Las riquezas, como el estiércol, no sirven para nada hasta que se las esparce.
La suerte de la fea, la bella la desea.
Las que han sido costureras, nunca prestan las tijeras.
La suegra, ni aún de azúcar es buena.
Las pinturas y las peleas míralas desde lejos.
La suavidad domina más que la ira.
Las piedras rodando se encuentran.
Las truchas y las mentiras, cuanto mayores, tanto mejores.
Las piedras que mucho ruedan no forman limo.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
Las piedras no hablan.
Las tres de cabeza más dura: la mujer, la cabra y la burra.
Las penas solteras, son más llevaderas.
Las tres ces que matan a los viejos: caída, cólico o cursos.
Las penas, o acaban, o se acaban.
Las tres cabezas más duras: la mujer, la cabra y la burra.
Las penas no matan, pero rematan.
Las treguas no son de demandar al tiempo de la muerte, ni de dar.
Las penas no matan, pero ayudan a morir.
Las tormentas de San Juan quitan vino y no dan pan.
Las penas no matan de un hachazo, sino poco a poco van matando.
Lástima grande que no sea verdad tanta belleza.
Las penas de otro doliente, el corazón no las siente.
Las sueños, sueños son.
Las penas, con un cullillo de palo degüellan.
Las suegras son como las yucas, buenas pero enterradas.
Las penas con pan son buenas.
Las sopas y los amores, los primeros son los mejores.
Las riquezas, como el estiércol, no sirven para nada hasta que se las esparce.