde se encaminaron los tres en un automóvil de la Orden a la Abadía de Montecasino, donde los tres monjes fueron profusamente recibidos por sus hermanos.
La mecha de la guerra y de la sospecha ya estaba prendida en la Iglesia y en Roma.
La terrible voluntad diabólica de Matania se había impuesto sobre la mayor inteligencia del planeta, y por ello, su gozo interior era gigantesco.

Capitulo 16
Nada en la ciudad de Torrelavega hacía presagiar la intensa tensión, ni de los inquisidores planes de la logia masónica, ni tampoco la maquinación de los sicarios de los servicios secretos especiales que entrenaba en sus cuarteles de la cuidad de Roma el Santo Oficio. Gente que estaban controlados desde las dependencias del vaticano y se preparaban para luchar en contra del Temple.

Los discípulos de Guatire continuaban trabajando dentro del organigrama y de sus habituales rutinas de trabajo. Como ellos estaban siempre atentos y vigilantes a cualquier anomalía que pudiera surgir de improviso, sus vidas seguían su tradicional y su apacible ritmo, sin tener más tarambanas, que las habituales discusiones dentro de la tertulia cultural que algunos días del año tenían todos en el Centro Cultural Andaluz de Torrelavega. Los asuntos que el Temple tenía ahora entre sus manos, se estaban realizando sin muchos problemas por los equipos que intervenían en las operaciones que se hallaban en curso operativo. Además, por las buenas noti-cias que habían recibido desde Lebeña de Campo Corona, que decían que el Arca seguía enterrada en el lugar en que antaño se hallaba. Y como el te-ma relacionado con la ciudad secreta de Cos, ya estaba en marcha, nada más debía de preocuparlos hasta que la operación que los órganos del Temple preparaban con todo detalle se iniciase en conjunto con la inestimable ayuda de toda su gente.

La Mesa Redonda, se reunía periódicamente todos los días y en ella comentaban las incidencias y las novedades y preparativos para todas las acciones que ya estaban en curso de ejecución.

El equipo de Corona, (era el único que se hallaba ausente en Lebeña) se empleaba a fondo para poner en orden los antiguos equipos que tenían para manipular el Arca sin peligro y con el esfuerzo de todos lo estaban consiguiendo.

En Cos, el equipo de Rafael se entregaba a fondo para solucionar todos los asuntos de la compra de las fincas que estaban en venta.

El hombre de la rosa, (mientras los templarios que tenía bajo su mando hacían sus labores) preparaba los siguientes pasos para conjuntar ordenadamente las dos delicadas operaciones en curso. El Arca de la Alianza con Dios sería trasladada hasta el quinto paraíso y una vez depositada entre la maravillosa y exuberante vegetación original de la vida, el Arcón (que servia para poder dialogar con el Señor desde el planeta tierra) vería neutralizado su fantástico poder y se vería anulado por la energía divina del paraíso que le sustituiría. Entonces el hombre de la tierra regresaría a la divinidad y de ella tomaría la inmortalidad eterna. En este preciso instante, sería accesible el quinto paraíso para los seres humanos que hubiesen logrado alcanzar la sabia prudencia en la quinta escala divina de la virtud. Ningún ser humano, que hubiese conseguido cualquiera de los otros seis niveles podía penetrar en el quinto.
Tampoco el que tenía acceso al quinto nivel, no tenía el camino asegurado a ninguno de los seis paraísos celestiales restantes.

La monotonía se implantaba sosegadamente en la tertulia de la mesa redonda pasados los días por el sosiego y la norma de una tradicional y placentera elocuencia de los miembros de una tertulia cultural que se apoyaban en las tradiciones y el caballeroso comportamiento del Temple.

Don Ramón como nuevo caballero del Temple, era el que entregaba con más vehemencia su acalorado entusiasmo. En las diferentes discusiones que casi siempre provocaba José Vega (el fabricante de los sobaos y de las quesadas) para poder incitar a todo el mundo por el camino que él deseaba emprender y quería criticar. Los demás, como Fausto delante de los tribunales de justicia, caían en esa trampa sutilmente preparada y se formaba de inmediato la acalorada discusión que jamás terminaba en la paz y en el normal sosiego que el Temple exigía a sus miembros.

Estaban en tan folclórica tarea, que ninguno de los caballeros que había sentados en la Mesa Redonda en el bar del Centro Andaluz, se percató de la súbi-ta llegada de unos espías que enviaba el Abad del antiguo Monasterio de San Martín de Liébana.
Ni tampoco ninguno de ellos se percató de cuando los espías del Abad, les estaban fotografiando con cámaras digitales que disimulaban en los botones de sus elegantes atuendos.

Maica que era la que los había servido en la barra, y era muy ladina y atenta para unos detalles que ha cualquier otra persona pasarían desapercibidos, se dio enseguida cuenta de tales maniobras, y cuando se marcharon, llamó al Maestre y le dijo.

-Creo que empezamos a tener problemas serios, mi querido compañero y amigo Setroc, porque hace escasos instantes que se han marchado de este bar unas personas que han estado haciendo fotografías de todo y de todos en este local y vosotros como si nada.

- ¡Y vosotros cundo discutís en la Mesa Redonda, os ponéis ciegos y jamás os ponéis al corriente del peligro que todos estamos corriendo!

-Si seguís viniendo al Centro como si nada hubiese sucedido, tendremos serios problemas. Por qué tú sabes que la Iglesia de Roma nunca ha perdonado a nadie que la haya ofendido. Y como está herida de muerte por el Temple, el Papa, los Cardenales y la Curia (que están siempre vigilantes y atentos) tratan de defenderse para que ninguna otra religión ocupe su sitio en la historia de las religiones, ni en la guía de las divinidades que tiene el hombre. Tus hombres son unos individuos superiores que están cansados de tanto estrés y tanta tensión. Debemos de relajarnos un tiempo hasta que volvamos a estar todos bien preparados para la siguiente etapa, que presiento amigos míos, que va a ser algo más dura que la etapa anterior.

Desparecer todos por un tiempo es lo más sensato que podemos hacer y desorientaremos a nuestros enemigos que espían los movimientos del Temple continuamente.
Mientras hablaba Maica, el Maestre asentía con la cabeza ante tan sensatas y cuerdas afirmaciones, y declaró solemnemente delante de todos:
-Suspendemos desde ahora, hasta un nuevo aviso, todas las operaciones que tenemos en ejecución en Cantabria.

Capitulo 17
La lluvia arreciaba sin pausa ni respiro desde hacía dos días interminables en Liébana. Pero el color de la atmósfera de un tono gris acerado, no tenía pinta de finalizar. Las nutridas y múltiples lágrimas que empapaban la blanda tierra, que estaba ya harta de tanto lloriqueo inútil. El crudo otoño en el monte avanzaba sin las treguas habituales de la primavera haciendo que la dura naturaleza de la alta montaña se refugiase en si misma en un paréntesis de pudor crudo que anunciaba la proximidad del invierno.

Nada tenía una relación de templanza, ni del crudo y amistoso calor del débil verano que finalizaba en las agrestes montañas de los altos Picos de Europa. Jabalíes, rebecos, corzos, osos y lobos saciaban su ansia de acumular grasa para el crudo invierno que se avecindaba, mientras los escasos seres humanos que aún sobrevivían en las altas aldeas preparaban las despensas para afrontar convenientemente los largos y duros meses del invierno.

Esa es la única forma para poder resistir el crudo clima invernal en las montañas y en las aldeas de la cornisa cantábrica. Los infinitos siglos de luchar contra el frió y la nieve habían hecho del cantabro un recio y valeroso luchador, que jamás se amilana con nada ni con nadie que quiera someterle. Roma lo aprendió demasiado tarde para poder rectificar, y por eso dejaron las indomables tierras del norte, que no querían someter sus vidas y ha sus hijos a ningún extranjero por poderoso que éste fuese.

Ese era el carácter recio de uno de los pueblos más fieros duchos y zurridos en toda clase de conflictos y batallas en la historia de los países y de hombres que los habitaron.

Como el carácter de los habitantes de las montañas de los Picos de Europa, así era también el empeño fiero y tenaz del Temple para poder conseguir sus objetivos más rápidamente. La tregua que todos se habían dado se terminó entre las altas montañas de León y el puerto de San Glorio, un pueblo llamado Fuente la Reina, el cual les había acogido entre los apretados brazos de la tranquilidad y del sosiego.
Todos volvieron al trabajo pero de distinta forma y manera que anteriormente lo hacían. Porque ahora la seguridad sería la prioridad fundamental en cada uno de los movimientos que todos efectuarían para desarrollar sus responsabilidades.

El Temple y la Mesa Redonda, desaparecieron en las vorágines y los extremos de vida de la ciudad de Torrelavega, y ninguno de sus miembros apare-cería más en público, porque todos tenían órdenes de desvanecerse en este período de peligro hasta que todos los templarios remataran las operaciones que estaban en marcha ó pendientes de finalizarse.
Ramón, que era un experto en camuflar a la gente para no ser reconocidos andando por la calle, los enmascaraba y los preparaba diariamente para ese fin y cada cual era disfrazado de tal forma que aún cruzándose en la calle con otro templario ninguno se reconocía.

Rafael ya había adquirido en Cos la mayoría de los terrenos adyacentes al asentamiento subterráneo de la antigua ciudad paraíso de Sagisama y solamente le quedaba resolver el enigma para saber el exacto acceso a esta hipotética quinta puerta que Rafael la había situado aproximadamente en el interior de la antiquísima Iglesia de Cos. Pero nadie lo sabía aún y como nadie se lo iba a decir voluntariamente, los templarios adoptaron la estrategia de frecuentar la taberna mixta de Remigio con asiduidad para tratar de que se confiara y así revelase algún detalle que les facilitase el acceso al paraíso.

Rafael había alquilado una casa en Cos frente ha la taberna y desde ella observaba desde la ventana de su casa como Remigio se dirigía todas las tardes a la Iglesia para cerrar sus puertas para que de noche nadie accediese a su interior y eso hacia sospechar por la asiduidad lo cual Rafael anotaba en su diario para cotejarlo después con los datos que recogía en la tienda bar de su compañero Pepe.

Con el camuflaje que Ramón hacía periódicamente para mantenerlos en el estricto anonimato que toda la planificación se desarrollase con la normalidad habitual y así podían todos los templarios moverse por todo el territorio de Cantabria como peces en el agua. Remigio que era posiblemente el que más conocía personalmente a todos, no habría podido reconocer con esos disfraces a ningún templario de los que habitualmente entraban a tomarse un vino en la tienda bar.

Casilda, viciosa, ramoneaba cacahuetes detrás del mostrador de la tienda bar; que tenía más mierda y más solera antigua que la barrica de vino que tenía Nerón en su palacio de Roma antes de incendiar la ciudad. Ella presentía que la depresión que tenía su hermano, era debida a la responsabilidad de ser el guardián de la quinta llave y además por la soledad y por el obligado aislamiento del ineludible com-promiso masónico.

Remigio y ella, se llevaban formidablemente bien en esta extraña correspondencia que tenían los dos hermanos en todas las funciones de unas esotéricas vidas que se dedicaban a preservar los valores de la civilización humana y que servia para seguir los rastros en la creación divina del hombre. Casilda creía que la vida era así desde su juventud, debido fundamentalmente al enorme aislamiento social al cual había estado sometida por sus severos padres, que siendo masónicos no dejaban a sus hijos en la juventud ninguna tregua para diversiones o el ocio.

Aun cuando después de la muerte de sus padres la convivencia se relajó algo en la casa, la costumbre de austeridad y virtuosidad se mantuvo siempre en la vida diaria de los hermanos. Remigio en vida de sus padres se embarcó como marino y navegó por los mares del mundo, hasta que su anciano padre le reclamó urgentemente a su lado para que tomara el relevo en la custodia y la vigilancia del acceso a la quinta puerta y para que protegiese el secreto y la tenencia de la quinta llave. Los agentes enviados por el Secretario del Papa hasta la región de Cos a través del Abad del Monasterio de San Martín de Liébana no se habían desplegado aún eficazmente para conseguir neutralizar el excelente trabajo de los caballeros del Temple de Torrelavega. Porque toda la operatividad aún estaban en proceso de una exhaustiva preparación, que todos recibían de los Benedictinos para poder dominar la situación en la región en donde iban a desarrollar su trabajo. La fuerza de las gentes de Cantabria se recordaba aún en la Roma moderna, por las guerras que hicieron Augusto y Cesar contra estas agrestes tierras y en contra de la fiereza de sus valerosas gentes.

Capitulo 18
La tarde languidecía en el vasto y rojo horizonte que dejaban entrever las escasas acumulaciones de nubes que tenía de día el firmamento, y era enton-ces, cuando la naturaleza se abrevia a demostrar al hombre que no estaba solo en la superficie de la tierra, que dentro del planeta vivían una infinidad de seres que respiraban y vivían junto al hombre, sin dificultar en nada su actividad biológica.

La vida se desarrolla dentro del planeta, de manera constante y armoniosa mientras el hombre se man-tenga neutral y tranquilo con especies que cohabi-tan a su alrededor. Pero llega el aciago día en que los humanos probaron la carne de los animales, y en este preciso instante fue cuando el hombre que habitaba la tierra entró en un laberinto infernal que era depredación y muerte para otros seres vivos.

¿Porque los seres vivos que habitan el Universo se alimentaban de la vida que creaban para sobrevivir en el tiempo, y en un espacio que no perdonaba al hombre cuando le llegaba la muerte?

Era un eterno ciclo que se devoraba a sí mismo en el tiempo, mientras el Universo se transformaba en el ordenado caos que se auto programaba sin cesar ni un instante.

Toda la materia nacía y moría sin pausa ni respiro creando mudablemente las fantásticas caprichosas, y la más extravagante forma viva que a los dioses antiguos se les antojase de crear y daban al espacio tiempo la forma conveniente para que cada una de las especies se amoldase a su circunstancia casual.

El claustro de la Orden Benedictina estaba reunido en el salón principal del monasterio de San Martín, en un conclave que se componía mayoritariamente de agentes secretos de la Iglesia. En donde todos se afanaban y tomaban notas para no perder ni un ápice de discursos y preparativos que los mandos ejecutivos de la Congregación de la Fe del Colegio Vaticano señalaban.

Las tareas de vigilancia y el control de los lugares y los puntos clave, para tratar de hallar el lugar en donde pudiese hallarse el Temple y sus templarios de Torrelavega, se distribuyeron convenientemente dentro de los muros del Monasterio y por eso cada uno de los miembro sabía lo que tendría que hacer de ahora en adelante.

El Cardenal Montini y el Abad, algo más relajados por la fuerte tensión padecida, se marcharon hasta el amplio comedor de la Abadía, para degustar en solitario el apetitoso, abundante y calido desayuno que les habían preparado los monjes.

La cocina de la Abadía, tenía en la zona, una gran reputación de buen gusto, buen condimento y buen vino.

Cuando estuvieron los dos religiosos bien sentados en las cómodas sillas de la enorme mesa de caoba. Mesa que estaba repleta de infinidad de variadas y condimentadas viandas de todas clases, y además, estaba ornada con variados y exóticos frutos de los que cultivan con sacrificio y sudor los clérigos del Monasterio. Todo lo que una mente glotona alcan-zase ha imaginar, en guisos, se hallaba en la mesa del comedor ese día.

El Cardenal Montini contento por la marcha de los acontecimientos se enfrascó de lleno en saborear la sabrosa comida, sin reparar si el Abad le seguía en la intemperancia y el ritmo glotón que llevaba el fiel representante del Papa en Cantabria.
La baba grasienta le corría a raudales por entre los labios y las mejillas, al morder con verdadera ansia y buen apetito los perniles de carne de oveja joven recién asada, mientras de rato en tanto el Cardenal se refregaba sus pringosas manos en un babero que antes de empezar comer el servidor de Dios era de un blanco inmaculado.

El Abad, que tenía un comportamiento en la mesa algo más recatado que su anfitrión, le adulaba sin cesar, sabiendo que los cerdos eran más pulcros y más recatados que lo que le demostraba su santo huésped. Le dejaba hacer por el bien de esa difícil empresa que entre todos los siervos de la Iglesia y los miembros de la masonería iban a comenzar en contra del Temple.

La Iglesia finalizaría la tarea que comenzó un día en Francia y después ella podía descansar tranquila y en paz los próximos siglos, con un amen piadoso y religioso que relajaría durante un cierto tiempo al Papa y a la Curia romana y la prepararía para los tiempos que por falta de credo se aproximaban.

El desecamiento de las vehementes proclamas que del pulpito hacían los sacerdotes desde las Iglesias se había enjugado, y la gente del pueblo que tenía más preparación, contradecía las aburridas charlas de los monótonos evangelios con argumentaciones serias y reflexivas, las cuales desmontan la enorme comedia religiosa que existía en todos los antiguos escritos sagrados.

Todos los inicios del cristianismo se basan, no en el ejemplo misericordioso de Cristo, sino que son el reflejo del pensamiento y de las escrituras de los escribas que amañaban la historia dándola la forma que fuera más conveniente, para poder así, con sus artificiales argumentos, poder fanatizar a las masas de dóciles borregos que no tenían criterios propios ni voluntad. Ellos solo tenían hambre y miseria, y con este mísero bagaje y con la escasa preparación e inteligencia, cualquier desaprensivo podía hacer de ellos a unos fanáticos y dóciles siervos de Dios. Los antiguos legisladores de la Biblia dejaban algo más atrás a la figura de Cristo, porque desconocían y apenas sabían de sus teóricos doce discípulos, las andanzas reales ni tampoco parece que conocían la vida que Jesús el Cristo realizó estando vivo entre la gente judía de su pueblo.

Cristo, siempre según los historiadores religiosos, nos decía siempre, que el reino donde habitaba su padre no se hallaba en el interior del planeta tierra. Y no pertenecía el Paraíso del amado Padre, Dios, un brutal mundo en donde los hombres se mataban unos a otros sin compasión alguna.

Ninguno de estos sencillos planteamientos pasaba por la senil cabeza del agasajado Cardenal Montini que se hallaba muy mimado en el Monasterio entre gasas y algodones, por ser la autoridad eclesiástica y, única, que había ahora en la zona de Liébana.

Los demás no contaban para ningún planteamiento serio y razonable de supervivencia, y todos podían ser sacrificados si ello fuese necesario en aras de la gloria y el honor del Sagrado Colegio Cardenalicio y del Papa como cabeza de la Iglesia.

Los preparativos para empezar la difícil misión por la parte que le tocaba al Monasterio de San Martín estaban preparados y programados por los monjes. Los miembros de la Iglesia que se habían agregado junto con el Cardenal Montini, se encontraban en la fase primaria de la elaboración preparatoria y no sabían aún cuando empezarían a ser operativos de verdad, ni sabían cuando estarían preparados para empezar sus verdaderas labores de comisarios para desenmascarar a los templarios antipapas. Ningún fleco debía de quedar al libre albedrío y al azar en la definitiva batalla que se estaba preparando en contra (como les decía el Cardenal Montini) de los miserables restos que habían quedado del antiguo y poderoso Orden del Temple, que gobernaba en la Edad Media, con férreas manos, el Gran Maestre Jacques de Molay.

La oronda gordura de Montini le hacía ser glotón por pura necesidad física, a pesar de las cantidades ingentes de colesterol que este siervo de Dios tenía en las paredes de sus venas, que le presagiaban un fatal desenlace. El camino que llevaba el Cardenal, que sería pronto dramático, apenas le importaba, el parecer de sus médicos y de las demás gentes que se hacían llamar sus amigos, era lo más importante para el apocalíptico ego que su familia tenía desde su juventud.

El no tenia a ningún personaje que le esperase o se compadeciese de su sufrimiento y del aislamiento que padecía desde que su difunto hermano le había propuesto para ser Cardenal de la Iglesia. Ahora ya era muy tarde para rectificar su vida y enderezarla en otro sentido que quizá fuese más adecuado para él, pero ya no tenía tiempo suficiente para ser uno de los rectos ciudadanos de Italia, se había torcido con la placentera y cómoda ayuda de toda índole que le habían proporcionado sus padres algo antes de ingresar en un seminario para hacerse sacerdote porque su padre lo quería así, para la prosperidad y el bien de la familia. En aquellos entonces se hacía así en todas las casas más prestigiosas de Italia. Se mantenían unas opiniones, que obligaban a todos a comportarse con la Iglesia de una manera adulona y vil, porque habiendo un sacerdote dentro de una de las familias nada les podía faltar a ninguno de sus miembros y alguno siempre podía sobrevivir a las atroces y duras condiciones que tenía la vida en aquellos oscuros tiempos.
La gula le podía más que su voluntad de adelgazar, y con el ambiente adulador que frecuentaba en los círculos vaticanos, no había manera de seguir con la debida regularidad una dieta adecuada y magra para eliminar sus excesos de grasa.

Capitulo 19
La noche caía acompañada de una poderosa lluvia torrencial la cual saturaba de abundancia de agua a los arroyos que corrían por las empinadas laderas de las colinas. Riachuelos que se desbordaban por el torrencial aguacero y arrasaban todo a su paso hasta que el agua llegada al valle, y que después, con fuerza arrolladora expandía su poder sobre las extensas praderas inundándolas temporalmente.
La tristeza plomiza de Cantabria se juntaba con el ansia de los pocos templarios que quedaban vivos, para poder finalizar con verdadero éxito su última aventura dentro de una corta pero intensa vida que les había tocado vivir a los que aún quedaban.

En los tiempos nuevos que corrían, debían ser más cuidadosos en las siguientes operaciones secretas que emprenderían en Cos y en Liébana. Y ha unir en un extraordinario lugar a dos principales signos sagrados para la humanidad. Llevar el instrumento de Dios hasta el Paraíso Terrenal, para el posterior disfrute de unos auténticos héroes civilizados, si es que logran realizar esa extraordinaria hazaña.

Los dioses de las infinitas religiones que hay sobre el planeta se alegrarían de ver a todos los humanos unidos y contentos.

Disfrutando de la inmortalidad y de la infinita alegría que supone el vivir siempre al lado de sus seres queridos sin más sufrimientos y sin tener que hacer esfuerzo físico alguno para que todos ellos puedan comer.

El valle donde estaba enclavada la pequeña aldea de Cos resplandecía de intensos tonos de un fuerte verdor, que complacía la vista a pesar del plomizo cúmulo de penetrantes nubes que pululaban por el grisáceo firmamento.

La portada de la hermosa Iglesia, con una mezcla de estilos que iban desde el románico al gótico, se encaraba a los feligreses con una extensa y amplia sarta de figuras esculpidas en la piedra de forma y aspecto satánico que a cristianos menos valientes les daba temor el contemplarlos. Cómo el pequeño pueblo no tenía párroco, al cura que le tocaba cele-brar la misa, es el que debía de realizar todos los domingos, la penosa y verdadera peregrinación de los antiguos fieles devotos que caminaban por los caminos de los pueblos y las aldeas del valle para asistir en las iglesias y en ermitas a la santa misa.

Cuando Remigio entró en el templo muy temprano por la mañana, estaba siendo vigilado con atención por los dos honorables templarios que se habían quedado a vivir en el pueblo. Porque su misión se basaba únicamente en seguir de cerca todos los pa-sos que daban el tabernero y su hermana en todas sus salidas por la circunscripción y por la aldea.
Y toda la información y las novedades que había la trasmitían todos los días por el radio transmisor a la sede del Temple de Torrelavega.

Encomendándose fervorosamente como todos los días al Señor, Remigio se reclinó ante el bello altar de la antigua Iglesia y pidió que le protegiese de la desatada ambición del Temple.
Acto seguido Remigio dirigió sus pasos hasta tener delante de sus ojos la mitad de la parte posterior y creyendo que ningún mortal le oía, pronunció unas extrañas invocaciones y palabras, al tener delante de su cara una lapida de piedra, que representaba en un bello relieve a los actos más significativos del juicio final.

Las palabras surgieron de la garganta de Remigio cavernosas y claras:
-Conifur… Amasias… Sagisama…
¡Debéis favorecer que penetre el flujo humano en el alma inmortal!
¡Yo que soy Egale, el de la puerta secreta, os pido protección omnipotente para mí y para mí hermana Casilda que es una fiel devota de Hermes!

No había Remigio aún concluido de proferir estas palabras, cuando brotaron inmaculados vapores de los intersticios de las pulidas piedras que formaban la pared y cubriéndole totalmente con sus calidos efluvios le anunciaron con fuerza y con resonancia con las siguientes palabras:
- ¡Guardián eres de Sagisama y cómo fiel guardián morirás en el empeño sin ayuda Divina posible!
- ¡Remigio, tú función se acabara cuando la puerta de la ciudad de tu Dios se abra a los seres humanos que anhelan contemplar por primera vez la Divina magia de la ciudad sagrada!
- ¡Vete tranquilo y espera pacientemente al destino de los seres más amados por Dios!
- ¡Si perseveras tú tienes asegurada la recompensa que les aguarda ha dos de mis más fieles y amados hermanos!

Cuando la voz concluyo y la nube desapareció de la Iglesia, Remigio muy nervioso y casi temblando abandonó el bello templo cerrando la puerta detrás de él. Nada hacía presagiar al guardián de la llave, el enorme cambio que desde hoy se iba a producir en los futuros acontecimientos.

Porque el bueno de Remigio, aún no sabía que los dos templarios que vigilaban atentamente sus pa-sos le habían colocado micrófonos en la Iglesia y estaban enterados de las palabras dichas a Remigio por los dos enérgicos Arcángeles que custodiaba la ciudad por encargo del Señor.

Cuando en Torrelavega recibieron esas tan gratas noticias los hidalgos templarios se enorgullecieron por acertar en el empeño de situar los objetos más sagrados de Dios dentro del Paraíso.
Y cómo estaban cerca de conseguirlo, los pasos a seguir eran fundamentales para que la Orden del Temple pudiese desarrollar su estrategia a fondo.
Se trataba de llevar a ese territorio tan sagrado del Creador al Arca y deponerla en el Jardín del Edén para siempre.

Sagisama fue el nombre que los antiguos hombres de la montaña habían dado a la ciudad secreta por los misterios que se confinaban dentro de ella.
También lo hicieron, por las creencias de habitar los antiguos dioses en las oscuras y viejas cuevas.
Aunque ningún ser humano había estado jamás en la ciudad, ni siquiera Remigio había estado dentro como guardián de la quinta puerta. El Temple era el siguiente paso para utilizar la llave de Sagisama y trabajar todos en una larga paz en favor de Cristo y de la especie humana.

El Hombre de la Rosa tomo la decisión más difícil de su vida. Empezar la enorme tarea otra vez con el Arca de Dios y desplazarla hasta el pueblo de Cos en el más absoluto secreto. Era su labor, y a él dedicaría si hacía falta, los últimos años de su vida en la tierra para poder conseguirlo

Capitulo 20
Campo Corona estaba por orden de su Maestre con el mando y el control de la expedición al Valle de Liébana para poder conseguir rescatar el Arca de la Alianza de la cripta y trasladarla para finalizar la operación “Paraíso Terrenal” en la zona de Cos en Cantabria. Los preparativos para la marcha de los expedicionarios al Valle habían sido prolijamente preparados por el intendente de la Orden, Ramón Sainz de Baranda, que se había dedicado en cuerpo y alma a ese empeño, y hacer lo que fuese necesa-rio para que todos los caballeros del Temple de la expedición finalizasen con éxito la difícil misión

Silenciosamente partieron todos por la noche hacía el destino, sintiendo dentro de sus almas el calor y la emoción por la enorme tarea que les aguardaba a todos. Campo Corona sabía que las dificultades eran muchas, sin añadir los muchos inconvenientes que encontraría entre los muchos sicarios del Papa.
Corona presentía que los hombres del Papa esta-ban esperando en algún lugar del valle de Liébana para liquidarles sin piedad y sin compasión alguna.
Mientras tanto Rafael se encargaba en el pueblo de Cos, de facilitar la entrada a la ciudad de Sagisama y prepararla para la llegada del Arca de Dios.

Y mientras todo eso sucedía en la región española de Cantabria, el Maestre, el hombre de la rosa, se entrevistaba en París con el Gran Maestre Mundial del Temple, que era lo que había quedado vivo de los antiguos miembros del Temple de Guatire. Lo que Setroc quería, era tratar de encender de nuevo la tea de la Orden lo más rápidamente posible en el resto de Europa. La Orden necesitaba apoyos de la importante y poderosa trama de los industriales y de las finanzas, para que los hombres de Cristo se sintiesen más seguros en un próximo futuro.

Las reservas de oro del Temple habían mermado, después de la derrota sufrida por los quiromantes secretos del vaticano en el bosque de las Ardenas en Bélgica y ahora era el momento de reponer los fondos secretos del Temple que fueron depositados por los hombres de Molay en Cantabria, des-pués del asesinato en la hoguera del estado mayor de la Orden en esa triste época.
Era su gran empeño y era su más anhelante deseo y voto a Cristo que lo conseguiría.

La reunión con los principales miembros europeos del Temple económico, comenzó en el edificio que la Orden tenía antes en la calle Blas de Bruxelas. Las palabras del hombre de la rosa resonaron entre las paredes del vasto salón, cómo si su boca fuese la larga cola de duros latigazos que restallaran sin piedad delante de los caballeros allí reunidos.

- ¡La Orden, queridos hermanos en Cristo, ha sido humillada de nuevo, por los esbirros que acabaron con la existencia de nuestro Gran Maestre Jacques de Molay y los caballeros templarios!
- ¡El Temple no consentirá que la Iglesia de Roma haga más vejaciones a nuestra Orden!

Un largísimo rumor de aprobación general, surgió desde las secas gargantas de más de un centenar de superiores presentes en la reunión.

El hombre de la rosa continuó en el mismo tono:
-La verdad histórica resplandecerá, si nosotros los templarios sabemos hacer bien las cosas, y no nos sucede por exceso de confianza lo acaecido en el pasado.

-En las Ardenas, hermanos, fue donde la confianza y el orgullo mal llevado fue mortal para el Temple y también para algún caballero que estaba presente el día que se inmolaron en aras de la estupidez.
- ¡Yo estuve allí, y me salve por un exceso de celo de mis propios hombres! Y contemplé todo lo que allí paso con mis propios ojos.
- ¡Fue el asesinato colectivo de los hombres fieles a Cristo y a su mensaje de misericordia!

-Hombres que lucharon con entusiasmo por mejorar la pésima coedición en la cual sobrevive una parte de la humanidad, en muchas naciones de la Tierra. Pueblos que deberían de vivir pletóricos de alimentos y abundancia, arrastran sus vacías vidas por la más espantosa miseria a causa del derroche y la explotación de su existencia, por los caciques de turno.

Las conquistas territoriales han servido al hombre, para esclavizar a una parte de la población que no quería perder sus tierras, y para poder robarles sus posesiones, estos pueblos fueron sometidos por la fuerza de las armas por los señoritos y los caciques que merodeaban en torno aduladores.

Un clamor se asentimiento general subió desde las primeras filas de los Templarios.

Nuestro Maestre, encrespó el ánimo de su corazón, y viendo que los caballeros aplaudían sus sensatas palabras decidió seguir en el mismo tono diciendo:
-La voluntad de Cristo, queridos hermanos, es que el Temple tome las riendas y el poder de las santas reliquias para salvar a la humanidad de la maldad que pervive entre la especie humana. Esa peste de maldad que pudre las conciencias más honestas de los hombres y deja su alma destrozada por el vicio y las malas acciones. Sentimientos que no padecen remordimientos ante la negrura de un corazón vil y demoníaco, que sólo busca el placer de la carne y se somete a todos los vicios y maldades del cuerpo humano. Cristo lo dijo, antes penetrara un camello por el ojo de la aguja, que un hombre rico penetre en el reino de los cielos.

El entusiasmo y las ovaciones resonaron en la gran sala, con vibrantes ecos rebotando entre las viejas paredes de la casona.

El Hombre de la Rosa, esa noche sintió la alegría de ser el más fiel servidor de aquel Cristo honesto y caritativo que fue crucificado por serlo. Entonces fue cuando Setroc le pidió ayuda para conseguir la meta fervorosamente y ayudase a todos los demás seres que intervendrían en la costosa labor. Por eso las siguientes palabras que pronunció en Bruxelas el Gran Maestre de España, fueron directamente al misericordioso corazón del sentimiento templario:
-La antiquísima ciudad de Dios, (un preciado lugar al cual llamaban Sagisama los antiguos habitantes de Cantabria) está a punto de ser descubierta por el Temple. Todos los inmensos esfuerzos y todas las penalidades, que los caballeros de la Orden hemos pasado en esas duras tierras de España jamás hay que olvidarlo. Caballeros, la más importante tarea que tenemos ahora, es que tratéis de ayudar a esa gente que lucha y trabaja en las viejas montañas de Europa. Debéis ayudarles con oro a esa causa. Con dinero y también con vuestra influencia política y social, lograremos alcanzar la meta final que todos los templarios nos hemos propuesto para fomentar el bienestar de los hombres, y también caballeros, para guardar la memoria del crucificado Cristo en su justo terminó y en su justo lugar.

-Vuestro administrador de la Orden en cada país es el encargado de recolectar los fondos que vosotros aportareis al resultado final de la empresa. Y nadie se vera libre del compromiso adquirido hasta que a esos templarios les sea llevado hasta el último cén-timo de tan generosa y desinteresada aportación.
Luchamos contra monjes y religiosos benedictinos empecinados en que son los verdaderos guardianes del Arca, porque son los descendientes del monje llamado, Beato de Liébana.
-El que profesó en el Monasterio de San Martín de Tours, (hoy Santo Toribio) que combatió la herejía adopcionista contra el obispo de Toledo Elipando. Después fue refrendado en su cargo de Abad por los Papas Adriano I y León III.
-Era también un amigo de los ingleses a través de Alcuino de York, el que fue cabeza de la escuela teológica de Carlomagno. Pero debemos de tener en cuenta los españoles que fue un gran difusor del arte hispano en Europa a través de las miniaturas y los códices con los cuales iluminaba a sus famosos comentarios al Apocalipsis en sus doce libros.

Una exclamación general de aprobación surgió de la gran sala como brota de improviso el viento en la borrasca.

Estaban alegres y contentos con el halagüeño final que les proponía este ser insólito, (al comenzar la conferencia casi todos los templarios presentes du-daban de su capacidad) el Maestre del Temple de España, como casi todos los actos que provocaba rozaban la locura, decidió servirse de toda la gente desconfiada y judía, para optimizar las arcas del Temple de cara al agradable futuro que esperaba a sus fieles servidores españoles.

En especial, siempre sentía por Corona un especial afecto y un sentimiento amable de sincera amistad y apego a su grata persona, sólo la presencia del caballero Corona, bastaba a Setroc para determinar si la acción emprendida se iba a realizar conforme a sus deseos y casi siempre acertaba.
Cuando la conferencia terminó y volvieron al hotel a descansar, (porqué el avión para España salía por la mañana muy temprano) nuestro hombre le rezo una oración de acción de gracias al crucifijo que él siempre llevaba consigo, por haberle dado la oportunidad de poder resolver con acierto la peliaguda cuestión que había realizado en Bruxelas.

Capitulo 21
La extensa espesura del bosque llenaba de extrañas sombras entre las brumas del largo amanecer a una hilera de temporales excursionistas que caminaba con dificultad entre los espesos matojos y bardales que cegaban con su exuberante verdor las veredas y las trochas antiguas. Los porteadores cargaban a las espaldas las pesadas mochilas con el material preciso y suficiente para el cometido que deseaban emprender en la zona. La niebla y la bruma sobre los árboles se arrastraban y dejaban caer su calima entre la infinidad de matices de exuberante verdor empapando a los sufridos caminantes con todo su constante y húmedo goteo que humedecía la ropa y penetraba con toda su frialdad dentro de los lasos y cansados cuerpos de esos exploradores.

La cercanía del lugar donde se hallaba la cripta, le hacía desconfiar bastante a Campo Corona, porque sospechaba, que los monjes de San Martín debían de vigilar atentamente el lugar. Y para evitar malas sorpresas, destacó en avanzadilla a Rufino Rafa y Ramón reciamente armados para que despejaran la zona y los aledaños del misterioso claro en donde estaba enterrada la reliquia, de seres extraños

Cuando llegaron a las cercanías del claro Rufino le informó a Corona de que todo el terreno estaba por el momento despejado de enemigos. Los agotados ánimos de los caballeros expedicionarios se fueron relajando a medida que descansaban y reponían las desgastadas fuerzas.

No obstante, la vigilancia del terreno colindante no se relajo de ninguna manera. Dada la formidable experiencia que teñían todos los participantes en la marcha en esos menesteres, todos se establecieron en el campamento con calma y corrección. Y para evitar alguna desagradable sorpresa organizaron el riguroso turno de vigilancia, después de montar las tiendas y de organizar el suministro de los víveres y abastecimientos de las armas para la finalización con éxito de la delicada operación.

Cuando comenzaba el amanecer del día siguiente, ya estaban los miembros de la Orden preparados y dispuestos para empezar la difícil y fatigosa tarea para sacar el Arca de la Cripta y exponerla de a la luz del día y a los hombres de Dios.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
Los trajes de plomo y el enorme trípode con polea, se los ponían y los montaban sobre el agujero de la cripta. Todos ya conocían y sabían hacer esa tarea, que todos los hombres del grupo la habían repetido hacía pocos meses. Porque aún no había pasado el año, cuando fueron ellos mismos los que la habían sacado de su agujero para trasportarla por carretera con mucho peligro hasta las mismas profundidades del bosque de las Ardenas. Situado en los confines de un bello país Europeo llamado Bélgica.