Oídos que bien oyen, consejos encierran.
¡Ojo alerta con la moza y con la puerta!.
¡Oh!, Virgen del buen consejo, ayúdale al más pendejo.
Ojo al dinero, que es el amor verdadero.
¡Oh, si volasen las horas del pesar como las del placer suelen volar!.
Ojo al Cristo que es de plata.
¡Oh, falso amor, pocas veces das placer y muchas dolor!.
Ojo a gran salto, gran quebranto.
O cien varas de maíz, o cortarla de raíz.
O herrar, o quitar el banco.
Oír, ver y callar, son cosas de gran preciar.
¡Oh suerte injusta!. Al rico se le muere la mujer y al pobre la burra.
Oír, ver y callar, para en paz estar.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
Oír, ver y callar, para con nadie tropezar.
Ofrecer mucho, especie es de negar.
Oír como quien oye llover.
Ofrecer el oro y el moro.
Oir cantar el gallo y no saber en que gallinero.
Oficio vano y con pena, al que le sigue condena.
Oír campanas y no saber dónde.
Oficio quita vicio.
Oir a todos, creer a pocos.
Oficio que no sustenta tu vida, dale despedida.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
Oficio que no mantiene a su amo, vaya al diablo.
Oigo mi gallo cantar, pero no sé en que corral.
Oficio merdulero, criar al hijo y después al nieto.
Oiga señor cagón, le digo con disimulo, apunte bien ese culo, en la boca del cajón.
Oficio de albardero, mete paja y saca dinero.
Oigamos, pero no creamos hasta que lo veamos.