(Capítulo 3/3)
…./….continuación,
En plena siesta, con el bullir de medio pueblo en aquella arrinconada plazuela -cuyo suelo lo componía una inmensa lancha de granito que literalmente ardía-, la mula seguía enganchada al carro ajena a la carga de sufrimiento que portaba; una raída manta de invierno cubría el cuerpo de la muerta, y sobre él revoloteaba aquel insufrible ejército de moscas forasteras de color azul brillante metalizado que, como minúsculos buitres, esperaban dispuestas a darse ... (ver texto completo)
…./….continuación,
En plena siesta, con el bullir de medio pueblo en aquella arrinconada plazuela -cuyo suelo lo componía una inmensa lancha de granito que literalmente ardía-, la mula seguía enganchada al carro ajena a la carga de sufrimiento que portaba; una raída manta de invierno cubría el cuerpo de la muerta, y sobre él revoloteaba aquel insufrible ejército de moscas forasteras de color azul brillante metalizado que, como minúsculos buitres, esperaban dispuestas a darse ... (ver texto completo)