ENTRAR LA PAJA.
¿Álguien recuerda aquellos dias, duránte los meses de Junio y Julio?. Era rara la
puerta en que no se amontonara la paja para luego ir entrándola, poco a poco en el
pajar o el doblao. Cuándo venían los
carros cargados, los chiquillos corrían tras ellos como si fueran
carretas de un
circo. El aire, cuando soplaba suavemente, ardiente y sofocante, levantaba briznas de paja, como hilos de oro, desprendidos de gigantescas madejas. Los hombres (y las mujeres) se afanaban en recogerla,
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